Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Una Isla, un Libro
Eduardo García Gaspar
11 mayo 2007
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La siguiente historia es real. Una persona inteligente y políticamente muy inquieta buscaba un puesto de elección popular en su estado, en México. Se había convertido en una figura pública que los medios asediaban.

Deseaban entrevistarlo. Me contó que uno de los periódicos le había mandado una lista de preguntas y que era la misma lista enviada a los candidatos opositores.

Una de las preguntas era la muy usada, “Si usted naufragara en una isla desierta, ¿qué libro le gustaría tener?” Había que responder un solo libro. Comentando lo que respondería, me dijo que todos los demás entrevistados de seguro contestarán diciendo que la Biblia, que eso era un clisé y que le ayudara a encontrar una respuesta original.

Creo que le dije que era mejor contestar qué libro no tener en caso de naufragar y disponer de uno sólo. Y es que hay autores insufribles. Pero supongo que la lectura de los clásicos españoles sea una opción muy agradable. Ulises de Joyce sería como para pegarse un tiro bajo esas circunstancias. No recuerdo más de la anécdota, pero su respuesta me dejó con una inquietud.

La Biblia como clisé de respuesta a esa pregunta. Supongo que tenía razón. Muchos contestarían que se llevarían ese libro simplemente como una pose personal. Después de todo es la respuesta que la mayoría espera y es políticamente correcta, aún en estos tiempos tan alejados de la religión. Pero, ¿en realidad es un clisé o tiene algo de fondo?

La cualidad que un libro debe tener en una isla desierta, me imagino, es la de reconfortar y poder ser leído más de una vez. Soportar lecturas múltiples no es un rasgo común a muchos libros. Y fue entonces que me respondí a mí mismo, sí naufragar y tener a la Biblia es una mejor situación que naufragar y tener a muchas otras obras.

Pongo un ejemplo de eso, con un pasaje del Eclesiástico (4, 12-22) aclarando que no soy ningún experto en estas lides.

Dice al inicio que “La sabiduría instruye a sus hijos y cuida de aquellos que la buscan. El que la ama, ama la vida, y los que la buscan ardientemente serán colmados de gozo. El que la posee heredará la gloria,y dondequiera que vaya, el Señor lo bendecirá”.  No está mal el asunto y pone a pensar. Más aún, quizá hasta mueva a entender por qué estoy en una isla.

Continúa con, “Los que la sirven rinden culto al Señor, los que la aman son amados por el Señor. El que la escucha juzgará con rectitud y el que le presta atención habitará seguro. El que confía en ella la recibirá en herencia y sus descendientes también la poseerán”.  Tampoco está mal. Pero luego viene lo bueno.

Dice que, “Al comienzo, ella lo conducirá por un camino sin rumbo, lo atormentará con sustos y temores  y lo hará sufrir con la conducta que le impone, y lo pondrá a prueba con sus órdenes. Pero una vez que la acepte de corazón, la sabiduría lo conducirá gozoso por el camino recto y le revelará sus secretos, pero si él no le hace caso, ella lo abandonará y lo dejará seguir por el camino de perdición”.

Hace pensar en una distinción: no es lo mismo usar la razón que tener sabiduría. Esta última es más profunda y comprende que la razón puede errar. Confiar en la razón enteramente no es ser sabio. Más aún conocer poner pruebas en la vida.

Es más placentera la vida del ignorante. Podrá en el camino llevar por rumbos equivocados. Habrá dificultades, pero el resultado final será bueno. Supongo que cosas como estas pueden ser pensadas por quien lee tal libro.

Y eso precisamente es lo que causó la historia que narré al principio. Si, Dios no lo quiera, termino naufragando en una isla y tengo la opción de llevarme uno solo de los libros que hay en mi casa, la mayoría de ellos no pasarían la prueba.

Entre los finalistas estaría El Quijote desde luego, como también las obras de Shakespeare… y creo que no hay más. Ninguno pasaría la prueba de soportar ser leídos repetidamente, o muy pocos.

Fue entonces que me golpeó una idea: no tengo que naufragar para leer a la Biblia. La puedo leer más cómodamente, sentado en un sillón y no en una rama de árbol. Y eso es lo que hecho desde entonces: pasajes muy cortos cada vez y sin prisa. Pero sobre todo con sabiduría, es decir, no dejando que me gane la razón en todo, porque allí la sabiduría es la que rige.

POST SCRIPTUMCreo que dos errores igualmente comunes pueden cometerse al leer la Biblia. Uno de ellos es el de leerla y entender todo de manera literal sin flexibilidad. El otro es entender todo de manera flexible sin considerar lo literal. El primer error es el fundamentalismo y el segundo es el modernismo. Los dos son erróneos, me parece, porque consideran primero el punto de vista del lector, no del escritor y por eso introducen un sesgo personal indebido.

Algunas cosas son representación de la realidad, como las narraciones de testigos de los eventos, pero otras no. La creación del mundo, obviamente no tuvo testigos, y la descripción bíblica no puede ser literal. Los milagros de Jesús tuvieron testigos y su narración debe ser tomada como auténtica.

Finalmente, interpretar ese libro no es tarea de una persona más allá de abrirse a ella y dejar que Dios le hable. Existen muchos pasajes largos, tediosos, confusos, que necesitan interpretación, es decir, de la tradición, que es lo que provee el catolicismo como bases de creeencia: escrituras y tradición.


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No hay comentarios en “Una Isla, un Libro”
  1. Mario Dijo:

    Los libros DICEN lo que dicen. Interpretar textos es acomodarlos a opiniones personales,eso se llama distorsión y estafa.Con todo respeto don Eduardo:eso no es propio de un liberal





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