Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Me Amo, te Odio
Eduardo García Gaspar
31 octubre 2016
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Fue la narrativa usual y acostumbrada. La persona habló de la codicia capitalista, de los intereses oscuros del empresario.

Y, lo peor, elogió al socialismo humanista y a la compasión gubernamental.

Nada que no se haya escuchado antes hasta la saciedad. Sin embargo, hubo algo en esa persona que merece atención: la suposición de que existe oposición entre la compasión y el interés propio; entre la caridad y el beneficio personal.

Como lo expresó ella, según lo recuerdo:

«Perseguir la felicidad ajena y perseguir la felicidad propia son alternativas mutuamente excluyentes entre las que la gente debe escoger. No puede amarse a uno mismo al mismo tiempo que se ama a los demás. Si no se es caritativo entonces se es egoísta».

Entendamos bien lo que dijo la persona y hagamos esto antes de tener una segunda opinión.

Según ella las personas tienen frente a sí mismas un dilema moral entre dos opciones excluyentes: (1) procurar la felicidad ajena y (2) procurar la felicidad propia. No hay opciones intermedias, al menos según ella.

La primera reacción ante esa opinión es simple: debe sospecharse de eso que se llama «falso dilema». ¿Son esas dos las únicas opciones posibles o podrían existir más alternativas?

Sí, sí existen otras alternativas. Una de ellas es en la que quiero concentrarme. Pero antes necesito enfatizar lo insistente que ha sido en mi experiencia esa opinión de querer forzar dos opciones artificiales.

Que sea un socialista el que la cometa es comprensible, porque después de todo mucha de su ideología depende de forzar el dilema falso logrando asociar al socialismo con la caridad y al capitalismo con el egoísmo.

Pero lo que llama la atención es que esa misma mentalidad haya sido adoptada por otros, convertidos así en «compañeros de viaje», esos inocentes que sin darse cuenta se tornan en colaboradores socialistas.

Pero vayamos al centro del tema, el de si esa disyuntiva es real o no. ¿Hay solo dos opciones, lograr la felicidad personal o lograr la felicidad de los demás?

Creerlo significaría que si yo quiero hacer felices a los otros entonces yo seré infeliz; y viceversa, si yo quiero ser feliz entonces haré infelices a los demás.

Es difícil encontrar cimiento sólido en eso porque si yo realizo acciones, las que sean, ellas tienen como propósito siempre lograr que me encuentre en una posición mejor posterior a la acción. Esta es la única justificación posible de las acciones que realizamos.

Ese «terminar en una posición mejor» es muy amplio y admite cualquier acto que logre tal propósito. Podría ser el robar billeteras en la calle, lo que reportaría beneficios al ladrón y un daño a la víctima. Pero también podría ser el pagar una beca a un estudiante sin los medios suficientes, lo que reportaría beneficios a ambos, al donante y al receptor.

Pongámoslo de la siguiente manera: la concepción que tenemos de felicidad personal no excluye a la felicidad ajena; más aún, muchas veces, la mayoría, la felicidad propia incluye a la felicidad ajena.

Una parte básica de nuestras necesidades está constituida por el deseo que ayudar a otros, de hacer felices a otros. No existe, por tanto, ese dilema. Una porción grande del logro de nuestro bienestar consiste en lograr con nuestras acciones el bienestar de otros. Las familias son un clásico escenario en el que eso sucede en las más pequeñas acciones.

Esto no es nuevo. Puede encontrarse en los Evangelios; es eso de «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». No hay aquí oposición alguna. Puede uno amarse a sí mismo y amar a los demás también, al mismo tiempo.

Muy bien, entonces queda desmentido lo que dijo esa persona y no existe ese dilema moral de solo dos opciones. Esto es importante porque rompe con la asociación artificial de socialismo/caridad y capitalismo/egoísmo, pues muy bien podrá tenerse un régimen capitalista en el que reine el egoísmo como un régimen socialista en el que eso mismo suceda.

La cosa, sin embargo, no termina allí y debe aceptarse que existen situaciones en las que efectivamente sucede que el aumento de la felicidad de una persona solo puede lograrse con la disminución de la felicidad de otras. Conocemos los casos: robos, fraudes, mentiras, abusos y muchos otros más.

Y, finalmente, algo que es fascinante. Piense usted en M. Kolbe, quien se ofreció a morir en un campo de concentración nazi a cambio de salvar la vida de otro prisionero. Esta acción persiguió, sin duda, ayudar a otro.

¿Hizo esa acción infeliz a Kolbe, o al contrario, lo hizo feliz? Usted ya tiene elementos para responder esa pregunta.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.Estándar: 800 palabras / 4,500 caracteres = 3 minutos





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