Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un Gobernante Con Un Plan
Eduardo García Gaspar
17 abril 2008
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Escribió una vez un gran economista que sólo hay una cosa peor que un economista haciendo predicciones… y eso es un no economista también haciendo predicciones económicas. Tiene razón y eso me lleva a otra idea ahora en el plano político.

Sólo hay una cosa peor que un gobernante promedio y eso es un gobernante que quiere imponer su plan de una sociedad perfecta. El más antiguo de estos planes que conozco es uno de Platón, en el que está regulado hasta el tamaño de los platos. Quizá los más amplios han sido los de Lenin y Stalin en la URSS y Mao en China, en los que decenas de millones fueron obligados a acomodarse al plan del gobernante, sin importar el costo.

En Cuba existe otro intento de ese tipo, el de la idea de un gobernante con un plan para lograr tener una sociedad perfecta y justa en todo. Chávez es el más nuevo de los intentos que conozco de un gobernante con un plan de una sociedad perfecta. Un gobernante y un plan de una sociedad sin defectos, como en Corea del Norte. Peor aún que un dictador estándar.

Pinochet, Franco, Porfirio Díaz, considerados dictadores, tienen en su favor al menos la carencia de un plan que vaya más allá de mantenerse en el poder y quizá preparar la transición. El fenómeno de un gobernante con un plan de una sociedad perfecta es diferente, suele llamárseles regímenes totalitarios, distintos a los dictatoriales.

En el caso de Chávez, por ejemplo, su plan tiene ese nombre, el de Socialismo del Siglo 21… aunque es en realidad una versión del marxismo del siglo 19. Esto es lo que en las elecciones mexicanas pasadas me causaba preocupación: López Obrador dio claros indicios de querer ser un gobernante con un plan para una sociedad perfecta.

Tratar el punto tiene una utilidad avanzada, pues México corre ese riesgo venezolano, el de llevar a la presidencia a un gobernante con un plan de sociedad perfecta. Y eso, mucho me temo, es el peor de los escenarios posibles que puede enfrentar un país, el de la implantación forzada de un plan utópico que sólo un gobernante conoce en detalle.

¿Cómo reconocer que alguien es ese gobernante con un plan perfecto? De varias maneras y mejor hacerlo antes de que llegue al poder. Uno de sus rasgos es el sentirse mesías salvador, una especie de encarnación de la voluntad general, ese peligroso concepto de Rousseau. Sólo él sabe lo que la gente quiere y crea un mundo en blanco y negro, donde unos son villanos que él mismo ha juzgado así, y otros son las víctimas que necesitan ser rescatadas por él y sólo por él. No hay nadie más.

Otro rasgo es el solipsismo, esa elegante palabra que significa creer que sólo existe la mente propia y que lleva a la construcción de un mundo aislado que se presupone es el real en el que los intentos personales son siempre exitosos… y si acaso fracasan, eso es debido a enemigos ocultos que deben extirparse o a los sospechosos usuales, como el imperialismo o las transnacionales. Las purgas en la URSS son buen ejemplo.

Desde luego, está el plan que el gobernante tiene. Es un plan que persigue corregir toda injusticia posible y lograr una vida buena para todos sin excepción. Claro que la definición de vida buena es la que el gobernante ha hecho, no la de cada persona. Y ese plan tiene una estrategia central: sólo podrá realizarse bajo una condición, la de la concentración absoluta del poder en manos de ese gobernante.

Para realizar su plan y volverlo una realidad él debe tener el mando total. Por esto, las cámaras de legisladores son un estorbo, igual que las autonomías federales y el poder judicial. Su plan de una sociedad perfecta y totalmente justa será posible si él tiene el poder absoluto sin límite de tiempo.

Entender los síntomas tempranos de estas cualidades y tener señales adelantadas de ellas es una cuestión de vida o muerte en la vida de las naciones, especialmente de aquellas en las que grandes segmentos de la población poseen una ingenuidad política considerable y pueden sucumbir a los encantos del gobernante con un plan de una sociedad perfecta.

Post Scriptum

Creo que un corolario de lo anterior es natural: como regla general los gobernantes con un plan de sociedad perfecta serán socialistas en alguna de sus variaciones. Esto es debe a la esencia desafortunada del socialismo que todo lo pretende resolver con la acumulación de poder en el gobierno. Las buenas intenciones del socialismo de buena voluntad son la mejor excusa que ese gobernante tiene para ser totalitario. Ninguna doctrina político-económica ha sido tan útil para el totalitarismo que el socialismo.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información para el interesado en buscar ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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