Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Y Para Qué Vivir?
Eduardo García Gaspar
7 noviembre 2016
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La pregunta fue áspera. «¿Y para qué vivimos?»

Se refería al sentido de la vida, a la razón última de lo que hacemos. La planteó de manera inocente, sin quererlo realmente.

Quizá sea la pregunta más grave, más seria que nos podamos hacer. Es el sentido de la vida.

Hay una respuesta general, pero que no satisface. Es incompleta. Imagino que si se pregunta a las personas dirán que quisieran ser felices, que ese es su propósito de vida, la razón por la que hace lo que hacen.

No está mal la respuesta, pero obliga a preguntar otra vez.

¿Qué es felicidad para ti? Habrá multitud de respuestas, la mayoría de ellas, mucho me temo, consistentes en clisés usados y abusados: realizar mis sueños, ayudar a los demás, cambiar a mi país, educar a mis hijos, ser mejor… y el resto de las respuestas estándar.

Un escéptico diría que la mejor opción es observar conducta real, lo que la gente hace de verdad y no lo que dice. Hablar de que la felicidad es leer libros y encontrar que solo ve telenovelas, por ejemplo, justifica ese escepticismo.

De la conducta real individual pueden derivarse datos agregados, quizá con datos de popularidad, grandes ventas y altos ratings. Esos datos pueden «hablar» mostrando rasgos de lo que hace feliz a la gente. Una especie de pistas que permiten intuir las ideas de felicidad que se tienen.

Por ejemplo

«La demanda de cirugías plásticas no sólo se remite a Estados Unidos, en México también va en aumento. “Cada día más niños solicitan consultas para someterse a procedimientos estéticos, niños tan pequeños que oscilan entre los 8 y 9 años de edad” menciona el Dr. Serafin Iglesias, Presidente de la Escuela de Cirujanos Plásticos del Valle de México». Salud180. com

Un dato solo, pero que si está acompañado por otros similares, quizá puedan tomarse como indicaciones de lo que la gente considera felicidad. Saber que Cincuenta Sombras de Grey ha sido el libro más vendido en México en 2015, también es otro indicio.

Como lo puede ser el tipo de celebridades más populares en las redes sociales.

Esos indicios que son cientos y seguramente miles, forman una idea general de la definición de felicidad que se tiene en general, Con cierta perspicacia podrían detectarse cambios y tendencias; incluso podrían hacerse pronósticos.

En fin, mi punto hasta ahora es que la conducta personal dice más que la palabra personal cuando se trata de conocer cuál es la definición de felicidad que la persona ha adoptado.

Es en este momento que las cosas se ponen interesantes, cuando se pregunta uno para qué. Si sigo el camino tradicional, entonces tengo que plantear la alternativa de Aristóteles y que no está nada mal.

Camino uno: felicidad lograda por medio de conductas que producen diversión, entretenimiento, placer, fama, riqueza. En fin, todo eso que es material, vivir por vivir tratando de hacer lo que sea que uno quiera y produzca gusto personal inmediato.

Este es el camino de las cirugías plásticas, del gasto en lujos, de la fijación en celebridades, de la obsesión material.

Camino dos: felicidad lograda con la virtud, el deseo de mejorar, conocer, saber y actuar según lo que debe ser. Este es el camino del que J. Ortega y Gasset (1883-1955) juzga que es la minoría, en oposición a la masa que se siente satisfecha con no ser diferente al resto.

¿Cuál es la diferencia entre esos dos caminos? La respuesta que dan a la pregunta de para qué vivir, es decir, el propósito de la vida. Cuando se carece de un propósito, el camino uno es el adecuado. No tiene sentido, por ejemplo, esforzarse estudiando una carrera cuando se puede pasar el tiempo bebiendo en la playa.

O bien, mejor dicho, cuando puede personalmente seleccionarse un propósito cualquiera, esta libertad produce una carencia práctica de propósito. Dedíquese a lo que usted quiera y que ese sea el objetivo de su vida, como el preocuparse por la apariencia física o cualquier otro.

Pero lo interesante que se presenta es la posibilidad de que sí exista un propósito humano, algo que sea dictado por la propia naturaleza humana. Esto, creo, es la idea de Aristóteles, la de que sí existe un propósito de vida humana al que estamos obligados si queremos ser felices en verdad. Es la razón última por la que existimos, la causa última.

Esa es la respuesta de «¿Y para qué vivimos?», algo que sea un fin en sí mismo y no un medio. Algo que sea suficiente en sí mismo para tener una vida feliz. Y eso, según este filósofo, es la vida virtuosa, una combinación de razón, moral, prudencia y dominio de las pasiones.

Post Scriptum

Una forma de entender a la vida feliz:

«La vida feliz es una vida “reglada” por la razón y no abandonada al desorden de deseos y pasiones, reglas que tienen que ver con la moderación porque las cosas se destruyen (se “desvirtúan” o dejan de ser ellas mismas) tanto por exceso como por defecto. Aristóteles nos ha ha dejado distintas listas de virtudes. Para entender el significado de la idea de virtud sobre todo conviene fijarnos en las cuatro virtudes cardinales: la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza». ConFilosofía.com

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