Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Ciudadano no es Tonto
Eduardo García Gaspar
28 marzo 2006
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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La cosa es realmente de chiste. A finales de febrero, un gran embrollo fue armado con las palabras del ex-presidente Aznar, quien dio su apoyo al candidato del PAN. Realmente nada que fuera anormal en un mundo civilizado. Igual que el apoyo que Rodríguez Zapatero dio a Kerry hace tiempo.

En una sociedad normal, sucesos como ése son parte de la vida política y en última instancia representan información útil para el votante. Pretender limitar la libertad de expresión es un acto indebido, precisamente por eso, porque retira datos que el elector puede usar para decidir su voto. Saber que Aznar considera al candidato del PAN como el mejor de los tres principales, es positivo. Sale ahora otra situación igual.

El PAN hace publicidad electoral con lo obvio: las simpatías que existen entre Hugo Chávez y el candidato del PRD. Nada nuevo que no supiéramos. El comercial de TV, ya retirado del aire y regresado de nuevo, asocia a los dos políticos y sus amenazas a la presidencia mexicana. Ante esto, se produce lo obvio también: el presidente de Venezuela, que también explota la teoría de las conspiraciones en su contra, acusa a la derecha mexicana por segunda vez y defiende al candidato del PRD.

Y como si fuera el guión de una obra ensayada muchas veces, el IFE mexicano por medio de su presidente, dice que “es indeseable e imprudente que un extranjero con la investidura del señor Hugo Chávez opine sobre asuntos de la contienda electoral mexicana”. Lo mismo que se dijo con Aznar semanas antes y en eso, al menos hay congruencia, equivocada, pero consistente. Los partidarios de los candidatos reaccionan sin congruencia.

Los que se quejaron de las palabras de Aznar no ven nada malo en las declaraciones de Chávez y los que se quejan del intervencionismo de Chávez no lo hicieron con lo dicho por Aznar. Natural que reaccionen así, pues son partidarios incondicionales de sus respectivos candidatos y por eso no se espera que sean lógicos ni racionales.

La cuestión es divertida, a pesar de que existan diferencias en las situaciones. Chávez es un gobernante en funciones de un país y Aznar no pasa de ser un conferencista extranjero que ya no ocupa puestos públicos. Digo que es divertido todo este embrollo porque las autoridades y quienes se indignan ante las palabras de los dos extranjeros parten de un supuesto muy real: creen que el ciudadano es tan tonto que no debe ser influido por opiniones que no sean de los mexicanos mismos.

Es la misma hipótesis de otra de las prohibiciones electorales mexicanas, la que pide que el presidente en funciones no apoye a los candidatos de su mismo partido. Es tonto pedir lo que la naturaleza humana estaría inclinada a hacer si grave daño. Todo ciudadano razonable cree que los miembros de partidos políticos se ayudan entre sí y prohibirle eso a un presidente no impide que en realidad lo haga… de otras maneras.

La mejor opción es que lo haga abiertamente, sin tapujos, porque el ciudadano no es tonto. El que se confíe en él para elegir gobernantes supone que el elector puede pensar y seleccionar. Pero para eso necesita información, datos, como el apoyo de Aznar al candidato del PAN y el apoyo del gobierno venezolano al del PRD.

Son piezas valiosas de información que bien pueden decidir los votos de muchos. Impedir esa información es un acto de censura pues obstaculiza las decisiones ciudadanas. Si un corresponsal extranjero puede escribir sobre México y enviar sus notas al periódico que lo emplea, no hay razón de ser para impedir que los candidatos reciban apoyos del extranjero. Este es un mundo global con múltiples interrelaciones que no pueden detenerse.

Si durante el proteccionismo que prohibía las importaciones a México se impulsó a muchas industrias, notablemente a la del contrabando, el proteccionismo ahora se quiere imponer a la información. Es una tarea imposible y, peor aún, dañina.

No puede partirse de la idea de que el ciudadano mexicano debe ser protegido de las opiniones extranjeras porque entonces el resto del mundo nos pediría que nos abstuviéramos de opinar sobre ellos. Los ciudadanos no somos los tontos que los gobernantes suponen. Queremos información de donde sea que ella venga, porque al fin y al cabo, la idea del voto del ciudadano presupone que él puede pensar y razonar.

POST SCRIPTUM

• Creo que es obvio que las decisiones de los votantes se afecten por la asociación que existe entre el gobierno venezolano actual y el PRD, mostrada ahora de manera abierta y sin disfraces. Es buena información para el mexicano que vota, cualquiera que sea su decisión.

• Hay otra consideración, que es una de prudencia. El mero sentido común aconseja que los gobiernos se abstengan de opinar sobre cuestiones electorales en otros países, pues es deber mantener sanas relaciones a nivel gobierno, sea quien sea el que gobierne. En esto, lo sabemos, Chávez es una ilustración de falta de esa virtud y no es la primera vez que lo hace.

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