Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Venezuela: Lecciones Democráticas
Eduardo García Gaspar
12 enero 2011
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Es como un experimento público, a la vista de todos, con capítulos diarios.

Un experimento que es en extremo útil porque muestra algo de enorme provecho: eso que no debe hacerse, los errores que no deben cometerse.

El encabezado de una noticia la semana pasada lo ilustra bien: “Los legisladores venezolanos inician sus período con poderes reducidos” (WSJ, 4 enero 2011).

La historia simplificada está así: en elecciones pasadas, la oposición ganó posiciones en la Asamblea Nacional, pero antes de que entrara esa oposición, la legislatura dio poderes extraordinarios al presidente que ha estado en el poder once años.

El efecto neto es el incremento del poder presidencial en Venezuela con el correspondiente descenso del poder de los legisladores. Ellos son en total 165, de los que 67 pertenecen a la oposición, según esa noticia. En las votaciones en las que se necesitaran dos tercios, la oposición tendría peso.

De allí, la prisa por acumular poder en la presidencia antes de que entraran esos 67 opositores a la nueva asamblea. Los detalles realmente poco importan, como el de prohibir cambios de partido para los legisladores, lo que impide que candidatos oficialistas vayan a la oposición.

Lo que importa es ver el panorama completo, ese espectáculo extravagante que a diario se muestra en las noticias y que en resumen es una lección gigante de lo que no debe hacerse.

Esto es lo que creo que bien vale una segunda opinión. No una crítica más a ese gobierno, las que abundan, sino la lección académica que da.

Es como estar en un salón de clases, en un curso primero de Política, en el que se explica a la democracia con un ejemplo de lo que no es.

Una democracia, por definición, es un sistema político, un arreglo de gobierno, uno de los muchos posibles. Ese arreglo político tiene un objetivo central: limitar el poder gubernamental para reducir sus abusos.

Eso es el corazón de la democracia: controlar a un poder ya de por sí grande y que se presta a abusos. La razón de esto es reconocer que todo poder tiende a ser abusado y que a mayor poder, mayores serán los abusos.

No es complicado entenderlo y el caso de Venezuela es uno que muestra exactamente lo opuesto.

Lo opuesto a la democracia. Piense usted, por ejemplo, en las monarquías absolutas, esas que presuponían que la voluntad del rey era la ley y que, por tanto, no se necesitaba nada más que esa persona para gobernar un país.

Es exactamente lo mismo que sucede en Venezuela: allí su gobierno presupone que nada más se necesita que la voluntad del presidente.

El título cambia, ya no se llaman reyes, pero la concentración del poder es la misma que en los casos de las monarquías absolutas.

En estos casos, los legisladores estorban, los jueces molestan, las leyes dificultan el ejercicio del poder absoluto del presidente. Es necesario quitarlos de en medio para que se realice la voluntad presidencial, sea la que sea, porque ella es sagrada.

Mi punto es señalar lo valioso de los sucesos en Venezuela para tener una lección en vivo de lo que es la democracia, mostrando un caso de lo que no es.

La democracia limita el poder gubernamental, en Venezuela se concentra en el presidente. En una democracia, las leyes aplican a todos, en Venezuela el presidente es la excepción.

Decir, en pocas palabras, que en Venezuela hay una democracia es tan absurdo como afirmar que dos más dos son tres. Y esto es lo valioso: por medio de un ejemplo real podemos aprender qué es la democracia y ella es lo opuesto a lo que sucede en ese país.

Pero, curiosamente, el presidente venezolano insiste en decir que su mandato es democrático, lo que da otra lección útil.

La palabra “democracia” ha sido redefinida por él a algo muy sencillo: democracia es hacer lo que yo digo implantando mis ideas. Su justificación es obvia. Argumenta que él fue elegido democráticamente.

Puede ser, pero esto también tiene utilidad. Quien gana elecciones para ser presidente pasa a ocupar ese puesto, pero no significa que se le ha dado permiso para hacer su voluntad. Ganar elecciones en una democracia no es igual a tener licencia total, una condición tantas veces ignorada que da pena recordarla.

En fin, el caso venezolano es una lección académica útil para comprender lo que es una democracia presentando un caso de lo que no es democracia.

Post Scriptum

Hay más columnas sobre el país en ContraPeso.info: Venezuela.

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Democracia. Para una mejor determinación del signiificado de la democracia puede verse Democracia: Una Definición.

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