Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Parte Que Falta
Eduardo García Gaspar
22 abril 2005
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Para ponerlo en pocas palabras, una de las cosas vitales que le suceden a México es su falta de previsión en el cómo gobernar dentro de la democracia. Toda la atención se puso, por años y años, en el logro de elecciones limpias y pluralidad política.

Es decir, nos concentramos en tener varios partidos políticos que sí contaran y en evitar el fraude electoral… y nada más.

El intento tuvo éxito y en 2000 ocurrió lo impensable, un presidente de oposición fue electo y tomó posesión del cargo sin que mediara el tradicional golpe de estado. Pero resulta que ahora nos encontramos con un problema al que no se le dio la atención que merecía, el cómo gobernar bajo un sistema de división de poderes.

Vaya, es como el tipo que ahorra durante años para comprar un coche y cuando ya lo tiene se da cuenta que no sabe conducir.

Lo que nos falta es eso, saber cómo gobernar y en esto hay dos fallas notables.

Primero, el no reconocer que bajo un sistema plural de varios partidos y división de poderes, los agentes políticos deben saber cómo llegar a acuerdos y evitar lo que ahora sucede, el estancamiento en la toma de decisiones de gobierno. De esto he hablado en columnas anteriores. Quiero dedicar esta segunda opinión a la otra cosa que nos falta, el estado de derecho.

Mucho se habla de él, pero las definiciones no son comunes. Si nos vamos a la esencia, un estado de derecho es un gobierno de leyes, de respeto a la legalidad existente, en el que todos son tratados por igual porque se considera que todos tienen los mismos derechos y obligaciones.

De otro lado, en un estado de derecho no existen decisiones arbitrarias de la autoridad y no existen abusos de poder por parte del gobierno.

Es un arreglo social que se basa en la ley respetada y que anula los caprichos del gobernante. No extraña, pues, que esté muy relacionado con la democracia, la que también es un sistema de fragmentación del poder para evitar abusos de autoridad.

El énfasis del estado de derecho está en la aplicación de la ley y quizá tenga como símbolo esa imagen de la justicia con los ojos vendados. El fundamento de un estado de derecho es la creencia en una igual dignidad en la persona humana. Todos somos iguales bajo la ley y ella lo reconoce abiertamente.

No es un sistema perfecto pues nada en la vida lo es. Tiene sus defectos y sus errores, pero es lo mejor que conocemos… y eso es lo que nos falta a los mexicanos, tener un estado de derecho o aceptar un estado de derecho. Veamos la historia.

No hay generación actual de mexicanos que haya vivido bajo ese sistema. La costumbre es la contraria, la de un gobierno que aplica la ley a su antojo y arbitrio haciendo real la idea de que bajo la ley no todos somos iguales.

Hay unos beneficiados y hay otros dañados. El presidencialismo y el corporativismo mexicanos, desde Lázaro Cárdenas, han anulado el estado de derecho. Sencillamente no estamos acostumbrados a que la ley se aplique y la mera idea de que en efecto se aplique como debe ser nos llega a resultar sospechoso… otro caso de aplicación selectiva.

A lo que voy es que la implantación de un estado de derecho, por bienvenida y deseable que sea, va a enfrentar una dificultad colosal: la percepción ciudadana de ser un abuso de autoridad. Acostumbrados al trato arbitrario, los mexicanos no aceptarán con facilidad la disciplina de la ley.

Un pueblo vuelto desobediente no puede con facilidad tornarse sujeto a las leyes. Ese pueblo verá con recelo, desconfianza y sospecha todo intento de aplicación de la ley.

Tenemos en resumen un caso político interesante. En México hemos logrado un cambio democrático y gozamos ya de división del poder, pero aún nos falta entender primero, y luego desear, el imperio de la ley y el someternos a ella sin chistar.

En contra de ese estado de derecho se encuentra una de las fuerzas más reacias que podemos encontrar, la costumbre. Por esto es que la aplicación de la ley, cuando se da, se cree que es parte de la vida normal anterior, la de la arbitrariedad. Nos falta un rato, un buen rato, pero nos vamos moviendo en la dirección correcta… lentamente.

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