Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Confirmación de lo Sabido
Eduardo García Gaspar
30 junio 2004
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


En un país acostumbrado a dirimir asuntos en la calle, por medio de protestas, una más de ellas debe ser fuera de lo común para llamar la atención.

Y lo fue en varios sentidos la de ciudadanos en contra de la inseguridad de domingo pasado en varias partes de la república. Fue insólita por el número descomunal de asistentes, quizá el mayor de todos los tiempos.

También fue única por estar formada por personas normales, sin filiaciones políticas y que sólo tienen en común el haber sufrido las consecuencias de la criminalidad. Para que algo así suceda, sin duda, las cosas tienen que haber llegado a un monto enorme de crímenes y delitos.

En otras palabras, la conclusión es muy clara. Existe un grave y serio descontento por parte de un número grande de ciudadanos en muchas partes del país, con gran énfasis en la Ciudad de México.

Para cualquiera con un poco de sentido común, la marcha es un síntoma real y verdadero de la evaluación de un gobierno federal, pero sobre todo del gobierno del DF. Ellos han fracasado en la responsabilidad que tienen.

La falla es seria, pues si un gobierno tienen una función central, ella es la de mantener el orden y la tranquilidad, brindando protección a las personas y sus bienes. Ésa es la razón de ser de un gobierno, la verdadera justificación de su existencia.

Consecuentemente, es posible concluir con certeza que esos gobiernos han fracasado en la misión esencial que tienen. No puede haber fracaso gubernamental mayor que éste. Las marchas nacionales, en especial la de la capital, confirman lo que ya sabíamos y son noticias sólo en ese sentido.

Nadie, absolutamente nadie, puede poner en duda que México tiene un grave problema, el de la criminalidad. Con esto en mente, el siguiente paso es examinar la reacción de la autoridad.

Me concentraré en AMLO solamente. Antes de realizarse, es más antes de siquiera planearse la marcha, su reacción era tan previsible como la salida del sol por las mañanas. Iba a ignorarla, igual que el alcohólico niega su vicio, lo que es toda una paradoja para quien la menor petición pública se torna mandato obligado si le conviene.

Confirmamos lo obvio, ese gobernante es un caso patológico de ansia de poder. Nada nuevo.

Tampoco fue novedad el traslado que hizo AMLO de la realidad a la fantasía, usando la ventajosa estrategia del complot, razonando que la marcha era en realidad algo manipulado por la mano negra de intereses ocultos provenientes de gente que lo quiere destruir.

Igualmente, tenemos por tanto, otra manifestación de una enfermedad mental severa en ese personaje. La marcha ha servido, de acuerdo con lo anterior, dos propósitos muy beneficiosos.

El primero de ellos es el de confirmar por encima de toda duda razonable que efectivamente la autoridad de esa ciudad y la federal, más las de otros estados, han fracasado en su misión central. Han fallado en su responsabilidad de mantener el orden y un estado de derecho destinado a proteger a las personas y sus bienes.

El segundo de los propósitos es de un provecho aún mayor y se trata de la confirmación absoluta de que AMLO está enfermo, mentalmente enfermo.

Niega la realidad y se siente perseguido por complots, intrigas y maquinaciones que persiguen destruirlo en su camino a la presidencia. En opinión mía, la marcha ha sido útil, en extremo, no tanto para poner un remedio futuro a la criminalidad, sino para confirmar una sospecha, la de la enfermedad de ese gobernante.

En fin, lo que en esta segunda opinión he querido hacer es ir un paso más allá del análisis de la marcha ciudadana en el DF y en otras partes, que es donde la mayoría de los comentarios que he leído se centran. Mi intención es mostrar que existe evidencia real de un gobernante enfermo, con complejo de persecución, sediento de poder y causante de males mayores en el DF, que tiene posibilidad de llegar a ser presidente del país.

La grave situación de la criminalidad en México podrá convertirse en un asunto menor y de escasa importancia, en el caso de que ese enfermo llegue a la posición que pretende. Ya no son especulaciones, su enfermedad es una realidad confirmada y ésa ha sido la gran utilidad de la marcha de cientos de miles en el DF, a quienes el resto del país les debe agradecer haber confirmado eso.

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