Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Derechos: Libertad, Igualdad
Leonardo Girondella Mora
21 agosto 2014
Sección: DERECHOS, Sección: Asuntos
Catalogado en: , ,


Ha sido dicho que la justicia es dar a cada quien lo que le corresponde —una idea simple y separador.001que tiene aceptación y sentido, pero que tiene también un problema que es el que examino.

Si es de justicia dar a cada quien lo que le corresponde o merece, lo que debe seguir a eso es la especificación de los criterios que fijan o determina eso que se merece —¿qué es lo que permite saber que alguien merece algo?

No tiene una respuesta fácil —una de las varias respuestas que hay es la que dice que los derechos humanos determinan eso que las personas merecen. Más en concreto, se afirma que la tarea es hacer listas de lo que las personas merecen y dárselo, para de esta manera ser justos.

En otras palabras, en esta interpretación de justicia se propone elaborar una relación de cosas que la gente debe tener —y al darle esas cosas a las personas, se estará cumpliendo con la justicia.

Bajo esta interpretación de justicia —de varias posibles— el problema de ser justos se soluciona con la elaboración de esa lista de cosas que la gente merece. Esa lista por hacer tomó a los derechos humanos y los acomodó como parte de esa lista que, se dice, tiene los siguientes componentes.

• Derechos Humanos de Primera Generación, que son las libertades. Son los que tradicionalmente se conocen y que tienen en común reconocer las libertades individuales de opinión, expresión, religión, tránsito, trabajo, propiedad, voto, educación y similares.

Partiendo del reconocimiento de una dignidad igual en todas las personas se concluye que todas deben ser merecedoras de libertades económicas, políticas y sociales.

Presupone que el ser humano tiene capacidad de razonar y elegir entre varias opciones de conducta la que más sea de su interés —siendo así todos igualmente libres aceptando las consecuencias de sus acciones.

• Derechos Humanos de Segunda Generación, que se refieren a la igualdad. Fue esta la primera adición que se hizo a la lista de cosas que, se cree, merecen las personas y muestra muy bien una interpretación posible de justicia.

Debe entenderse que mientras los derechos humanos originales se refieren a las libertades, este añadido se refiere a la igualdad sobre todo en el sentido material —y habla de derechos a casa, trabajo, salud, educación y similares.

Su tesis afirma que todos deben tener casa, educación, trabajo, servicios médicos y demás —es decir, es una igualdad en los bienes y recursos, ya no sólo en las libertades.

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Me detengo aquí para mostrar que entre esos dos tipos de derechos hay contradicción —la que muestro esquemáticamente:

• Si se respetan las libertades, ello llevará a situaciones de desigualdad —las decisiones libres de las personas las llevarán a tener resultados diversos, ingresos diferentes y situaciones cambiantes.

Estos derechos a las libertades son los que se aplican en un salón de clases en el que los alumnos reciben las calificaciones que merecen de acuerdo con sus conocimientos —que son el resultado de esfuerzos de estudio y que necesariamente producen desigualdad de calificaciones.

Desigualdad que no se considera injusta, al contrario: las calificaciones mejores van a los más brillantes, esforzados y con más conocimiento —lo que logra crear incentivos para todos los que quieran mejorar.

• Si se implantan las igualdades, ellas llevarán a falta de libertades —para igualar situaciones entre personas les tendrán que ser limitadas sus libertades, especialmente la de propiedad.

Más aún, se tendrá que elevar el poder del gobierno para realizar redistribuciones de recursos y lograr esa igualdad.

Si se aplican estos derechos a la igualdad en su salón de clases, entonces las calificaciones serían redistribuidas entre los alumnos: el profesor tomaría puntos de los mejor calificados para dárselos a los peor calificados y así lograr la igualdad —cancelando el incentivo a mejorar por parte de quienes han recibido antes calificaciones bajas y también por parte de quienes se han esforzado.

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Mi punto ha sido mostrar la contraposición que existe entre los derechos de primera generación, es decir, las libertades y los derechos de segunda generación que enfatizan la igualdad —para reconocer que no pueden tenerse ambos derechos a la vez con igual prioridad.

O tiene prioridad la libertad, o la tiene la igualdad —una realidad que debe reconocerse pero que ha sido ignorada por los que proponen los derechos de segunda generación, quienes queriendo hacer el bien logran frenar libertades que generan prosperidad.

Es mi creencia que el origen de esta contraposición entre derechos a la libertad —los originales— y los “derechos” a la igualdad radica en un punto de partida diferente.

Los derechos a las libertades presuponen que mediante ellos las personas se hacen merecedoras de las consecuencias de sus actos, lo que es justicia en su sentido original. En cambio, los derechos a las igualdades suponen que las personas merecen bienes y recursos con independencia de sus actos.

Addendum

Añado que la mentalidad de quienes proponen generaciones diversas de derechos en realidad sí hacen listas de reclamos —listas crecientes de cosas que juzgan que las personas merecen y han creado así a los derechos de tercera generación.

Estos derechos de tercera generación suelen ser llamados también derechos de solidaridad, e incluyen cosas como el derecho a una identidad cultural, a la paz, al medio ambiente sano, a la colaboración internacional.

Incluso se habla ya de una cuarta generación de derechos, que se asocian con la tecnología y su uso —derecho al ciberespacio y cosas por el estilo.

Nota del Editor

Creo que Girondella ha puesto el dedo en el meollo de un problema que efectivamente no ha recibido atención: la contradicción entre los derechos de las libertades y de las igualdades. En mi experiencia, cuando las personas enfrentan ideas como ésta, reaccionan de manera casi idéntica.

Dicen, “¿y entonces quién se hará cargo de los que están en situaciones malas y que merecen ayuda?” Es una buena pregunta en verdad y ya tiene una respuesta parcial: lo que se haga por esas personas no es hacer de la igualdad material un asunto de justicia que sólo pueda implantarse por medio de un gobierno redistribuidor de recursos.

Ayudar a otros es un asunto de caridad, compasión y amor que es una responsabilidad que cae en las personas, no en la autoridad política —y se apoya sobre todo en la noción del aprovechamiento de las libertades de todos.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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