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El problema de la hiperactividad legislativa. La abundancia y frecuencia de la emisión de leyes y regulaciones, tiene causas. El deseo de crear mundos virtuales de acuerdo a los deseos de los legisladores y su desapego con la realidad.

¿Cuántas leyes se necesitan?

¿Acaso no hay ya demasiadas leyes?  No hay una respuesta precisa, pero sí sabemos algo. El exceso de leyes es malo y las leyes tienen límites.

Un ejemplo solamente, para Cuba en los tiempos del imperio español:

«Para 1635 habían sido emitidos más de 400,000 decretos (cédulas), 2,500 por año desde que Colón zarpó. Posteriormente se redujeron a un código de 6.400 decretos (recopilación)». Thomas, Hugh. Cuba: A History (Kindle Locations 801-804). Penguin Books Ltd. Kindle Edition. Mi traducción

El problema de la hiperactividad legislativa

No es una observación nueva. Diego de Saavedra Fajardo, en el siglo 17, un escritor y diplomático apuntó lo mismo en su libro Idea de un príncipe político cristiano representada en cien empresas.

Donde dice entre otras cosas que la sencillez de la ley causa respeto y admiración mientras que su abundancia, ignorancia y desprecio.

Las lecciones no parecen haber sido aprendidas. Un ejemplo de actualidad:

«¡Ni siquiera está claro cuántas regulaciones existen en la UE! Cuando se le presionó sobre el tema, un ministro británico dijo que “hasta donde el gobierno ha podido verificar” el número de juegos de regulaciones promulgadas entre 1973 y 2002 como resultado de la membresía [británica] en la UE fue 101,811». brusselsjournal.com 

¿Cuántas nuevas leyes o modificaciones de ellas podrá soportar un país? Si le digo que hay un caso de 1 cada 4 horas, día y noche todos los días del año, me dirá que estoy exagerando, pero es un caso real.

En España se apunta esto relacionándolo con corrupción :

«La hemorragia legislativa de este país alcanza la suma de 100.000 leyes y otro tipo de normas, de las que 67.000 son autonómicas». martinezbarros.com

Legisladores obsesionados

Es un real problema que puede llamarse el problema de la hiperactividad legislativa.

Se comportan igual que los niños hiperactivos: están en continuo movimiento concentrándose en nada. Tercos, impulsivos y con baja tolerancia a no hacer su voluntad. 

Y su voluntad es emitir leyes a las que entiende como un remedio universal mágico capaz de crear la realidad que el legislador anhela.

Para el legislador hiperactivo la ley es un instrumento que produce realidad o la cambia a su antojo. Por eso produce tantas, para crear los más mínimos detalles del mundo virtual que fabrica.

El problema es que las leyes no crean realidades de la nada y demasiadas leyes crea una situación que es peor que la de pocas leyes. 

¿Cambiará el legislador hiperactivo y se hará un ser razonable que limite la emisión de leyes y las medite y razone bien antes de aprobarlas? Lo dudo.

Los legisladores hiperactivos tienen en su DNA, supongo, un gen que le hace creer que cuanto más leyes emitan más satisfechos se sentirán, no importa que sean de baja calidad, incomprensibles e inaplicables. 

Las causas de la hiperactividad legislativa

¿Qué es lo que origina al exceso de leyes? Varias causas, entre ellas las siguientes.

1. Imagen de acción gubernamental

Es la emisión de leyes con el propósito central de crear imágenes positivas hacia el gobierno. Es parte de una campaña de relaciones públicas destinada a elevar la popularidad del gobernante.

Suele ser abundante en adoptar movimientos intelectuales de moda y progresismo avanzado, como las cuotas por sexo en cuerpos legislativos. O decretar el derecho al agua.

2. Ley como remedio universal

Es la creencia sostenida por el gobernante que no hay problema ni situación que no pueda ser solucionada por la emisión de más reglamentos, leyes y trámites.

Si hay un problema de obesidad, piensa, eso tienen solución con la reglamentación de etiquetas en productos o con más leyes decretando impuestos. Si hay demasiadas películas extranjeras, se necesita una ley que obligue a exhibir películas nacionales.

Toda situación o problema, presupone el gobernante, tiene remedio en las leyes y similares. Si el las bebidas alcohólicas son malas, se les prohibe o se les aumentan impuestos, lo mismo que a las drogas.

O se decretan tarifas a importaciones que son «amenaza» a la industria nacional.

3. Leyes o instrucciones para utopía estatal

En las primeras etapas, de la declaración de la utopía estatal, los gobernantes dedican su hiperactividad legislativa a generar el problema de la inflación de derechos.

Se hacen listas de derechos, no importa si lo son o no realmente, y se adicionan a leyes anteriores o nuevas. Los derechos son incluso clasificados por etapas históricas y se convierten en reclamos de bienestar personal que solo el gobierno puede sufragar.

En etapas más avanzadas de la hiperactividad legislativa, la ley abandona su objetivo de proteger a la persona, a sus posesiones e intereses para convertirse en otra cosa.

En un manual de instrucciones de cómo vivir la vida personal estableciendo lo que es bueno y malo para los ciudadanos. Se les obliga, por ejemplo, a un cierto contenido educativo que incluye las creencias del gobierno. O se obliga a profesionistas a realizar actos contra su conciencia.

Y una cosa más…

El Contrapeso.info: exceso de leyes hay más columnas al respecto.

Más sobre el exceso de leyes y la hiperactividad legislativa.

Producir instrucciones para otros

[publicado originalmente el 10 mayo, 2004]

Por favor, piense usted en la siguiente lógica. La meta de una fábrica de jabones es producir jabones, la de una planta de cemento es hacer cemento, la de una agencia de publicidad hacer comerciales.

Y así podemos seguir, con toda lógica, hasta que nos hacemos la misma pregunta acerca de una institución, el gobierno.

¿Qué es lo que el gobierno fabrica? La lógica es responder que produce condiciones que faciliten a los demás producir lápices, jabones, cemento, acero, lo que sea.

Pero no, lo que tiende a fabricar un gobierno son reglamentaciones que obliga a los ciudadanos a cumplir, es decir, produce trámites burocráticos, leyes y reglamentos. Sufre de hiperactividad legislativa, un gran problema.

Más leyes, menos progreso

Cuantos más trámites, leyes y reglamentos produce, más pensará el gobierno que esta cumpliendo con su labor. El problema, desde luego, es que conforme más haga eso, menor será la probabilidad de crecer. Pongo a continuación algunas evidencias de esto.

Una nota del 23 de marzo pasado señala que los empresarios de México desaprueban la regulación de los gobiernos estatales, por ser un peligro para la inversión.

Allí se reporta que,

«El estudio del CCE, realizado entre 950 empresas de reciente creación, señala que si bien los gobiernos estatales han mejorado su calidad y reducido los trámites burocráticos, aún no se ha llegado a un estado óptimo para un buen ambiente de negocios. En promedio, los empresarios estiman que las autoridades tardan 52 días para desahogar todos los trámites relacionados con la apertura de un negocio».

El estimado del costo de esos trámites es del 5% del costo total de las empresas, según la misma fuente.

Vayamos a otro reporte en otra fuente mexicana de información. Allí se habla del efecto de la corrupción, lo que según el Banco Mundial, tiene costos serios.

Y añade que se requieren «50 días hábiles para registrar un negocio en México, comparado con los dos días que se necesitan en Canadá». Además, «se necesitan 325 días en promedio para resolver una disputa de negocios en México».

En una columna, se menciona el mismo tema llevado a sus efectos en todos los países que sufren de demasiados trámites.

Se dice allí que, «los países con la mayor cantidad de regulaciones son aquellos en los que la gente tiene que pagar más sobornos y donde hay mayor corrupción».

También dice que,

«Según el estudio del Banco Mundial, hacen falta 15 trámites y 68 días para registrar una empresa -aunque sea de un único empleado- en la Argentina, 18 trámites y 67 días en Bolivia, 15 trámites y 152 días en Brasil, 10 trámites y 28 días en Chile, 14 trámites y 90 días en Ecuador, 12 trámites y 115 días en El Salvador, y 7 trámites y 51 días en México».

Eso contrasta con Australia con 2 trámites en 2 días y EU, con 5 trámites y 4 días.

También, pude averiguar datos comparativos entre los estados mexicanos, aunque las cifras son de 1999. Se requerían más de 80 días para abrir una empresa en Estado de México, Morelos, Michoacán y Tamaulipas. Y menos de 30 días en Sinaloa y Aguascalientes.

Es decir, los mejores estados mexicanos están en niveles 6 veces peores que EU.

Cuando el papel del gobierno se voltea para ser entendido como una fábrica de leyes, regulaciones y trámites, la actividad económica del país se llena de piedras que obstaculizan la prosperidad posible, al ahuyentar la inversión, elevar la corrupción y fomentar la informalidad con mercados negros.

El asunto tiene remedio, si se vuelve al papel original que debe jugar un gobierno y que es el de quitar las piedras del camino para que los particulares hagan eso que desean hacer, trabajar e invertir.

Desde luego, la solución requiere que los gobernantes, especialmente los legisladores, entiendan que su labor no es tener más leyes y reglamentos de baja calidad, sino menos leyes y menos reglamentos de mejor calidad.

Deben cuidar la calidad, no la cantidad. Es mero sentido común. Su hiperactividad legislativa es un real problema.