Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Riqueza Material, Pero…
Eduardo García Gaspar
2 junio 2015
Sección: PROSPERIDAD, RELIGION
Catalogado en:


Creo que no hay ya dudas. Sabemos cómo producir riqueza. Cómo solucionar pobreza. androjo

No es un método perfecto, tiene problemas. Pero no hay otro que puede hacer lo mismo.

Es el sistema de la libertad. Libertad económica, política, cultural.

Quien esto niega, lo hace negando la realidad. Es un descubrimiento reciente, de unos pocos siglos, un par de ellos o algo más.

Demos ahora el otro paso, uno mucho más atrevido que el simple saber que el mundo ha tenido un avance material como nunca lo ha habido en nuestra historia.

Tenemos la certeza de que vivimos mejor que en cualquier otro tiempo, que la riqueza puede crearse y que si esto no sucede en algunas partes, eso se debe a otras causas como el negarse a hacerlo.

Nos alegra vivir mejor que antes. Es una de nuestras ambiciones. El progreso es claramente material.

Y eso no se juzga malo en sí mismo. Incluso instituciones claramente espirituales, como las iglesias, tienen amplias preocupaciones frente a la pobreza. Es obvio que la juzgan como indeseable y que desean ver a los pobres en una mejor situación material, por encima de la miseria en la que ahora viven.

Este punto es claro y debe enfatizarse: es una opinión general que vivir materialmente mejor es una meta deseable. Lo fantástico es que sabemos cómo hacerlo, mediante esas libertades.

Solo es cuestión de implantarlas hasta donde sea posible. Donde eso no se haga, la pobreza será enteramente voluntaria.

La idea de querer vivir materialmente mejor, se supone, es una ambición congruente con el avance no material de la persona. Vivir en un estándar de vida mejor ayuda a vivir mejor en lo no material. Al menos eso se cree.

La realidad, sin embargo, parece indicar que la mejoría notable en lo material no concuerda con una mejoría en lo no material.

En eso que podemos llamar el terreno moral, cultural, intelectual, o como quiera llamársele. No entro a probar eso. Basta echar un vistazo al arte, a la música, a la televisión, al radio, a las escuelas, para comprobar que el adelanto material no ha venido acompañado de un avance del otro tipo.

¿Razones? Una de ellas es obvia. Hemos tenido tanto éxito en el progreso material que ello nos ha deslumbrado, impidiéndonos ver tras dimensiones adicionales, como la educación. Pero hay más.

Una razón adicional, la riqueza material nos ha vuelto seres que piensan más en merecer que en trabajar. Más en liberación que en responsabilidad. Somos quizá como los hijos y nietos de quienes trabajaron para ser ricos y ahora lo son sin conocer los medios para serlo.

Pero la razón central de esa pobreza no material, me parece, es otra que chocará con las ideas de muchos.

Nos hemos olvidado de parte de nuestra naturaleza, concretamente nos hemos olvidado de que tenemos un componente sobrenatural. En otras palabras, hemos puesto toda nuestra confianza en nosotros mismos, olvidándonos de lo que está más allá, de Dios.

Seguimos teniendo creencias abstractas y dogmas, pero son de otro tipo. En otros tiempos, se escuchaban llamados a seguir el ejemplo divino. Nos llamaban la atención cuando no cumplíamos con los mandamientos. Había una ambición idealista, la de llegar hasta la perfección sobrenatural.

En estos tiempos, se escuchan otros llamados, los que nos reclaman no poder ser perfectos en lo material. La ambición idealista de estos tiempos es conformarse con los reclamos materiales de desigualdad, en donde el pecado mayor es ser desigual. La uniformidad es la ambición suprema.

Retirando de nuestras mentes el elemento sobrenatural, todo lo que queda y tiene sentido es lo material y colectivo.

Lo sobrenatural nos daba un sentido personal y espiritual, que se ha perdido en nuestros tiempos. Los seres individuales y únicos, creados por Dios, han sido desplazados por colectividades creadas por políticos y activistas.

La meta de llegar a Dios ha sido sustituida por el ideal de perder toda individualidad dentro una colectividad. Las demandas que nos imponíamos en nosotros mismos para ser mejores se han convertido en reclamos que hacemos a otros para que cumplan nuestros deseos.

Una mutación notable. Las exigencias que los gobiernos enfrentan de sus ciudadanos serían equivalentes a que en otros tiempos la gente hubiera ido a una iglesia y amenazar a Dios con quemarla en caso de que no cediera a sus peticiones.

Es la actual una situación muy notable, habiendo sido terriblemente exitosos al producir prosperidad material, nos hemos olvidado de que una causa por al que hemos podido crearla es precisamente porque lo Divino era parte de nuestra forma de pensar.

Olvidando lo Divino es que tenemos solo lo material y eso material que tenemos no podrá continuar sin lo Divino.

Post Scriptum

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