Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Keynesianismo en Malas Manos
Leonardo Girondella Mora
1 octubre 2007
Sección: Sección: Asuntos, SOCIALISMO
Catalogado en:


J. M. Keynes escribió al final de su obra The General Theory of Employment, Interest and Money, una frase que a menudo es repetida, muchas veces con soberbia. Dijo que,

The ideas of economists and political philosophers, both when they are right and when they are wrong, are more powerful than is commonly understood. Indeed the world is ruled by little else. Practical men, who believe themselves to be quite exempt from any intellectual influences, are usually the slaves of some defunct economist.

La idea que él dejó ha sido sin duda influyente —es la que establece que los gobiernos tienen la responsabilidad de crear felicidad económica: crear empleos, elevar ingresos y aumentar producción; y tiene no sólo la responsabilidad sino también la capacidad sin que se vea afectada la libertad personal.

Lo que pretendo en lo que sigue es presentar de manera breve y clara una definición compresible del Keynesianismo y las ramificaciones que tiene —especialmente la de haber dado sin perseguirlo una legitimidad teórica y respetable al intervencionismo económico.

La responsabilidad de lograr la felicidad económica no es una idea original y no viene de economista alguno, como a Keynes quizá le gustaría pensar —pero la idea de que los gobiernos pueden manipular sus políticas fiscales, de gasto y crédito para lograrlo, sí es una contribución de Keynes.

Una contribución realizada con algo en mente: resolver la Depresión con una receta que no era socialista por parte de un economista que se veía a sí mismo como un burgués.

La combinación de elementos, a los que se añade la idea de que el objetivo de la economía es lograr pleno empleo, de todos los recursos, es algo irresistible para todo gobernante que colocado en una posición de poder cree que moviendo variables macroeconómicas puede hacer feliz a sus gobernados. Smith y los economistas clásicos habían dado un mensaje opuesto: lo mejor que los gobernantes pueden hacer es dejar que las personas manejen la economía.

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El mensaje de Keynes era miel en los oídos del gobernante —claro, dentro de una situación de depresión económica, pero que fácilmente podía extrapolarse: si es bueno para remediar una depresión, también podrá usarse en otras circunstancias para estimular a la economía.

Toda la clave está en la demanda agregada, la total, la de consumo, inversión, recursos de todo tipo. Si esa demanda falla, todo falla. Y en aras de esa demanda, el gobernante debe actuar sin atender el déficit en el que se incurra: reducir impuestos, bajar tasas de interés y elevar su gasto.

La fama y la celebridad de Keynes dieron una justificación a esas acciones —no era un marxista que deseaba el control estatal de la economía, al contrario, creía en la libertad personal y que sus ideas serían buenas para el capitalismo, todas puestas en una redacción que muchos han calificado de desordenada y confusa, inclinada a ser interpretada de muchas maneras. Roosevelt en los años 30 comentó no haber comprendido nada de lo dicho por Keynes.

Pero eso no importó. Sus ideas o lo que otros pensaban que eran sus ideas se convirtieron en la ortodoxia económica —el libro de Samuelson hizo buena parte de la propagación. La constitución mexicana, por ejemplo, tiene un buen sabor keynesiano:

Artículo 26, El Estado organizará un sistema de planeación democrática del desarrollo nacional que imprima solidez, dinamismo, permanencia y equidad al crecimiento de la economía para la independencia y la democratización política, social y cultural de la Nación… Habrá un plan nacional de desarrollo al que se sujetarán obligatoriamente los programas de la Administración Pública Federal.

Artículo 28 Las Leyes fijarán bases para que se señalen precios máximos a los artículos, materias o productos que se consideren necesarios para la economía nacional o el consumo popular, así como para imponer modalidades a la organización de la distribución de esos artículos, materias o productos, a fin de evitar que intermediaciones innecesarias o excesivas provoquen insuficiencia en el abasto, así como el alza de precios. La ley protegerá a los consumidores y propiciará su organización para el mejor cuidado de sus intereses.

Artículo 123 IX.- b) La Comisión Nacional practicará las investigaciones y realizará los estudios necesarios y apropiados para conocer las condiciones generales de la economía nacional. Tomará asimismo en consideración la necesidad de fomentar el desarrollo industrial del País, el interés razonable que debe percibir el capital y la necesaria reinversión de capitales;

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Una buena serie de precisiones sobre el keynesianismo fue dada por Everardo Elizondo en septiembre (Grupo Reforma) —tres ideas centrales que ayudan a entenderlo:

1) en ciertas condiciones, el nivel y el crecimiento del ingreso y del empleo dependen de “la demanda agregada” (el gasto total en la economía), más que de la capacidad de producción;

2) en consecuencia, un eventual nivel elevado de ahorro privado (“una insuficiencia de demanda”) resulta depresivo; y,

3) pero un aumento del gasto gubernamental (“la derrama pública”) puede propiciar el regreso a una situación de equilibrio.

Ideas que son importantes, sin duda alguna, cuando son colocadas en su plano correcto, el del corto plazo —pero en el largo plazo, ellas pueden ser lo opuesto. Dice Elizondo:

1) Específicamente, es cierto que las fluctuaciones del gasto total afectan temporalmente la evolución de la actividad económica. Empero, el crecimiento económico sostenido depende de la acumulación de capital físico, la mejoría de la salud y los conocimientos de la fuerza de trabajo, el avance tecnológico y la calidad del marco institucional.

2) Desde luego, un aumento de la inclinación de los particulares a ahorrar reduce el flujo de gasto y, por tanto, tiene por un tiempo un efecto negativo sobre las ventas y la producción. Sin embargo, sólo un nivel alto de ahorro (por lo común interno) hace posible un incremento de la inversión productiva (sobre todo la empresarial), la que, a su vez, constituye la base del crecimiento sostenido de largo plazo del ingreso y del empleo.

3) Un aumento del gasto gubernamental puede estimular en forma transitoria la demanda total y la producción. No obstante, la expansión recurrente de las erogaciones del sector público tiende a desplazar a la inversión privada (aun en una economía abierta). Además, su financiamiento precisa de mayores impuestos cuyo efecto, sin remedio, consiste en reducir los incentivos al esfuerzo productivo, al ahorro, a la innovación y a la asunción de riesgos.

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Entonces se tiene algo como esto: las ideas de Keynes están pensadas para el plazo corto, no para el largo; están pensadas para situaciones de economía deprimida, las partes bajas del ciclo, no para provocar desarrollo ni remediar pobreza. Pero colocan al gobierno como responsable capaz de resolver problemas económicos y eso es lo mejor que un gobernante puede escuchar, una teoría respetable que lo convierte en un héroe potencial.

En su suma, la versión popular de Keynes, enemigo del socialismo, apoya las tesis socialistas —el gobierno debe intervenir activamente en la economía, lo que en plataformas primitivas se convierte en una decisión política simplista: la economía se reanimará, crecerá, si se eleva el gasto público.

La plataforma del ex candidato del PRD a la presidencia mexicana en 2006 es un buen ejemplo:

… intervención pública para reactivar la economía y generar empleos… apoyar a los agricultores… la reordenación del sistema financiero… establecer una política de apoyo financiero a las actividades prioritarias, mediante la banca nacional de desarrollo… impulsar la industria de la construcción [que es lo más rápido para crear empleos]… convertir a la construcción de vivienda en un factor estratégico… detener la emigración de las maquiladoras… para impulsar todas estas actividades productivas, sería necesario incrementar la inversión pública a cuando menos el doble en el primer año de gobierno… reactivaría a la economía, se generarían empleos y este proceso permitiría iniciar el despegue del país…

Finalmente, un efecto colateral del keynesianismo —distrae la atención del gobernante: creyendo que al manejar sus políticas fiscales, de crédito y de gasto puede resolver los problemas del crecimiento, ese gobernante olvidará otras obligaciones, como el establecimiento de un estado de derecho.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información  para lectores que buscan explicaciones.





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