Falacias engaños
Trucos de la mente

La falacia ad verecundiam, la del experto y la celebridad. También llamada argumentum ad verecumdiam, consiste en sustentar una afirmación en la autoridad que le otorga un experto en la materia. Y una variación interesante, la del apoyo que le da una celebridad.

Falacia ad verecundiam, definición

Ella es sencilla de exponer, por ejemplo, en esta definición:

«La falacia ad verecundiam o falacia de autoridad, consiste en apelar al respeto o prestigio de una persona para respaldar un argumento. Es una falacia lógica de autoridad, por eso se le conoce también con el nombre de argumentum ad verecundiam (en latín, argumento de respeto)». lifeder.com

Un modo de razonar por el que una afirmación se toma como verdadera debido a que ella fue declarada o apoyada por una persona considerada como una autoridad en el campo.

O como se explica en otra parte:

«La falacia Ad Verecundiam, Magister Dixit o Argumento a la Autoridad es una falacia que consiste en aludir al prestigio de la persona o  grupo pero sin aportar razones». retoricas.com

Nótese el otro nombre de esta falacia, Magister Dixit, es decir, «lo dijo el maestro», el experto, la autoridad.

La estructura de la falacia ad verecundiam

Ella tiene un esquema simple que es el siguiente:

  • La persona A es un experto en la materia.
  • La persona A afirma x.
  • Por lo tanto, x es cierto.

Por ejemplo:

  • Max Planck es un experto en Física y Matemáticas.
  • Planck dijo que la energía de un cuanto o fotón depende de la frecuencia de la radiación.
  • Por lo tanto eso es cierto.

El error de la falacia ad verecundiam

La falla del razonamiento es la total prueba de certeza cimentada en la autoridad del experto o grupo de expertos. Mientras que eso puede producir respeto, no es una prueba suficiente de la verdad de la afirmación.

Por ejemplo, una nota periodística, «Joseph Stiglitz | Premio Nobel de ciencias económicas 2001. “Los datos son abrumadores. Subir el salario mínimo no daña al empleo”». No es suficiente que lo diga el experto economista para tomarlo como verdad. Otros muchos economistas opinan distinto.

Expertos fuera de sus terrenos

La falacia ad verecundiam, por tanto, se sostiene sobre la autoridad del experto en la materia de la afirmación. Si ella es algo relacionado con Química el experto congruente sería alguien con estudios y experiencia en esa materia.

¿Qué pasa cuando el experto en una materia opina sobre otras materias en las que no es experto? O, peor aún, si quien hace la afirmación no es experto en la materia sino solamente una celebridad.

La posibilidad ha sido explicada así para un caso particular:

«No hay más valor en la afirmación de un físico matemático convertido en teólogo del que hay en una afirmación de un teólogo convertido en físico matemático». Fulton J. Sheen, Old Errors, New Labels.

Transferencia de credibilidad de la autoridad

El fenómeno es fascinante. No solamente en sí mismo. También es alucinante por la popularidad adquirida. Es una transferencia de la credibilidad del experto.

Esquemáticamente eso funciona así:

  • La persona A es un experto en el campo k
  • La persona A afirma x en el campo q
  • Por lo tanto x es cierto.

Por ejemplo, un cardenal refiriéndose a A. Einstein, hace muchos años:

«No tiene él más derecho a ser escuchado tratando a la religión del que yo tengo en matemáticas, por el simple hecho de que no sé nada de matemáticas y él no sabe nada de religión». Ibídem.

El fenómeno es uno de transferencia de credibilidad, mediante el que muchos suponen que si una persona es una experta en el campo k del saber, eso permite darle la misma credibilidad en el campo q, que no es su especialidad.

Casos de expertos fuera de su especilidad

Un ejemplo es el de «Stephen William Hawking […] un físico teórico, astrofísico, cosmólogo y divulgador científico británico». Cuando habla de religión se le escucha, lo que significaría que también se le debiera escuchar cuando hable de cómo curar caries dentales.

En falacias.escepticos.es esto ha sido explicado así, un escritor diciendo: «Como Nobel de Literatura, recomiendo el vino tinto para combatir la caspa».

Otro caso es el de los intelectuales, entre los que son célebres juicios políticos equivocados, errores racionalistas y un sesgo socialista notable. Por ejemplo, el de escritores y literatos opinando sobre cuestiones económicas técnicas.

Celebridades, el caso extremo de la falacia ad verecundiam

Sucede en nuestros tiempos de escasas neuronas y demasiada televisión un fenómeno llamativo, el de la celebridad.

La persona reconocida popularmente, la que es famosa y recibe atención en medios masivos. Desde ciertos actores o artistas hasta personajes que pueden verse como activistas.

Es la incorporación de la celebridad al mundo de las ideas que son ajenas a su conocimiento central. A más fama, más difusión de su idea y, muy probablemente, mayor credibilidad general.

En ese mundo intelectual las ideas abundan y se multiplican como nunca antes, con un problema, el de que su estándar de evaluación está más fundamentado en la celebridad de su difusor que en la solidez de su argumentación. La fama mediática sustituye al uso de la razón.

O cuando alguien se apoya en el testimonio de una celebridad para criticar a la monogamia o emitir una opinión teológica.

«La idea del matrimonio es muy romántica […] Pero no creo que sea natural ser una persona monógama». Scarlett Johansson.

«No veo a ningún Dios aquí arriba». Yuri Gagarin.

Libertad de expresión

Muy ligado a esta falacia está el derecho a opinar. No se trata de negarlo, sino de evaluar las opiniones. Especialmente cuando ellas son emitidas por personas que no son expertas.

Un caso singular es el de «Greta Thunberg es el icono que el planeta necesita con urgencia», pues combina a la celebridad mediática con el activismo, sin necesidad ya de considerar experiencia científica.

El argumentum ad verecumdiam es el uso exclusivo del prestigio o popularidad de una persona como prueba demostrativa de una opinión cualquiera. Y es diferente del argumentun ad auctoritatem, en el que se usa el prestigio de una autoridad para apoyar adicionalmente una cierta opinión en su campo de conocimiento.

En resumen

Cuando alguien usa solo la «prueba» de que alguien famoso o célebre o experto piensa de cierta manera para demostrar que esa opinión es verdadera, estamos frente al argumentum ad verecundiam.

Es un razonamiento incompleto, débil e incluso erróneo que tiene un caso extremo cuando el cimiento se coloca en celebridades mediáticas que no son expertas en el campo en el que opinan.

Como ha sido explicado magistralmente, esta falacia:

«[…] es una apelación al prestigio o respeto en el que un defensor de un argumento es considerado como una garantía de la verdad del argumento. Esto no se justifica cuando se requiere razonar sobre un tema y solo se considera la autoridad de sus defensores u oponentes. Es perfectamente legítimo complementar el razonamiento con autoridad (argumentum ad auctoritatem), pero es falaz sustituir la autoridad por el razonamiento en asuntos que puedan ser entendidos por la razón. Esta falacia es particularmente perniciosa cuando la autoridad citada no es una autoridad en el asunto en discusión. Por ejemplo, el respaldo de celebridades a productos de consumo o causas políticas constituye un argumento ad verecundiam». Joseph, Sister Miriam. The Trivium: The Liberal Arts of Logic, Grammar, and Rhetoric (p. 204). Paul Dry Books. Kindle Edition.

Y unas cosas más para el lector curioso…

Conviene ver:

El último libro citado es particularmente recomendable en estos terrenos:

The Trivium: The Liberal Arts of Logic, Grammar, and Rhetoric

The Trivium: The Liberal Arts of Logic, Grammar, and Rhetoric by Miriam Joseph

My rating: 3 of 5 stars
Es un libro de texto y su estilo es directo y al grano, cubriendo una enorme cantidad de temas. Esto resultará tedioso a todo lector que no tenga un interés especial en el «Trivium»: gramática (general no de idioma), lógica y retórica.
La autora, Hermana Miriam Joseph (1898-1982), una monja que vio publicado su libro a finales de los años 30 el siglo pasado.
El Trivium, para propósitos prácticos, enseña el uso del lenguaje, de la razón y de la comunicación. materias que no parecen haber sido enseñadas en años recientes. Lo recomiendo a estudiantes de comunicación como una lección en humildad que les demuestra que desde hace siglos, muchos siglos, su materia era objeto de estudio.
View all my reviews

[La columna fue actualizada en 2020-01]