Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Libertad, Liberación y Prudencia
Eduardo García Gaspar
13 noviembre 2014
Sección: ETICA, LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El modo de pensar es frecuente. Una manera de entender a la libertad. androjo

Una que causa problemas a quienes la defendemos.

Quizá sea una consecuencia post-moderna de la falta de seso.

Esta bien representada en una frase que traduzco:

“Soy libre porque sé que solo yo soy moralmente responsable de todo lo que hago. Soy libre sin importar qué reglas me rodean. Si las encuentro tolerables, las tolero; si las encuentro demasiado desagradables, las rompo”.

El texto tiene un gran mérito, me parece. Resume en pocas palabras comprensibles una noción de la libertad. Esa que se entiende como liberación moral: abandonar las reglas morales creyendo que eso es moral.

Ver esto algo más de cerca, bien vale una segunda opinión.

Primero, eso de “Soy libre sin importar qué reglas me rodean”.

Es cierto, la posibilidad de seguir o no reglas morales es ser libre, pero bajo el entendimiento de que no seguirlas es indebido. O, visto del otro lado, el respetarlas forma el mérito de la libertad.

Es lo que lleva a la conclusión de que se alcanza la libertad solo cuando por decisión propia se siguen esas reglas morales.

Segundo, la otra parte esas de “Si las encuentro tolerables, las tolero; si las encuentro demasiado desagradables, las rompo”.

Es especialmente llamativo el razonar así. Tolerar esas reglas significa rechazarlas pero respetarlas a pesar de ese desacuerdo. Si no se toleran, entonces no se siguen ni respetan.

La premisa subyacente es que cada persona es su propio árbitro moral y selecciona las reglas que decide aceptar y las que no. Es realmente fantástico.

Termina siendo un mundo de morales a la carta para cada persona. Una especie de juego en el que cada quien construye su propia moral, a su gusto y complacencia.

Si esto sucediera con las leyes del país, cada persona tendría su propia constitución, su propio código penal, sus propias leyes civiles. Hasta su propio reglamento de tránsito y sus propias disposiciones fiscales.

Cada persona solamente podría se juzgada de acuerdo con sus propias leyes y si ellas no castigan el robo, la persona sería inocente a pesar de haber robado.

Es cierto que cada uno de nosotros es moralmente responsable de sus acciones y lo es individualmente. No hay duda. La libertad tiene a la responsabilidad como compañera inevitable.

Puede actuarse de manera correcta o de forma equivocada, y la responsabilidad de eso es personal.

Pero, ¿qué sucede con la responsabilidad si soy yo mismo quien selecciona a mi conveniencia las reglas que debo seguir? La responsabilidad se desvanece.

Si, por ejemplo, la persona se libera sexualmente, ella abandonará la responsabilidad de sus actos liberados (quizá pida legalizar el aborto).

Más llamativa aún es la falta de prudencia en esa idea de libertad entendida como liberación de responsabilidad moral.

Me refiero a las consecuencias de pensar así. Imagine usted un mundo en el que las reglas morales cambian según la persona quiera y en el momento en el que desee.

No sería un mundo precisamente confiable. No se sabría qué esperar de las personas. No podríamos confiar en ellas.

En ese mundo, el padre podría abandonar a la jovencita embarazada sin cometer un acto reprobable; una madre podría golpear a sus hijos sin que eso fuera indeseable.

El olvido es obvio. Las reglas morales solamente pueden operar cuando son universales. En parte es la vieja idea de tratar a los demás como uno quisiera ser tratado. O la de actuar de la manera en la que uno quisiera que todos se comportaran.

No es difícil de entender, pero es algo que olvida la noción de libertad como liberación moral.

Veamos esto de otra manera. Según la mentalidad de liberación moral resulta conveniente actuar de la forma en la que se obtiene mayor beneficio personal, sin considerar el efecto en los demás.

Por ejemplo, me libero sexualmente y eso me causa placer que es lo único que me interesa. Las consecuencias en el resto me tienen sin cuidado.

Incluso, me importan un comino las consecuencias en mí mismo si son de largo plazo. Esta es la falta de prudencia a la que me refiero y que muestran a la liberación como una modalidad disfrazada de egoísmo imprudente.

Esto es algo que debe preocupar a los defensores de la libertad. Para ellos ser realmente libres lleva dentro una profunda aceptación de la responsabilidad.

Más aún, acarrea la comprensión de las nociones de esfuerzo, de sacrificio, de trabajo y renuncia; todo eso que implica la idea de mérito ganado y justo.

En fin, todo lo que he tratado de hacer es mostrar una mentalidad muy propia de nuestros tiempos y que afecta nuestra vida en común.

Post Scriptum

Si le gustó la columna, quizá también:

La Venenosa Relatividad

Rebatir el Subjetivismo

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras