Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Toma de Posesión y Posición
Eduardo García Gaspar
1 diciembre 2006
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Obviamente escribo esto antes de todos conocer los sucesos finales en el Congreso Mexicano. Pero lo que sí sabemos todos es que la situación es seria y tiene un dejo de amargura chusca, la continuación natural de los años anteriores, los que mostraron la inhabilidad de los legisladores para actuar razonablemente.

En esencia, la situación es simple. Un grupo de clara minoría partidista y ciudadana se ha colocado en una posición dura: no hay que permitir que el presidente electo tome posesión el día marcado por la ley y bajo las condiciones que ella dicta.

La toma de posesión debe ser un acto formal, con un texto predefinido, en un lugar señalado. Si eso no se hace, la ley marca la necesidad de presidente interino.

No hay que pensar mucho para concluir que ésa es la intención del PRD. Bajo el mandato de López Obrador, los integrantes de ese partido tienen instrucciones claras al respecto. Es la lógica continuación de las acciones del candidato perdedor, posteriores a su toma “legítima” de posesión y los bloqueos en las calles de la capital. La consigna es impedir la ceremonia, otra continuación lógica de su mentalidad, la de todo o nada. Si ellos no ganan, entonces nadie gana.

El otro lado de la historia es el resto de los partidos. Los del PAN, creo, hicieron bien en prevenir la toma anticipada de la tribuna por parte del PRD, lo que quizá muestre que en el PAN la decisión ha sido tomada: Calderón irá al congreso y enfrentará el problema. E

l presidente que entra no puede dar la imagen de debilidad. La lección de Atenco, supongo, ha sido asimilada. Y Calderón, con mucho más sentido político que su antecesor, sabe de estas cuestiones.

El PRI, de acuerdo a lo reportado, tiene una posición fría. Sí, está de acuerdo en que la ceremonia se realice sin contratiempos, pero hasta allí. Incluso ha sugerido que ella se realice en otro lugar. Es tal vez otra continuación lógica de su posición: la tercera fuerza en el legislativo tiene el poder de decidir entre apoyar o no a cualquiera de las dos primeras fuerzas.

Todo el asunto es una prolongación natural de sucesos anteriores que hicieron de la presencia del poder ejecutivo de sexenios anteriores una ocasión de mofa y burla: gritos, protestas, disfraces, pancartas. Esto es como una especie de clímax de sus antecedentes históricos hasta el extremo opuesto: el sistema político que se idolatraba al presidente ahora lo ataca sin piedad ni respeto.

E igualmente, tenemos una continuación lógica adicional. El sistema político de este país creó hábitos no propios de la democracia. En años anteriores no había partidos políticos propiamente hablando, sino un partido de estado y varios partidos de oposición. Entre ellos no hubo desarrollo de habilidades de negociación y acuerdos, sino el entendimiento de la política como un terreno en el que había imposición por un lado y oposición por el otro. Nuestros legisladores, por tanto, y sus partidos, no entienden el significado de las instituciones democráticas. Nunca las vivieron.

Es natural que se comporten así, pues además, los partidos existentes son la continuación lógica de los anteriores: votan en bloque representándose mucho más a ellos mismos que a los mexicanos. Recordemos que el 40% de los diputados son de partido y el 50% de los senadores. Su fuerza política está en actuar en bloque, no en ser representantes populares. Por eso, aunque la mayoría de los ciudadanos no están de acuerdo con el PRD, a este partido no le importa, pues se trata de su lucha de poder.

Ahora veamos el otro lado de la moneda. Desde luego es motivo de enojo y vergüenza ver trifulcas como las recientes entre legisladores, pero me parece que eso es mejor que trasladar el conflicto a las calles. Los hechos de Oaxaca, por ejemplo, o los de los bloqueos de calles por parte de PRD son realmente reprobables, mucho más que los empellones dentro del congreso.

Desde la fundación del Imperio Azteca hasta esta fecha, el país ha vivido un 2 o 3% del tiempo bajo sistemas democráticos. Un 10% con luchas por el poder. Y el resto bajo sistemas autoritarios. Con esa historia, es natural concluir que nuestra experiencia con las instituciones democráticas sea casi nula.


ContraPeso.info, un servicio con antecedentes desde 1995, funciona como proveedor de ideas e información adicional a los medios dominantes.




esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras