Intelectuales y empresarios 

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Los hombres de negocios y los intelectuales. La economía diaria delante de los académicos y humanistas. Un asunto de imágenes y percepciones y errores.

¿Qué piensan los académicos, los intelectuales, los humanistas de esos que se dedican a hacer negocios? En lo general, creo, tienen una imagen de dudosa moral, de ética cuestionable.

Un autor lo ha expresado con exactitud. No es precisamente una percepción favorable, sino todo lo contrario.

«Tal vez, como alguna vez comentó el gran historiador de Venecia, Donald E. Queller, es simplemente que los intelectuales y académicos se sienten incómodos con los hombres de negocios. Los venecianos, que eran hombres de negocios de principio al fin, a menudo aparecen en las historias modernas como el equivalente de los vendedores de aceite de serpiente: astutos, intrigantes, codiciosos y sagaces». Madden, Thomas F.. Venice: A New History (p. 6). Penguin Publishing Group. Kindle Edition.

En resumen, es posible afirmar que la percepción que los intelectuales y sus asociados tienen de los hombres de negocios es esa de «astutos, intrigantes, codiciosos y sagaces». Lo que tiene consecuencias:

1. Los intelectuales, filósofos, humanistas y académicos, por lo tanto, tienen un punto de partida: esa mala opinión de los empresarios. Las ideas que aquellos creen, repitan y enseñen saldrán influidas por esa figuración.

Teorías, ideas, cursos, columnas, conferencias, estudios, investigaciones, opiniones de los intelectuales, filósofos, humanistas y académicos tendrán esa carga supuesta de antemano. 

Una modalidad notable de prejuicio que tiene una muestra clara en las leyes laborales de muchas partes, como ha apuntado Italo Bretti. 

Este es el problema de creencias falsas, simplistas y de caricatura que ha señalado Mises (1881-1973) en su obra Socialism.

2. Los intelectuales, filósofos, humanistas y académicos, por su desprecio hacia los asuntos económicos, tienen un escaso conocimiento del funcionamiento de la economía; algo demasiado material y abyecto como para ponerle atención.

Este es un problema de entendimiento. La Economía no es una ciencia simple; muchas veces va contra la intuición, está llena de efectos no intencionales y tiene sus refinamientos de gran complejidad.

El efecto neto de esto es una serie de recomendaciones y sugerencias usualmente simplistas y erróneas que los intelectuales, filósofos, humanistas y académicos proponen para manejar mejor a la economía. Y que los políticos suelen estar más que dispuestos a atender porque les significa mayor poder.

Concluyendo, tenemos un problema grave: un conjunto de propuestas económicas que con gran respaldo, por parte de intelectuales, filósofos, humanistas y académicos, pero que parten de prejuicios y carecen de sustento científico.

No sorprende que tantos países sufran las consecuencias de una prosperidad obstaculizada, de una economía frenada.

Y una cosa más…

No son todos los intelectuales, filósofos, humanistas y académicos quienes son afectados por esto que he mencionado. Hay muchos que no piensan así, pero también es cierto que son mayoría los otros y que, además, tienden a censurar a sus opositores.

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