Falacias engaños
Trucos de la mente

La falacia ad populum, es decir, del sentimiento popular o de la mayoría. Un error de razonamiento que supone que es verdadero todo lo que sea una opinión mayoritaria o universal.

Falacia ad populum, definición

Es un tipo de razonamiento erróneo que toma como cierta la creencia popular y mayoritaria. Una situación que interpreta como suficiente para determinar la verdad. Una falacia que apela a la mayoría como razonamiento.

«La falacia ad populum consiste en apelar a la popularidad de un argumento para concluir que es cierto solo por esta razón, sin revisar su contenido. Se le conoce también como argumentum ad populum, que en latín significa “argumento para las personas”» lifeder.com

Un argumento ad populum que usa como criterio central a la popularidad de una opinión o creencia. O como se expresa en otra parte:

«En la teoría de la argumentación, un argumento ad populum (en latín, “atractivo para la gente”) es un argumento falaz que concluye que una proposición debe ser verdadera porque mucha o la mayoría de la gente lo cree, a menudo de manera encapsulada concisamente como: “Si muchos creen así que es así “. Otros nombres para la falacia incluyen apelar a la creencia (común), apelar a la mayoría, apelar a las masas, apelar a la popularidad, argumento por consenso, autoridad de los muchos, falacia del carro, consenso gentium (latín para “acuerdo del pueblo”), falacia democrática, y atractivo de la mafia». es.wikipedi.org

Esencia del argumento ad populum

Muchos posibles títulos de esta falacia, la apelación al ad populum toma como cimiento a lo que toma como una creencia u opinión popular o de mayoría.

Es equivalente a tomar al principio de mayoría como sistema comprobatorio de la verdad de un razonamiento.

Ponen de manifiesto en problema de las decisiones democráticas, las que pueden ser lógicamente erróneas pero legalmente obligatorias.

Ejemplos

La falacia del sentimiento popular o de la mayoría puede verse con facilidad en los casos siguientes.

  • El candidato A debe ser mejor que B porque A tiene la mayor intención de voto en las encuestas.
  • Pues como yo pienso, también piensan todos.
  • Todos los países tienen un ley como esta, así que debe ser una ley justa.
  • Las mejores películas son siempre las más taquilleras.
  • La mayoría de la sociedad apoya la idea de elevar los impuestos y eso quiere decir que conviene subirlos.
  • La encuesta indica que la mayoría de las personas aprueban el aborto, así que debe ser legalizado.
  • La sociedad entera sabe que el petróleo debe ser propiedad de la nación.

Estructura de la falacia ad populum

La forma de razonar de este argumento es sencilla:

  • La persona A afirma x.
  • x es lo que cree y afirma la mayoría de las personas.
  • Por lo tanto, x es verdadero.

Lo que cree o afirma la mayoría o totalidad de las personas es el sostén que da validez a la creencia u opinión. Y no se necesita más para probar la verdad de la afirmación defendida: la falacia da la razón a la mayoría.

Esto da pie a una interpretación, también errónea, pero en el sentido opuesto, con esta estructura:

  • La persona A afirma x.
  • x es lo que cree y afirma la mayoría de las personas.
  • Por lo tanto, x es falso.

La diferencia está en el sentido de la interpretación de la creencia mayoritaria, la que en este caso se toma como prueba en contrario. La mayoría, se argumenta, siempre esta equivocada.

Por lo tanto, un libro de grandes ventas de seguro es un mal libro y un candidato muy popular es, por definición, malo. El mismo error de la falacia ad populum pero en dirección contraria, teniendo a la mayoría como prueba de falsedad.

Discusión

Esta falacia, como muchas otras, comete el error de ignorar los argumentos relevantes que soportan o niegan una conclusión, y pone la atención en el sustento que dan las creencias de la masa de una sociedad —es en este sentido que se está muy asociado con el populismo.

Dejando de lado a las argumentaciones relevantes, el argumentum ad populum necesita conocer prejuicios de la gente para usarlos en provecho de la conclusión —la parte medular está en lo de prejuicios, preferencias, manías, creencias que son parte de la cultura masiva, simple y poco educada.

Campo fértil del populismo

Se trata de un aprovechamiento de emociones y sentimientos que con frecuencia acude a mitos, leyendas y personajes caricaturizados que son con sencillez comprendidos por colectividades grandes.

Por ejemplo, los reclamos de que una crisis o un aumento de precios son provocados por los «especuladores internacionales», por los «enemigos del régimen», o por «los voraces comerciantes».

O bien, el ejemplo del nacionalismo que pide a la multitud que exija que los grandes capitales extranjeros dejen de llevarse la riqueza del país.

Revela esto el uso del clisé fundamental de la falacia de la mayoría —el de apelar a la audiencia como una víctima inocente de algún villano que debe ser combatido: como los grandes capitales, los organismos internacionales, las clases privilegiadas, o cualquier otro personaje infame que viva en la cultura popular más simple. Los culpables favoritos.

Tiene una gran similitud con las teorías de la conspiración —en las que el mundo es reducido a la existencia de grupos ocultos que luchan por el poder mundial y pelean en contra de quienes tienen el valor de denunciarlos.

Cantidad de candidatos políticos hacen referencia a las conspiraciones y complots en su contra, producto de alianzas innombrables de poderosos grupos ocultos.

La popularidad del materialismo marxista puede en mucho ser debida a esta característica ad populum: fija una víctima, el proletariado, y un villano, los burgueses capitalistas, lo que permite apelar a la masa a ubicarse como la víctima de otros a quien es posible culpar de lo que sea.

Otro ejemplo muy claro es el de la soberanía popular, cuando se afirma que los recursos naturales «son del pueblo y jamás serán vendidos a explotadores» —con lo que intento resaltar otra característica del ad populum: el aprovechamiento de conceptos grupales vagos, como pueblo, sociedad, alianzas, grupos, sectores.

«El pueblo exige que se respeten sus derechos»; «la sociedad benevolente y justa no puede permanecer indiferente ante las acciones desmedidas de los voraces y apátridas especuladores extranjeros».

Una frase como la anterior contiene los elementos básicos del ad populum —entre los que quiero señalar el menos obvio: no existe análisis de consecuencias, ni una explicación de mecanismos y causas-efectos. Es sólo un reclamo emocional con atractivo popular.

Para quien desee detectar la existencia del ad populum, me atrevo a recomendar que busque adjetivos —cuantos más existan, más probabilidades habrá de que se trate de esta falacia, especialmente si se usan grupos o colectividades que sean víctimas y villanos.

Y unas cosas más…

Conviene ver:

Bonus track: más sobre la falacia ad populum y otras falacias que son obstáculos del razonamiento.

Todos piensan así

Por Eduardo García Gaspar 

En tiempos de demasiada televisión y escasa razón, es frecuente sucumbir a afirmaciones falsas. Afirmaciones que apelan al sentimentalismo y nada más.

Tiene su utilidad, pues las más alocadas propuestas, si todos las comparten, tienden a ser justificadas y aprobadas usando como fundamento al sentimiento y no a la realidad.

Una de las más claras aplicaciones es la de «tener que hacer algo por los pobres”. Por supuesto que hay que hacerlo, pero eso no justifica cualquier acción.

Algunas acciones serán buenas y efectivas, otras no y muchas de ellas serán peores que el problema que tratan de solucionar.

Tan real es esto que es objeto de estudio y tiene un nombre en latín muy impresionante: argumentum ad populum, la falacia de la mayoría. Su usa mucho en política.

Esos sentimientos y prejuicios

Es un tipo de falacia que tiene como rasgo central el apelar a los sentimientos populares, a los entusiasmos de las mayorías, a las sensibilidades masivas.

Y, sobre eso, intentar lograr la aprobación de una propuesta que no tiene un cimiento real. Usted lo ha visto en comerciales que hablan de cosas vagas.

Pero es en política donde más uso práctico tiene este tipo de falacia. Usted las oye a cada rato en los discursos de los gobernantes, que tienen cierta razón para usarlos. Esos argumentos para el pueblo suelen conferir popularidad y de la popularidad se nutren los gobiernos.

Un ejemplo ha sido muy claro.

Es el caso de los impuestos y las propuestas de que pague más quien más tiene, lo que se justifica diciendo que ese dinero adicional por mayores impuestos será usado para el beneficio social.

¿Quién no está de acuerdo en eso del beneficio social? Nadie, es una razón sentimental que en sí misma no puede justificar nada concreto, pero a pesar de eso se usa.

Y se usa vaciando la discusión: ya no podrá examinarse, por ejemplo, si esos mayores impuestos inhiben la inversión y dañan más que benefician.

Tampoco podrá estudiarse el uso comparativo de ese dinero por parte del gobierno o por parte de los ciudadanos. El argumento sentimental del beneficio social ha impedido discusiones productivas y eso lastima a todos.

Los sentimientos, por supuesto, no pueden ponerse de lado.

Son parte de nuestra naturaleza y muchas decisiones los necesitan… pero es ridículo frenar análisis sobre los efectos de decisiones importantes basándose en cosas tan vagas y conmovedoras como el beneficio social o cosas por el estilo.

El caso del aborto y otros más

Otro ejemplo de esto ha sido el uso de encuestas de opinión para justificar la legalización del aborto. Si la mayoría lo aprueba, digamos el 55%, los defensores se apoyarán en eso.

Sin embargo, el argumento basado en mayorías es inútil y daría pie a que, por ejemplo, en algunos países se aprobara discriminar a personas de otra religión.

Es una falacia clásica, del tipo que dice que si todos o la mayoría aceptan la posición A, entonces A es cierta. Y viceversa.

No creo que así sea posible haber llegado a descubrimiento científico alguno. No se necesitaría usar la razón, todo lo que habría que hacer es hacer encuestas y ya… con el problema de que esas encuestas se harían a personas que no usan la razón y se conforman con unirse a la opinión mayoritaria.

Igual de inútil es otra variación de la misma idea, la de justificar una propuesta por medio de la modernidad: «en estos tiempos ya nadie piensa así» y cosas por el estilo, como «en todo país civilizado se hace».

Puede importar la consideración, pero no es suficiente. Como tampoco lo es en sí mismo el capitalizar la lástima que causan, por ejemplo, los jóvenes sin empleo.

Sí, es penoso que entre ellos haya mucho desempleo, pero la misericordia hacia ese grupo no es causa suficiente como para justificar toda decisión, la que sea, que es lo que suele hacer un gobernante.

Comencé diciendo que en tiempos de demasiada televisión, la razón escasea y los ciudadanos suelen ser víctimas de estas fallas en la aprobación de medidas de gobierno.

Necesitamos alguna dosis de escepticismo. Alguna vacuna contra la propaganda política que aprovecha a la falacia ad populum.

Post Scriptum

En Falacias Económicas: Uso Político hay una buena colección de trucos engañosos usados por los gobernantes, a los que el inocente sucumbe con facilidad.

En Guía Contra Propaganda Política hay otra lista de falacias y engaños usados en los discursos políticos. O la falacia del culpable favorito, del villano popular.

[La columna fue actualizada en 2019-12]