grandes ideas

La meta de la educación. Su objetivo real, el pensar más que conocer. Juicio más que conocimiento. Fomentar la valentía del juicio independiente de la información estandarizada. La educación como un placer, no como un tormento.

Introducción

La sencilla y lógica idea de distinguir entre el conocimiento y el juicio, en las manos correctas, puede llevar a conclusiones sorprendentes, que incluso pongan en tela de juicio a la meta de la educación. 

La idea es de Lin, Yutang (1996). The importance of living. New York. W. Morrow, Chapter Twelve, «The Enjoyment of Culture, I. Good taste in knowledge», pp. 364-368. 

El libro es una buena lectura que incorpora interesantes comparaciones entre las mentalidades occidentales y orientales.

Y, además, esta idea ayuda a calificar y entender el fenómeno de ese intelectual que impresiona gratamente con su enorme conocimiento y la gran información que posee.

Conocimiento y juicio, no son lo mismo

El autor comienza con la aseveración de que la meta de la educación es sencillamente el desarrollo del buen gusto en el conocimiento y de las buenas formas en la conducta. Es el juicio más que el conocimiento.

Por tanto, el hombre que presume de ser educado no es necesariamente el ser que ha leído mucho. El hombre educado es ese a quien le gusta lo correcto y que rechaza lo incorrecto.

Es desesperante encontrarse con una persona que está llena de información, que sabe hechos, fechas, datos, números y nombres, que es un experto en sucesos de actualidad.

Y que, además, tiene los puntos de vista erróneos y las actitudes equivocadas. Esa es una persona erudita con conocimiento, pero no tiene ni juicio ni gusto.

Acumular hechos y datos es fácil. La erudición no es más que eso, el almacenamiento de información. No puede ser esto la meta de la educación. Y debe distinguirse del discernimiento que es una cuestión de juicio y razón.

Estar informado no es lo mismo que tener juicio. Los chinos generalmente distinguen estas facetas, entre la escolaridad de la persona y su gusto. No es lo mismo la erudición que el discernimiento.

Tener gusto y discernimiento requiere necesariamente el pensar las cosas a fondo. Implica independencia de pensamiento y la voluntad para no sucumbir a ningún tipo de modas, trampas y falsedades.

No hay duda de que en nuestra vida adulta nos rodean todo tipo de embrollos, enredos, modas, engaños y decepciones acerca de la fama, de la religión, de la política, del patriotismo, del arte, de la psicología.

Un ejemplo

Lin pone un ejemplo, si alguien dijera que los movimientos intestinales de los bebés tienen una influencia en su ambición ya de adulto, lo único que puede hacerse es sonreír.

Cuando alguien está equivocado, sencillamente esta equivocado y nada vale que nos pueda impresionar. Ni sus años de estudio, todos los libros que ha leído, ni la universidad a la que asistió.

El gusto o discernimiento esta fuertemente relacionado con el valor. El valor y la independencia de juicio son una rara virtud entre los hombres. Esta cualidad se percibe entre los artistas y escritores cuando ellos son jóvenes, lo que no poseen ya en su vejez.

Se trata, por ejemplo, de rechazar una filosofía en boga o una teoría de actualidad, aun si ellas fueran apoyadas y promocionadas por los más célebres.

Juicio, independencia y valentía

Desde luego, este valor intelectual para la independencia necesita de una confianza un tanto infantil e ingenua en uno mismo. Pero esta seguridad y creencia en uno mismo es lo único que nos sirve.

El momento en el que un joven cede este derecho de juicio personal ya está en posición de aceptar todas esas falsedades y modas.

Tener juicio, por tanto, requiere una buena dosis de valentía para evitar sucumbir a las presiones de las modas intelectuales del momento. Tener conocimiento no necesita ese valor, pero sí tener juicio.

Visto de otra forma, saber discernir necesita un buen nivel de confianza en uno mismo. Tanta como para evitar seguir las corrientes que prevalecen en algún momento.

Conocer y pensar, no son lo mismo

Lo que Lin quiere señalar es la diferencia entre conocer y pensar, entre estar informado y tener juicio, entre saber cosas y ser razonado. No es lo mismo saber mucho de la situación política de un país que tener juicios atinados sobre ella.

Es, además, una cuestión vital, pues resulta menos peligroso el pensamiento del no educado que el pensamiento del educado. La meta de la educación debe reflexionar sobre esta distinción entre juicio y conocimiento.

Educación igual a información acumulada

Esto lleva al autor a tratar la cuestión del sistema educativo. La educación moderna y nuestros sistemas educativos están orientados a premiar la escolaridad y el conocimiento por encima del juicio.

Se prefiere la acumulación de información al desarrollo del pensamiento. Una meta incorrecta de la educación.

Los sistemas educativos ven como su objetivo ese almacenamiento de datos bajo el supuesto que un cúmulo de información en una persona ya la hace educada.

Y el autor plantea preguntas.

  • ¿Por qué el sistema educativo ha distorsionado la placentera manera de estudiar y ser educado para convertirla en un forma mecánica, uniforme y pasiva de acumular información?
  • ¿Puede llamarse a alguien educado simplemente por el hecho de haberse sentado un determinado número de horas en un salón de clase?
  • ¿Por qué existen los diplomas y las calificaciones como un objetivo de la educación?

La respuesta es obvia, dice, se tiene ese sistema educativo porque se está educando de manera masiva, como en una fábrica. Educación para el conocimiento, no para el juicio.

Educación estandarizada

Para proteger su reputación y estandarizar sus productos, las escuelas deben otorgar certificados de calidad a sus productos, que son los diplomas de sus alumnos. La meta de la educación, un título.

Para tener diplomas se necesitan calificaciones y para tener calificaciones se necesitan exámenes y pruebas. Esta es una secuencia lógica que no tiene escapatoria.

Pero sus consecuencias son terribles. Con este sistema se pone atención única en la memorización de datos y no en el gusto y juicio.

El autor confiesa haber sido profesor y saber por eso que es más fácil corregir exámenes con preguntas de fechas históricas que opiniones sobre preguntas vagas.

El peligro es que después de haber instituido ese sistema nos habremos olvidado del verdadero ideal de la educación que es el desarrollo del juicio, del buen gusto en el conocimiento.

Está equivocado el sistema que pone a la acumulación de datos por encima del desarrollo del pensamiento. La meta de la educación es la enseñanza de las habilidades de la razón y del pensamiento.

Educación, otras precisiones

La cuestión va más allá en la mente de Lin. Según él, no hay materias que sean obligatorias, ni siquiera libros requeridos. Incluso Shakespeare no debe ser leído de esta manera.

La escuela parte de la tonta idea de que puede delimitarse una determinada cantidad mínima de conocimiento en historia o geografía que es el límite inferior de un hombre educado.

El autor dice ser él mismo muy educado y sin embargo estar confundido con algunas cuestiones como la capital de España. Es mucho menos importante conocer la moneda de Guatemala que el poseer buenos juicios y discernimiento.

El peligro de este sistema educativo, además, es creer que quien ha pasado por esos cursos obligatorios se convierte al instante en un hombre educado.

Con eso, se concluye por necesidad lógica, que quien ha pasado por esa etapa de educación ya no tiene necesidad, cesa de aprender y de leer, porque ya ha aprendido lo que hay que saber.

Debe renunciarse a la idea de que el conocimiento de una persona puede ser medido y probado de alguna forma. La vida es limitada y el conocimiento es ilimitado.

Educación como placer o como tormento

El logro del conocimiento es como la exploración de un nuevo continente, puede ser entendido como una aventura para el alma. Y así seguirá siendo un placer en lugar de un tormento.

Será una actividad gozosa mientras se mantenga un espíritu de aventura, de exploración. La real meta de la educación, dar preferencia al juicio por encima del conocimiento.

En lugar de medir el cúmulo de información pasivo y uniforme, debemos cambiar para entender el ideal de un placer creciente. Una vez que sean abolidos los diplomas y las calificaciones, o tratados como deben serlo, el estudiante es forzado a preguntarse la razón por la que estudia.

Actualmente, la pregunta ya ha sido contestada, porque no hay duda de que él piensa que estudia para pasar de año.

Muchos estudiantes estudian por causa de sus profesores o de su padres, o de sus futuras esposas o esposos, para no verse desagradecidos con el que paga sus colegiaturas, o para ganar un buen sueldo después.

Estas causas son inmorales, dice Lin, pues es logro del conocimiento es un asunto enteramente personal y solo así la educación puede ser un placer y ser positiva.

Lin termina esta parte de su obra con una idea, la de cambiar la meta de la educación. Convertirla de una actividad obligatoria y tormentosa en una pasión placentera y agradable.

Y una cosa más…

Estas consideraciones adquieren aún mayor significado al entender las molestias que causa el hacer Filosofía. No en balde Sócrates era alguien que fastidiaba mucho.

[La columna fue revisada en 2019-08]