Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Democracia y Libertad
Leonardo Girondella Mora
6 julio 2005
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Asuntos
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Me parece que la situación de la Unión Europea en estos momentos es digna de examinar, más por sus impactos universales de largo plazo que por los llamativos efectos del corto.

Me llama la atención, por ejemplo, la diferencia que existe entre lo que hace años leí acerca de la unión de los países de esa región y lo que ahora dicen quienes la implantan.

Me quedo con la impresión de que los autores originales, como Jean Monnet, eran gente grande con fundamentos bien cimentados —y los de ahora son mediocres burócratas que no ven más allá de sus narices y las elecciones siguientes. Y quizá esto tenga que ver con una de las explicaciones del rechazo a la constitución europea en Holanda y Francia.

Los ciudadanos dijeron “no” reaccionando en contra de sus gobernantes, de quienes al parecer no tienen una alta opinión. Un ejemplo de esto viene dado por Dominique de Villepin, primer ministro nombrado por J. Chirac después del fracaso —y de quien P. Johnson, el historiador inglés, ha dicho que es “un playboy frívolo que nunca ha sido electo a nada y es mejor conocido por su opinión de que Napoléon debería haber ganado en Waterloo y continuar gobernando a Europa.”

El canciller alemán, G. Schroder, ahora debilitado, está más inclinado a tener una plataforma basada en decir lo contrario a la posición de los EEUU que en remediar los asuntos que le envuelven, como el desempleo estructural que padecen en su país. Por su parte, Rodríguez Zapatero copia la posición anti EEUU, se dedica a dar alas a ETA y se enterca en su posición de creerse autoridad moral.

No es esta imbecilidad del gobernante algo propio de esa parte del mundo —se sufre en todas partes y la muestra está en los delirios chavistas en Venezuela, la violencia de Evo Morales en Bolivia, el populismo de Kirchner en Argentina, la lengua suelta de Fox y los sueños redentores de López Obrador en México.

Visto desde el lado opuesto: el gobernante talentoso, al que pudiese llamarse estadista en potencia no parece ser en la actualidad ni siquiera la excepción a la regla, y quienes tienen alguna madera para serlo son retirados del poder —el electorado da la impresión de querer ser gobernado por los mediocres que cuentan las historias que quiere oír.

Lo que hago es añadir el otro elemento a la ecuación, el del electorado que se fascina con el gobernante mediocre y de mala calidad.

El hombre-masa de Ortega y Gasset coloca en las posiciones de poder al político que es tan ignorante como él, con el que puede entenderse. Y se da el desprecio de todo gobernante que muestra convicciones y creencias sólidas, que tiene valor para separar a la popularidad de su misión.

Los dos elementos se reúnen en la ecuación que da como resultado las acciones de más costo y menor imaginación.

Una constitución de 70,000 palabras, como la Europea —o la mexicana, llena de parches, extensa y errónea.

En lugar de reducir a la burocracia crean más; lejos de simplificar las leyes, las complican y multiplican; matan el espíritu de trabajo y de creación de sus pueblos, para volverlos dependientes de las limosnas que en pensiones y servicios “gratuitos” les dan.

No es el totalitarismo con apariencia monstruosa del nazismo y del comunismo, sino un totalitarismo aún, que está disfrazado y que es deseado en esa forma terrible del monstruo benefactor que compra voluntades a quienes venden su libertad.

Para estos gobiernos lo importante no es la realización del ser humano y sus dotes de creador, sino el respeto total a disposiciones burocráticas dictadas desde Bruselas, Buenos Aires, o la Ciudad de México.

Las razones de esta situación suelen ser analizadas determinando causas políticas, económicas y sociales, como ésa con la que inicié esta columna. Sinceramente creo que las causas son mucho más profundas que las usualmente nombradas —son causas mentales, son las ideas erróneas que tienen ambos, los políticos y los ciudadanos que los eligen.

Lo que hace prosperar a las sociedades es algo que el gobernante actual mata en medio de aplausos del ciudadano.

Se mata a la naturaleza humana que es inherentemente libre, creadora, inquieta, innovadora, inventora, irrepetible en cada persona; y que no puede funcionar bajo el yugo del gobierno omnipresente. Sí, han fallado medidas políticas, iniciativas legales, intentos de unión, intenciones de diálogo. Han fallado porque ni en esos gobernantes ni en ese electorado predominan las ideas sobre las que se cimienta la prosperidad.

Bajo una mentalidad que admira el progreso y la libertad no tienen cabida las restricciones como la jornada semanal de 35 horas en Francia —uno de los monumentos a la irresponsabilidad actual. No tienen tampoco cabida las presiones callejeras de quienes quieren preservar regímenes de pensiones que no pueden sostenerse —otro de esos monumentos.

Lo que produjo el progreso de Europa después de la guerra fueron una serie de medidas sustentadas en ideas de trabajo, responsabilidad, libertad, prudencia, sentido común y respeto a un código moral severo, que son las que ahora son causa de guasa y chanza.

Al quitar esos cimientos es lógico que tiempo después haya decadencia y sorpresa, pues los cimientos no son visibles. Más aún, como mecanismo de defensa ante el innegable decaimiento, se dan más burlas y mofas, con lo que se alimenta el círculo vicioso que eleva la tasa de caída.

El antiamericanismo europeo es parte de esto y contrasta paradójicamente con el proamericanismo de J. Monnet, de A. de Gasperi. de K. Adenauer, de R. Schumann, autores originales de la UE, incluyendo a F. Hayek.

El asunto es intelectual, concretamente es el imperio de las ideas equivocadas. Por ejemplo, la enfermiza propuesta de negar en la constitución europea su tradición cristiana en aras, supongo, de una actitud políticamente correcta que ablanda la mente y abate el espíritu.

Como pregunta G. Wiegel en un reciente libro: ¿es posible entender a Europa sin incluir a Fra Angelico, Santo Tomás de Aquino, J. S. Bach, Carlomagno, Dante, Erasmo, Eduardo el Confesor, los Reyes Católicos, Galileo, Juana de Arco, Martín Lutero, Mendel, Bartolomé de las Casas. Tomás Moro, Calvino y una larga lista de personajes con convicciones cristianas?

El resultado está ilustrado en el rechazo a R. Butiglione que hizo ver que quien tiene creencias religiosas no puede ser parte del gobierno —consecuentemente, el gobierno es puesto en manos de quienes no tienen un sentido humano trascendental.

El materialismo prevalece sobre el sentido trascendental humano. La regla burocrática de un gobierno de no vender leche para bebé en supermercados, como en Italia, se vuelve una obligación de mayor importancia que un precepto moral o el sentido común.

Es el materialismo que tiene miedo a lo trascendental y que lo rechaza en aras de dar gusto a todos —una regla que es antítesis de la noción de deberes y responsabilidades. T. Blair dijo hace poco que la UE sufre una “crisis de liderazgo”, lo que sin duda es cierto.

Y J.M. Barroso, presidente de la Comisión Europea. declaró que el consenso entre las partes era vital para evitar la parálisis. Son verdades, pero no van al fondo, al error en los cimientos. Ven los detalles, pero ignoran el fondo: un cambio en las ideas que sostienen a la sociedad.

O. Fallaci, la periodista, dijo recientemente en una entrevista al Wall Street Journal que

“No puedes sobrevivir si no conoces el pasado. Sabemos por qué cayeron todas las otras civilizaciones. De un exceso de bienestar, de riqueza, y de falta de moralidad y de espiritualidad… En el momento en el que pierdes tus principios y tus valores… en el momento en el que te ríes de esos principios y esos valores, estás muerto, tu cultura está muerta, tu civilización está muerta.”

P. Johnson lo puso con otras palabras, “Europa no es un cuerpo vivo con un alma que la anime.”

En muchas partes del mundo esto es aplicable —ni en la clase política ni en la masa electoral existen ideas fundamentales sobre la naturaleza humana. Véase, por ejemplo, el diputado Kahwagi en México como participante en Big Brother, caso en el que no extraña que ni su partido ni la masa electoral vieran más allá de una manifestación folclórica.

Ni en la clase política ni en la masa electoral se perciben ideas más allá del proponer y aplaudir acciones insostenibles de “derechos sociales.” La democracia ha sido prostituida, convirtiéndose en un concurso de popularidad de obsequios gubernamentales —cuando originalmente era la defensa del ciudadano frente al abuso de la autoridad.

Por no mencionar ese terrible freno a la razón, lo políticamente correcto. El drama de Europa y del mundo es uno de ideas.

Es una frase tan repetida como cierta, esa de que las ideas tienen consecuencias. El más mínimo sentido común indica que si niegas tu herencia, si retiras tus principios, si haces de lado tus creencias, si desconoces a tus antepasados, si aceptas todo sin límites, es natural que ya no seas el de antes y que ya no camines por donde lo hacías. El destino final ha cambiado.

Me atrevo a sugerir una causa del fenómeno actual: una idea de libertad entendida como ésa en la que todo se vale si uno lo quiere y cuyas limitantes son establecidas por el gobierno en turno elevado a categoría de autoridad ética.

Es una libertad muy diferente a la que se entiende como el instrumento para hacer eso que se espera de la trascendencia humana. Cuando la voluntad se comprende como hacer la voluntad propia, la sociedad se convierte en un escenario de desafíos de voluntades —la mía y la de los que pueda yo reclutar contra la del resto.

Por esto es que no extrañan los fenómenos de manifestaciones callejeras como medio de influir en las decisiones de gobierno.

Cuanto más numerosas mejor, sean en Francia contra el retiro de un día de vacaciones o en Ciudad de México para impedir cambios en pensiones. Se ha dicho que Nietzche entendió esto al enfatizar la idea de la imposición de voluntades.

El ser humano ha sido convertido en una fuente de poder por el poder mismo. Todo por esa mala interpretación de la libertad, que entiende como derecho a todo lo que la voluntad desee. Si la democracia ha sido prostituida, también lo ha sido la libertad, que en realidad es esa oportunidad genial de hacer lo que la naturaleza humana señala.

Una naturaleza humana que es sagrada, inviolable, irrepetible y con aspiraciones altas que tiene a su servicio la razón y el entendimiento.

Cuando ni la clase política ni la masa electoral tienen la más mínima idea esto, no debe sorprender que sucedan acontecimientos que a ellos sorprenden —como desempleo, protestas violentas, falta de progreso, olvido de historia, desprecio al deber. Sin sospecharlo siquiera están destruyendo el cimiento que los hizo posibles y en el que están parados.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.


No hay comentarios en “Democracia y Libertad”
  1. Bernardo Loor Dijo:

    -Toda sociedad necesita valores perdurables en el tiempo, pero no creo que necesariamente debamos aferrarnos a los valores cristianos. Ciertamente es importante el pasado y antecedentes de los pueblos, pero en el punto de los valores podemos referirnos a valores universales, los cuales todas las religiones e ideologias comparten en esencia.
    -Para mí el asunto de la trascendencia humana es un derecho, una elección; soy libre de elegir trascender o no, y esto no significa renegar mi humanidad. No todo ser humano esta llamado a la superioridad o la excelencia, por lo que los denominados hombre masa por Ortega y Gasset y los denominados mediocres (tan humillados por José Ingenieros) no son despreciables para mí.
    Nota: estos comentarios no son en referencia a lo expuesto en el artículo, sino justamente comentar estos 2 temas a titulo personal. Gracias





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