Simplismo económico

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Quiero resaltar, con brevedad, un tipo de suceso político en extremo común —y provocado por lo que creo es un simplismo intelectual extremo.

Por todas partes se escuchan proposiciones como las que apunto ahora:

• Aumentar el salario de trabajadores para aumentar su poder de compra e incentivar a la economía.

• Retirar el examen de admisión de las universidades para que todos puedan estudiar,

• Cerrar las fronteras para que localmente se produzcan los bienes antes importados.

• Otorgar créditos blandos a todas las pymes.

• Perdonar deuda de países pobres.

No sigo porque la lista es extensa y allí está bien representada —mostrando propuestas políticas comunes, las que vistas más de cerca muestran un simplismo intelectual considerable.

Todas ellas siguen un modelo inocente de relación causa-efecto —los «procesos causales limitados», como los llamó F. Hayek.

Son modos incautos de pensar que asocian causas y efectos sin precaución para explicar medidas propuestas, como el pensar que puede elevarse el nivel de compra de las personas por medio de decretos que elevan el salario obligatorio.

¿Quiere alguien que la gente viva mejor? Por supuesto. ¿Para vivir mejor se necesita tener ingresos mayores? Definitivamente. Entonces todo es simple: dese dinero a la gente y en automático vivirán mejor.

Pensar así es como trasladar un experimento con variables controladas en un laboratorio, a la realidad —suponiendo que no hay ninguna otra variable que altere la relación causa-efecto: cerrar fronteras para crear empleos locales.

Las explicaciones inocentes del simplismo intelectual persiguen mostrar y solucionar situaciones complejas —como el reducir tasas de interés en préstamos hipotecarios para que sea fácil ser propietario de casa propia.

El proceso mental encuentra un efecto que quiere lograr, como evitar rechazos de jóvenes que quieren entrar a la universidad —determinando una causa: quitar exámenes de admisión haría imposible rechazar solicitudes.

Si los precios de los bienes suben ese problema puede solucionarse: se establece un control de precios (causa) que tiene como consecuencia la estabilidad de precios (efecto).

El problema es que claramente no se está en un laboratorio; que las variables son muchas y tienen relaciones complejas, incluso desconocidas —por lo que no puede usarse esa relación simple de causa-efecto cuando se toman acciones como esas.

No puede suponerse que un gobernante realice una acción como el decretar aumentos de salarios por encima de la inflación y eso solo tenga el efecto de aumentar el poder de compra. Esos aumentos tendrán efectos en otras variables produciendo consecuencias que muy bien pueden producir lo opuesto a lo buscado.

Creo haber podido demostrar el simplismo intelectual convertido en un problema peligroso y real de la política —y que lleva a la implantación de acciones gubernamentales irresponsables por sus efectos negativos imprevistos.

La sociedad no es un laboratorio donde sea posible mantener constantes a todas las variables y hacer experimentos. El costo de hacerlo es la pobreza del país que permita a sus gobernantes hacer eso —como la inversión en refinerías propuesta en México recientemente y motivada por la creación de empleos.

Un ejemplo claro es la política redistributiva de ingresos o riqueza, la que presupone que la igualdad (efecto) puede lograrse quitando a unos para darle a otros por la vía gubernamental (causa) —lo que daría resultados en un experimento muy simple sin considerar efectos en variables adicionales.

Lo que he tratado de resaltar es el simplismo intelectual de las propuestas políticas sustentadas en relaciones ingenuas de causa-efecto sin considerar efectos colaterales —pero que sucede a diario y puede verse perfectamente bien en las propuestas de gobernantes durante períodos de elección.

Cuando el gobernante entiende al mundo con relaciones simples de causa-efecto, nada le resulta imposible y prometerá lo más absurdo —un problema que se agrava cuando el votante también entiende al mundo con relaciones simples de causa-efecto.

Entonces, ambos, gobernante y gobernado, pensarán que es posible progresar y crecer haciendo cosas como bajar tasas de interés, elevar pensiones por decreto, prohibir importaciones y demás. Por supuesto, así nunca habrá progreso.

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