Conservación de la libertad. Mantenerla con solidez y firmeza. Después de todo, adquirirla ha tenido altos costos. Defenderla de los ataques de las propuestas de sociedades perfectas diseñadas racionalmente en papel.

Mantener a la libertad

Un asunto de conservación, de mantenimiento y preservación de la libertad que se ha logrado en las sociedades que se han formado durante siglos. Es un pensamiento típicamente conservador.

Parte de un principio que consiste en valorar lo que se ha formado durante el tiempo esas sociedades que son ahora libres o van en camino a serlo.

Tradiciones, normas, reglas, fiestas, historia, idioma, redes familiares, confianza mutua, cocina, costumbres. Todo eso que define a la sociedad libre y que, por eso, debe preservarse. Es decir, custodiarse para la conservación de la libertad que tienen sus miembros.

Un llamado a la prudencia

No es la conservación que produciría la congelación de la sociedad en el tiempo. Tampoco es un regreso nostálgico a tiempos anteriores supuestamente mejores. Pero sí es la cuidadosa adaptación gradual de lo existente a la realidad cambiante.

Es una solicitud de ser cuidadosos, de ser prudentes y moverse con precaución. La sociedad es compleja y frágil. Puede dañarse fácilmente. La libertad viene sin garantías de conservación. Son estas parte de las características de los conservadores.

Mentalidad conservadora

Un autor actual expresa esto añadiendo un elemento genial:

«[…] nosotros seres racionales necesitamos costumbres e instituciones que se funden en algo más que la razón, si queremos usar nuestra razón para un buen efecto. Esta visión, de hecho, es probablemente la principal contribución que el conservadurismo ha hecho a la autocomprensión de la especie humana».Scruton, Roger. Conservatism: An Invitation to the Great Tradition (Kindle Locations 166-168). St. Martin’s Press. Kindle Edition. Mi traducción.

La razón y algo más

Ese elemento es el de que «necesitamos costumbres e instituciones que se funden en algo más que la razón». No que hagamos de lado a la razón y tengamos sociedades inexplicables racionalmente.

Pero, lo más importante, tampoco que tomemos a la razón solamente y nos deshagamos de lo que en la sociedad no tiene una explicación lógica.

Es una llamada de atención, muy característica del conservadurismo. Ese aviso de tener cuidado con las personas y sus doctrinas que prometen una sociedad racional que comenzará por tirar por la ventana lo que no pase por el filtro de la razón. 

Dos sociedades en competencia

La comparación entre dos sociedades explica el llamado a la conservación de la libertad.

La sociedad real libre y compleja. Ella es imperfecta y difícil de comprender en su totalidad. Tiene aspectos inexplicables, facetas dudosas, lados cuestionables.

La sociedad diseñada en papel. Ella es perfecta y justificada con claridad. No tiene nada ilógico, ni irracional. Al contrario, todo tiene sentido y nada hay de inexplicable en ella.

La comparación entre ambas

Las dos sociedades, al ponerse una junto a otra, producen una reacción lógica normal. ¡La sociedad diseñada en papel es mejor, mucho mejor, debemos intentar implantarla!

El conservador es el que lanza un aviso de precaución. La sociedad diseñada en papel no viene con garantía.

¡No, no hay que dejarse deslumbrar por la sociedad perfecta diseñada en papel, eso implica destruir la sociedad real que ha costado mucho formar!

La ayuda sorpresiva del liberal

En liberal original defiende la conservación de la libertad económica porque espontáneamente la iniciativa de las personas, sus acuerdos, colaboraciones, competencia y acciones, producen mercados libres que habrían sido imposibles de crear por medio de una planeación central teórica y deductiva. 

Un mercado libre es algo que un racional extremo no podrá justificar lógicamente. Un mercado libre forma costumbres e instituciones que se sustentan en algo más que la sola razón. Y el liberal querrá conservar esas creaciones del mercado libre, por ilógicas y extrañas que puedan parecer a otros. Es algo muy complejo, imposible de reproducir en papel.

Pues bien, el conservador actúa igual que el liberal cuando intenta conservar las creaciones (costumbres e instituciones) que espontáneamente ha creado la sociedad y de cuya existencia depende ella. No solo asuntos económicos, sino también el resto.

No distinto a un mercado libre, lo que me produce la idea de que el liberal y el conservador tienen algo en común y que quizá ninguno de los dos vea con claridad. 

Ambos defienden lo creado en el tiempo como producto de millones de iniciativas de muchas personas. Eso que han creado, llámese mercado libre o tradición y costumbres, es algo que no puede ser explicado de manera totalmente racional al estilo del buscador de sociedades racionalistas y lógicas.

Es curioso que ambos, el liberal y el conservador, tengan al mismo enemigo, ese ardiente creyente en la posibilidad de una sociedad que en papel es perfecta y solo necesita que sea implantada por la autoridad, la que comienza por deshacerse de eso para lo que no encuentra una explicación fría y racional.

Deshacerse de ceremonias, fiestas, instituciones, costumbres, moral, y también, de libertades. Porque, después de todo, en buena parte fue la libertad de generaciones lo que produjo esa sociedad real.

Un ejemplo, el calendario republicano

Un ejemplo de la planeación racional fue el calendario republicano creado en Francia después de la revolución. Fue diseñado lógicamente por un matemático y varios astrónomos, más un poeta. 

«[…] los años siempre empezaban en el equinoccio de otoño, tenía doce meses de treinta días cada uno. Los meses se dividen en tres décadas de diez días (desaparecen las semanas). No coinciden exactamente con los meses del calendario gregoriano, al empezar siempre la cuenta de los meses con el inicio astronómico de las estaciones, tal y como se hace también con el zodiaco griego. Los nombres de los meses adoptan denominaciones de fenómenos naturales y de la agricultura». Ibídem

Por ejemplo, los meses asignados al invierno eran:

«Nivoso (Nivôse, del latín nivosus, ‘nevado’), a partir del 21, 22 o 23 de diciembre. Pluvioso (Pluviôse, del latín pluviosus, ‘lluvioso’), a partir del 20, 21 o 22 de enero. Ventoso (Ventôse, del latín ventosus, ‘ventoso’), a partir del 19, 20 o 21 de febrero». Ibídem

Es claramente más lógico y racional este calendario nuevo que el creado por las generaciones anteriores paso a paso. Un buen ejemplo de la imperfecta tradición conservada y del diseño perfecto en papel.

Del calendario al resto de la sociedad

De esa manera, pueden hacerse planes racionales para mejorar a la familia, a los hijos, a las escuelas, al arte, a la ciencia, a las calles, a lo que se quiera. Incluyendo a la Moral y a la Ética.

La sociedad real, compleja, imperfecta y no totalmente racional es un objeto que presenta una tentación irresistible para quienes piensan poseer la capacidad para diseñar a la sociedad perfecta e ideal.

La gran sorpresa

Al resplandor que acompaña a las sociedades diseñadas en papel suele seguir el asombro de su impracticabilidad. Una vez implantadas, ellas no funcionan. No producen los resultados prometidos. La razón es obvia.

La nueva sociedad diseñada en papel tiene un obstáculo, la misma naturaleza humana que creó a la sociedad espontánea y libre. Ella no se acomoda a la sociedad teórica y eso produce tragedias. Un ejemplo, el de Pol Pot en Cambodia y que necesitó cambiar esa naturaleza:

«El hombre nuevo requería comenzar de cero y para ello había que eliminar todas las influencias de la etapa que se dejaba atrás. Así mataron sistemáticamente a los médicos, abogados, maestros, músicos, traductores y luego siguieron con los opositores y más tarde con las purgas internas de los disidentes y todo aquel que fuera acusado de conspirar contra el régimen». infobae.com

La conservación de la libertad

En resumen, conservar a la libertad es defender a las sociedades que ella ha creado de los ataques de quienes proponen sociedades diseñadas en teoría.

Y ahora algo más: explicando las actitudes detrás de la conservación y defensa de la libertad

La actitud conservadora: un test

Por Leonardo Girondella Mora –   21 marzo, 2006

Mi intención es profundizar el el significado del conservadurismo y hacerlo con preguntas que el lector debe responder.

Cuántas más respuestas afirmativas dé, más conservador será.

El test: cinco preguntas

1. ¿Apoya usted ideas de libertad de mercados, comercio libre, gobiernos pequeños, impuestos bajos, libertad de expresión, división del poder, libertad religiosa?

2. ¿Apoya usted ideas de valores absolutos, responsabilidad personal, Estado de Derecho, propiedad privada?

3. ¿Tiene usted creencias religiosas, cree que Dios existe, que las personas valen en sí mismas, que se tienen obligaciones éticas y morales?

4. ¿Sospecha usted en las utopías propuestas por gobernantes que hablan de repúblicas bolivarianas, de nuevas eras de prosperidad, de sociedades perfectamente justas, de cambios de modelo social?

5. ¿Se opone usted a creer que la ONU debe regir al mundo, que todo se arregla mediante el diálogo, que lo que cuentan son las intenciones, que la diversidad es el más alto valor, que los gobiernos tienen como misión el hacernos felices?

Comentarios y precisiones

Dependiendo de las respuestas que usted mismo se haya dado, podrá averiguar sus inclinaciones —tal vez sea más conservador de lo que usted se imagina, o menos.

Y aquí entro a enfatizar otros de los rasgos que más pienso que caracterizan a los conservadores.

La palabra misma, conservar acarrea un significado muy claro —implica mantener, sustentar, continuar y en eso define la idea conservadora que teme a las ideas demasiado revolucionarias, demasiado extremas. Especialmente cuando ellas implican destruir lo existente como requisito indispensable para construir lo nuevo.

Por eso, la conservación de la libertad es una parte de la actitud conservadora. Algo que se marca muy bien en el rechazo del conservador a las propuestas de sociedades perfectas diseñadas en una biblioteca.

Es que la experiencia ha mostrado que nada de eso funciona. Los sueños de Marx y de Hitler eran de ese tipo, igual que los del New Deal y los de la New Society en los EEUU.

El conservador es un tipo prudente, que no se traga esos sueños apoteósicos de mundos futuros —y no se los cree porque la experiencia le ha mostrado que los hombres son imperfectos y que con esa materia prima las sociedades perfectas son una estafa.

Quizá por eso la mayor cualidad del conservador es la prudencia, la capacidad de anticipar las consecuencias de las acciones.

Quizá sea sorprendente que el conservador tenga otro rasgo opuesto al de los revolucionarios de grandes proyectos —su atención se centra en pequeños detalles, mientras que el revolucionario se dedica a las grandes concepciones sociales.

La diferencia entre ambos es portentosa. Un revolucionario quiere cambiar todo, absolutamente todo y es por eso que propone nuevos modelos, naciones nuevas, proyectos de nación, hombres nuevos.

En cambio, un conservador enfatiza cosas menos grandiosas, como sus quejas acerca de la vulgaridad en los medios y propone para mejorar, una por una las cosas.

El conservador no necesita destruir, porque él quiere mejorar lo existente, poco a poco, gradualmente. El revolucionario, en oposición al conservador, es áspero y bronco, impetuoso y burdo —desea quitarse el pasado, las costumbres, la tradición, la religión, los principios, porque todo eso estorba a sus proyectos.

Es un hombre, por eso, soberbio, altanero, lo opuesto al conservador, no desea quitarse de encima el pasado.

Al contrario, es sobre el pasado que quiere construir lo que sigue —no es soberbio, es prudente, cuidadoso, paciente y capaz de entender los medios indirectos.

Para progresar sabe que se proponen medios directos, como el gasto gubernamental crecido, pero él sospecha de eso que parece tan sencillo y prefiere lo indirecto, como quizá una sociedad de leyes y de valores.

Por eso el conservador suele ser un tipo religioso, que en las religiones ve efectos sociales positivos.

Y finalmente señalo otro rasgo de los conservadores. Es un tipo optimista al mismo tiempo que realista, en contraposición al revolucionario, que también es optimista pero al mismo tiempo soñador.

El conservadurismo es más pausado, más razonable, más difícil de explicar, más complejo y más lleno de sutilezas. Quiere la conservación de la libertad y lo hace con precaución.