Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Revolución: Una Definición
Eduardo García Gaspar
31 enero 2013
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Todos lo hemos escuchado. Se repite sin mucha idea de su significado.

Un producto del descontento, resulta una intención descabellada.

Es esa idea de que lo que “se necesita es una revolución para cambiar las cosas”. Es un uso descuidado del idioma.

Se padece en todas partes y el tema bien vale una segunda opinión.

Primero, por supuesto, el descontento es una cualidad. Quizá hasta una virtud, la que nos lleva a intentar hacer y mejorar. Nada malo hay en esto, al contrario.

Pero las cosas comienzan a tener peligro cuando en el intento por mejorar se incluye un requisito fatal, la destrucción del orden presente. Esta es la definición de revolución en el sentido que suele dársele.

Los reclamos de revolución tienen, por tanto, dos elementos.

Uno es el descontento con la situación actual, tan grande y urgente que lleva a la desesperación del segundo elemento, la petición de aniquilar la situación presente, destruirla. En dosis variables, este segundo elemento destructivo está presente en los reclamos revolucionarios.

Por ejemplo, en Venezuela y su revolución bolivariana. O en México, con otros reclamos, los del EZLN. Incluso con MORENA, el nuevo partido mexicano.

Otros reclamos, por supuesto, son más claros, como el de los bolcheviques. En fin, examinar sus componentes es un buen ejercicio para entender el cuidado que debe ejercerse al hablar de revolución.

En una revolución real hay violencia inevitable, la que se necesita para destruir el orden existente, la situación actual. No hay otro camino y esto tiene un efecto mencionado muchas veces. La fascinación que las revoluciones ejercen en personalidades fanáticas y extremas, en cuyas manos suelen terminar esos movimientos. Remember Robespierre.

Lo que deja de verse es el otro lado de esa atracción fatal, el rechazo que personalidades más tranquilas y razonadas sienten por procesos violentos. La gente sosegada, calmada, dada a pensar y razonar, será vista incluso como enemiga de la revolución por quienes son partidarios de la destrucción.

Peor aún, en una revolución suele suceder que el proceso de destrucción del orden presente suele tomar el primer plano, ese en el que todo se concentra. Es así que se relega y olvida el objetivo de mejorar lo actual, esa realidad nueva que iba a construirse y que ha quedado escasamente definida. Remember Marx.

Lo que me parece realmente notable es el tipo de personas que se sienten atraídas por una revolución. En su primera etapa, cuando surge el descontento con lo actual y que llega a niveles extremos, la revolución recibe ayuda de los bien intencionados. Gente que tiene buenas ideas, que posee buenos sentimientos. Remember Madero en México.

Una vez que la revolución está en marcha, entra en juego otro tipo de personas. Son esos a quienes atrae la violencia, los juicios sumarios, la justicia personal y un celo tal que sienten ser la encarnación misma de la revolución. Remember Che Guevara.

Pero una vez consolidada la revolución, los violentos dejan su lugar a otros personajes, los burócratas, los oscuros personajes de oficina e intelectuales que les acompañan.

Lo anterior me lleva a eso que mucho se ha mencionado, el giro de 360 grados que suelen producir las revoluciones. Queriendo acabar con un orden indeseable extremo, acaban por crear otro, quizá peor, en el que el único cambio ha sido uno de amos. Remember la URSS.

Regreso a mi punto de partida. Me parece que el término revolución se usa con un desmedido descuido. Y aún más, en mi experiencia es frecuente que sea un cierto grupo el más descuidado de todos.

El de los intelectuales de izquierda, los que sucumben una y otra vez a la atrevida noción de que una revolución resolverá todos los problemas del presente. Son esos inocentes que, sin saberlo, abren la puerta a los violentos.

Los reclamos de revolución, no son otra cosa que una cosa que una declaración de guerra con el estado actual de cosas. Remember al subcomandante Marcos. Y en una guerra así, “una gran oscuridad desciende y los ángeles no pueden distinguirse de los demonios”, como escribió Paul Johnson.

A lo que voy es la la ligereza y a la frivolidad con la que se hacen llamados revolucionarios, sin darse cuenta de lo que dicen. Una revolución es un asunto serio, extremo, la última de las últimas opciones políticas.

Post Scriptum

En resumen, puede darse una definición de revolución: un movimiento político extremo que tiene como causa un descontento extremo con la situación actual, a la que promete remediar estableciendo un orden social mejorado que requiere la destrucción del actual.

El requerimiento de la destrucción del orden actual social es lo que la caracteriza esencialmente y le hace ser una medida de extremo riesgo. Resultaría, por tanto, aconsejable determinar los requisitos de una revolución justa, que no deben ser muy diferentes a los de una guerra justa.

De memoria en usado elementos de Johnson, P. (1992). Modern times : the world from the twenties to the nineties. New York, N.Y: HarperPerennial.

El abuso de lenguaje que es frecuente en política, tiene otro ejemplo en el descuido con el que se usa el término fascismo.

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