Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Soberbia Histórica
Eduardo García Gaspar
23 agosto 2016
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La idea es rica en significado. Ella habla de religión y de su posibilidad de comprenderla, pero que va mucho más allá.

«En resumen, si el Cristianismo no es capturado simplemente como un conjunto de dogmas, un código moral, o una vista del universo —aunque el Cristianismo ciertamente comprende un conjunto de dogmas, moralidad y una visión del mundo— ya que el Cristianismo es al final los actos de Dios en el tiempo y el espacio, centralmente los actos de Dios en Cristo, entonces el estudio del Cristianismo es continuamente el recordar el carácter histórico de la fe Cristiana». Noll, Mark A. 2012. Turning Points: Decisive Moments in the History of Christianity.

La idea es contundente: no hay manera de entender al Cristianismo si en su comprensión no se incluye su historia. No creo que eso pueda contradecirse, pero hay más. Quizá muy pocas cosas puedan realmente comprenderse sin considerar su historia.

Tome usted, por ejemplo, la idea de ‘democracia’, tan exagerada en nuestros tiempos. Añadirle un cierto panorama histórico ayudará a entenderla mejor y, seguramente, dejar de adorarla sin limitación. La democracia griega, por ejemplo, poco o nada tiene de lo que nosotros entendemos como eso.

O tome usted, por ejemplo, al reciente nacionalismo económico de los políticos estadounidenses (entre otros). Visto como una noticia de actualidad es enormemente limitado al hacer de lado la historia de esa idea y cómo ella fue implantada para más tarde ser desacreditada con poderosas razones.

El libro citado arriba resume bien el efecto de examinar la historia:

«[…] ver en el pasado que personas muy creyentes fueron capaces de mantener extrañas interpretaciones de la Escritura debe ser un aviso para todos nosotros».

Es una buena forma de ponerlo. La historia nos avisa. Es como un tablero de notificaciones de precaución. Es como el amigo que nos grita «¡Cuidado!» cuando estamos a punto de tropezar.

Puede verse de otra manera, la de una lección en humildad: reconozcamos que sabemos menos, que no podemos presumir de tanto conocimiento como el que pensamos tener. Recuerda eso a una alumna que tuve hace años.

Dijo ella en una clase que en su opinión no debían leerse libros de hace más de 10 años porque estaban atrasados y estaban desactualizados. Reaccionaba así a lecturas que había dejado yo en clase, de F. Bastiat.

Pensar así es un tanto soberbio, una muestra que lo que quizá esté afectando a nuestros tiempos, la soberbia histórica: la creencia de que todo lo actual es por definición mejor que lo pasado.

Lleva esto a cosas como desechar a Bastiat y sustituirlo con T. Piketty , simplemente por ser nuevo y popular. O a poner de lado a Los Miserables para quedarse con Paolo Coehlo.

Eso que llamo soberbia histórica y que hace pensar que solo lo nuevo es digno de consideración, equivale a una pérdida grande en la comprensión de lo que vivimos, sean asuntos religiosos, económicos, políticos, o culturales.

Suponer que en nuestros tiempos se sabe lo suficiente como para creer que las generaciones anteriores eran una punta de ignorantes, produce el olvido de la real posibilidad de estar cometiendo errores iguales o mayores que los cometidos antes. Eso es lo que debe causar temor.

Puede verse como un edificio en construcción, en el que los cimientos son históricos. Si usted habla de Economía, será algo miope olvidarse, por ejemplo, de los Escolásticos Tardíos.

Eso ha sido expresado en la muy citada frase «Si he logrado ver más lejos, ha sido porque he subido a hombros de gigantes». Si no se pone atención en esos sobre los que uno está sostenido, está uno en riesgo de caer.

Esto nos lleva a los dos componentes de la soberbia; (1) el orgullo propio y (2) el desprecio a los demás; lo que en la soberbia histórica lleva al orgullo de lo nuevo y el desprecio de lo viejo.

Esto puede verse en el desprecio de las tradiciones, lo que equivale al desaire de las lecciones del pasado, un camino que lleva a cometer los mismos errores otra vez.

Y plantea, creo, a una pregunta muy actual:

«¿Cómo explicamos entonces la popularidad del intervencionismo económico gubernamental mostrado, por ejemplo, en el apoyo juvenil al socialista aspirante a candidato presidencial Bernie Sanders?» PanamPost

Hay una respuesta en un concepto fascinante, más oscuro que el de la soberbia histórica, la necrofilia ideológica:

«La necrofilia ideológica es el amor ciego por ideas muertas. Resulta que esta patología es más común en su vertiente política que en la sexual. Encienda su televisión esta noche y le apuesto que verá a algún político apasionadamente enamorado de ideas que ya han sido probadas y han fracasado. O defendiendo creencias cuya falsedad ha quedado demostrada con evidencias incontrovertibles». El País

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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