Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
De Película a Política
Eduardo García Gaspar
18 marzo 2013
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


¡Es que, en mi época, se podía comprar carne en cualquier lugar! ¡Huevos tenían, mantequilla de verdad! Lechuga fresca en las tiendas“. Guión de Soylent Green, la película.

Hay algo en la naturaleza humana. Algo que nos hace irresistibles ciertas cosas.

Las apocalípticas. Historias del fin del mundo, de grandes tragedias, de terribles sucesos.

Las hacemos populares. Son atractivas y son tema de conversación, como lo del fin del mundo según los mayas.

O como las películas que muestran extraterrestres conquistando la tierra.

La Guerra de los Mundos, de H. G. Wells, es un clásico. No es la única muestra y en el cine abundan cintas con ese tema.

La serie de Terminator, por ejemplo, o la película Twelve Monkeys. En fin, el tema es popular y ejerce una cierta fascinación en casi todos.

Tiene una explicación sólida. Sabemos con certeza que nuestro mundo tendrá un fin. No es eterno. Muy probablemente será cuando el sol de apague, o quizá alguna otra causa.

Los académicos y pensadores no se han quedado fuera de la fascinación apocalíptica. El ejemplo más célebre es el de Malthus.

La historia comienza con una pregunta, la de qué hace que sea posible crear riqueza y prosperar. La interrogante y su respuesta provoca el nacimiento oficial de la Economía. Y con eso, inician preguntas más específicas, casi todas con esa perspectiva optimista, se puede vivir mejor que antes y lo estamos logrando.

Pero algunas visiones son pesimistas. Por ejemplo, la pregunta obvia, la de qué tantos más alimentos podrán producirse. Si se le hace caso a lo de los rendimientos decrecientes, la respuesta es cruda: no podrán producirse alimentos de manera ilimitada.

Llegará un punto en el que se produzcan menos y menos alimentos. ¡Uy! La imaginación se desboca con este dato.

Pero eso no es todo. Hay otra variable, la del crecimiento poblacional y eso crea una tensión realmente digna de una película de Hollywood. Va a haber menos comida y va a haber más personas. Si las cosas siguen esa ruta, el resultado es dramático.

Habrá hambrunas masivas. Muchos morirán y, después de cierto tiempo, con menos personas se restablecerá un equilibrio frágil que puede ir en cualquier dirección.

Con menos personas habrá más comida, pero menos manos para producirla. En fin, usted puede imaginarse una película así, en la que sus escenas muestran saqueos de McDonald’s o persecuciones por el último pollo sobre la tierra.

La serie de Mad Max es un buen ejemplo de ese tipo de escenas. Pero la clásica es Soylent Green y el terrible secreto del alimento.

Pero, fuera del cine, en una oficina de gobierno, esas posibilidades apocalípticas se vuelven algo que ya no es diversión. Piense usted en un gobernante que se crea a pie juntillas esa historia.

Obviamente querrá prevenirla y tomará decisiones. Cosas como políticas de control natal, y cosas similares. No exagero, eso fue real. Las predicciones fueron dramáticas. Se tomaron como verdades incuestionables. El mundo no llegaría a 1990.

Sabemos todos, me parece razonable decir, que efectivamente no se sufrió el futuro proyectado por Malthus. En realidad sucedió lo contrario y eso tiene explicaciones, basadas en el dinamismo económico no anticipado por Malthus y los acólitos de esta teoría.

La misma tierra produjo más y más, gracias a invenciones, técnicas y demás. Pero no importa, la atracción por los desenlaces fatales derrota a las neuronas, al menos en algunas personas.

Los análisis racionales, los argumentos en contra, las evidencias contrarias, nada de eso puede detener a la mente que se ha declarado capaz de predecir el futuro. Vea a Al Gore, por ejemplo, con su Verdad Incómoda. En realidad es una proyección simple. Y ese es el problema.

Un problema de ignorancia. El de desconocer que desconocemos algo. El de no saber que no sabemos algo. El de no considerar la variable que no se ha incorporado.

Todo lo anterior bien vale una segunda opinión para sugerir que cuando escuchemos un escenario apocalíptico tratemos de que no llegue a manos de gobernantes. Porque, si es que llega, se lo creerán sin duda alguna. Todo escenario apocalíptico hace una buena película, pero una pésima política.

Post Scriptum

Hay una Lista de películas del fin del mundo o mejor aún, esta otra, ellas sirven para ilustrar el atractivo que tiene lo apocalíptico.

En ContraPeso.info: Pronósticos, está la serie de columnas que tratan sobre el tema.

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