Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Matrimonio Homosexual: Un Análisis
Leonardo Girondella Mora
4 marzo 2013
Sección: LEYES, Sección: Análisis, SEXUALIDAD
Catalogado en:


Es ambición de muchos homosexuales —y de algunos que no lo son— lograr que las leyes de sus países contengan la posibilidad de reconocer como matrimonio a la unión de dos personas del mismo sexo.

Su razonamiento central es el de admitir la validez de la legalización del amor entre dos personas del mismo sexo y aceptar que la unión es un matrimonio como cualquier otro.

En lo que sigue analizo la validez de esa petición —con el objetivo de encontrar si tiene o no sustento desde el punto de vista legal.

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Inicio con un análisis de los requisitos que usualmente se requieren para la celebración de un matrimonio tradicional ——exigencias que deben cumplir las personas que desean entrar en ese tipo de matrimonio.

  1. Ser dos personas y nada más que dos.
  2. Ser mayores de edad según defina la ley a la que están sujetos, lo que supone permite un acto voluntario.
  3. Ser hombre y mujer.
  4. No ser parientes cercanos, ni tener otros impedimentos como estar casado, ni una condición física o mental que lo impida.
  5. Realizar un registro público de la unión que legalmente se reconoce.
  6. Amarse entre sí lo suficiente como para asumir un compromiso de por vida.
  7. Tener la intención de procrear descendencia.
  8. Celebrar el matrimonio con un evento que lo haga público y que consiste generalmente en ceremonia religiosa, que tiene sus requisitos propios, y en general un festejo.

Los primeros cinco son claramente los requerimientos legales que deben cumplirse en el matrimonio tradicional —y los tres últimos son presupuestos culturales que suelen tenerse.

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Quien desea contraer matrimonio —como una acción voluntaria— necesita entonces cumplir con esos requisitos legales. Quien no cumple con ellos, no puede casarse. Por ejemplo, no lo puede hacer quien es menor de edad. Tampoco quien ya está casado, ni un hermano con otro.

Las exigencias legales presuponen, pero no exigen, pruebas de otros requerimientos, como el amarse, o tener la intención de procrear —lo presuponen o simplemente no les interesa probarlo. Las leyes, por tanto, se limitan a hacer cumplir una serie de condiciones para conceder el matrimonio legal a esas personas.

En el caso del matrimonio, entre hombre y mujer, desde el punto de la vista de la ley, el gobierno se limita a asegurarse que las dos personas cumplen con esas condiciones: son dos, son hombre y mujer, son mayores de edad, lo hacen con libertad y no tienen impedimentos como parentesco o un matrimonio existente.

Allí se detiene la ley, sin exigir más condiciones que ésas. Pero si el matrimonio quiere ser reconocido por alguna religión, entonces ésta usualmente añade otras condiciones que deben cumplirse —y que varían dependiendo de la religión de que se trate.

Ya sea legal o religioso, el matrimonio tradicional puede entenderse como la culminación de una intención de personas que cumplen con ciertas condiciones —las que una vez satisfechas permiten a la autoridad emitir un acta que oficializa la unión.

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En el caso del matrimonio homosexual, su defensa, como dije antes, está basada en la solicitud de legalización de ese matrimonio por causa del amor que existe entre las dos personas —dos personas que se aman, suele argumentarse, tienen el derecho a legalizar su unión sin que su sexo importe.

Pero resulta que el amor entre ellas no es una condición exigida explícita y legalmente —simplemente es presupuesta por la ley, sin tener que demostrarse. Esta realidad, por tanto, indica que el amor entre las personas quiere usarse como justificación del retiro de una de las condiciones legales previas que nada o poco tiene que ver con el amor.

El amor que siente una persona por otra no es un sustento legal sólido que pueda cambiar los requerimientos legales del matrimonio —ni en el caso del matrimonio entre hombre y mujer, ni en el de dos homosexuales. El amar a una mujer no anula la obligación de un hombre de no estar casado, para poder casarse. El principio aplica a todos, homosexuales y heterosexuales.

Es igual a retirar una de las condiciones legales del matrimonio —similar a la de retirar la de ser únicamente dos personas, o la de ser mayores de edad. No es algo que pueda tomarse a la ligera y que sólo tenga como justificación el amor homosexual. El amor que se siente por otra persona, sea real o fingido, no es causa para poder excusar el cumplimiento de los requisitos legales del matrimonio.

La única posible manera de lograrlo sería el hacer literalmente una redefinición del matrimonio en su sentido legal y no está exento de consecuencias, pues redefine también a la familia al quitarle su condición de procreación —más la posibilidad de retirar el resto de los requisitos para tener uno solo, el alegato de amor entre las partes.

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Dado lo anterior, mi tesis es que la concesión legal del matrimonio para parejas homosexuales es una ampliación de la noción de matrimonio —ampliación realizada por medio del retiro de una de las condiciones exigidas para el matrimonio tradicional. Una ampliación que cambia totalmente la definición del matrimonio, similar a reitrar la condición de mayoría de edad.

La ampliación se suele validar usando al amor entre las dos personas, cuando este argumento es irrelevante en lo legal. Igualmente, se acostumbra argumentar igualdad de los homosexuales y los heterosexuales, una defensa que yerra seriamente. La igualdad no puede ser usada, válidamente, para retirar ninguna de las condiciones legales del matrimonio.

Un menor de edad de 12 años, por ejemplo, no podría argumentar su igualdad de derechos, para contraer matrimonio con una persona de 35 —tampoco alguien podría usar el argumento de la igualdad para evitar la condición de pasar un examen que lo admita en una universidad.

Y es que hay condiciones o estados a los que se llega cuando la persona satisface ciertos requerimientos, sin que la igualdad ni sus sentimientos puedan servir como motivos de aceptación. Quien está enamorado de la música clásica, no puede usar el argumento de su igualdad para ser aceptado sin más requisitos a tocar en una orquesta sinfónica.

Finalmente, el argumento para apoyar la legalización de los matrimonios homosexuales, que se apoya en el amor y la igualdad para lograr su aprobación legal, es en extremo débil y sólo puede aceptarse cuando se cambia el significado original de la palabra matrimonio.

Si quiere lograrse la legalización de esos matrimonios, sus proponentes deberán encontrar argumentos de mayor solidez y lógica —si logran tal legalización, será más por presiones políticas, electorales e intelectuales, que por argumentos de la razón.

Addendum

Creo conveniente añadir otra idea. El amor entre personas es una obligación humana —deben amarse unas a otras, sean del sexo que sean, o a  la edad que tengan. El amor puede ser el punto central de los matrimonios de personas del mismo sexo, porque el amor es una obligación de todos (quizá el mayor punto del Cristianismo).

Lo que la legalización de esos matrimonios significaría no es el reconocimiento del amor que entre las dos personas se tienen, sino la modificación de la esencia misma del matrimonio/familia: darles un status para el que no cumplen requisitos.

En esta columna, me fue de gran ayuda acudir a la idea sobre el tema de Coren, M. (2011). Why Catholics Are Right. McClelland & Stewart.

Nota del Editor

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Matrimonios Homosexuales.

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