Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Winehouse y el Cielo
Eduardo García Gaspar
1 agosto 2011
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


La muerte de una cantante célebre, hace poco, y de vida reprobable, puede hacernos imaginar estar en medio del mar.

Es de noche, no hay luna. Será imposible navegar para llegar al destino, a menos que tengamos instrumentos de navegación, como brújulas.

Las ideas cumplen la misma función que los instrumentos de navegación. Las ideas son las que nos permiten saber cómo llegar a donde queremos, es decir, hacer de nuestra vida lo que deseamos.

Las ideas nos permiten distinguir lo bueno de lo malo, lo bueno de lo mejor. Usando las ideas sabemos distinguir lo importante, lo urgente, lo poco importante y lo poco urgente.

Sin ideas no sabríamos qué hacer, ni cuándo hacerlo, ni cómo, ni dónde, ni por qué hacerlo. La vida es comparable con un viaje por el mar, con el cielo nublado, donde muchas veces perdemos el sentido de la dirección y donde no sabemos a ciencia cierta dónde estamos y, a veces, ni a dónde queremos ir.

Lo que quiero decir es que las ideas son útiles en la vida. Es la manera de no perderse y, si nos perdemos, podemos recuperar el camino. Esa es la herencia más valiosa que recibimos de generaciones anteriores: las ideas, las buenas ideas para una vida sana.

Hay una idea, entre todas, que es vital y que bien vale una segunda opinión. Es una idea que ayuda, como ninguna otra, a saber lo que es importante y que es propia de las religiones.

Nada hay más importante, absolutamente nada, que la salvación del alma. Ese es el destino final de la vida. No llegar a ese destino significa la condenación eterna del alma. Y todo depende de lo que hagamos en esta vida.

Para comprender lo que es la eternidad, cuando yo tenía unos trece años, un sacerdote nos pedía imaginar una bola de acero, del tamaño de la tierra. Sobre ella va una hormiga, siempre por el mismo camino, justo a la mitad de la bola.

Obviamente, con el tiempo, la hormiga va desgastando el acero, poco a poco. Todo el tiempo que tarde la hormiga, caminando, en partir la bola en dos partes, decía el sacerdote, no es siquiera un segundo del tiempo que es la eternidad.

Mi punto es que quien cree en estas cosas, tenderá a tener una conducta mejor que quien no.

Es lógico, para el religioso, querer la salvación, el premio es eterno. Es lógico decir que evitaremos hacer las cosas que sabemos pueden condenar nuestra alma.

Lo que me lleva a decir que combatir las oportunidades de educación religiosa, con un mal entendido laicismo, produce confusiones, impide ver el horizonte, pone nubes que no dejan mirar la ruta.

Y eso tendrá efectos en la sociedad: personas que tiendan a colocar toda su atención en la vida presente, en el placer inmediato, en el gusto urgente. Habrá de esta manera, más excesos y menos disciplina, más laxitud y menos esfuerzo.

Muchas personas dirán que las ideas no importan, que se vive mejor sin reglas, sin normas, haciendo lo que más le gusta a uno. Digo que ésa es una idea, negar que existen las ideas, y que es una mala idea.

Mi tesis es simple: si se retira de las personas la moral que viene de las religiones, el vacío será inevitable. Será un vacío de lo sobrenatural que necesitamos para tener idea de lo que somos y a dónde vamos.

Idea del sentido de la vida, algo que, por supuesto, no puede contestar la burocracia de un país, ni un organismo internacional, ni una ONG.

Lo que sea que llene el vacío religioso, no será suficiente para detener a nuestra imperfección. La idea de una eternidad llena de gozo, o su opuesto, son ideas muy poderosas para convencernos de actuar correctamente.

Más poderosas que la amenaza de cárcel en esta tierra. Esto quizá explique lo que quiero decir: las sociedades que abandonen las creencias religiosas tenderán a sufrir las consecuencias de conductas más libertinas que serán vistas como mejores.

Tomemos, como ejemplo, la vida disoluta de muchos durante la Edad Media, incluyendo clérigos. Claramente es cierto, pero al mismo tiempo existió la idea que los reprobaba: no irán al Cielo, se condenarán.

En estos tiempos nuestros, existe esa misma vida disoluta de muchos, pero no existe tanto la idea de que sus actos son reprobables. Al contrario, se convierten en celebridades, se les da importancia en las noticias. Ni siquiera se recuerda la idea de que sus vidas son ejemplos de lo contrario a nuestra naturaleza.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Celebridades. También en ContraPeso.info: Vacío Religioso.

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