Impuestos son realmente esclavitud. Por ser pagos obligatorios de servicios monopólicos y ser usados en antojos de los gobernantes, los impuestos pueden ser considardos una forma de esclavitud parcial.

Los impuestos son un flujo de recursos que se mueven del ciudadano común hacia el gobierno, por medio de la fuerza, y que se destinan al pago de las funciones gubernamentales.

Para el ciudadano es un retiro de recursos. Para el gobierno es un ingreso de recursos.

Contablemente es un juego de suma cero. Lo que uno pierde el otro gana. Económicamente, podría ser un juego en el que ambos ganaran si se retira la amenaza de fuerza para cobrarlos y el ciudadano los paga voluntariamente.

O bien, si el ciudadano valorara más lo recibido del gobierno de lo que pagó en impuestos (algo que solo puede ser determinado individualmente).

Pago obligado por servicios de gobierno

Los impuestos han sido comprendidos como una determinación de los recursos que los gobiernos necesitan para existir, para realizar las funciones que tienen.

Una vez determinada esa cantidad, la que casi siempre es creciente, se fijan los impuestos a pagar. Eso toma la forma de leyes que se aplican bajo amenaza de castigos (multas y cárcel), una particularidad que hace que los impuestos se asemejen a la esclavitud.

Cierto, ellos son necesarios para realizar una serie de funciones para el buen funcionamiento de la sociedad.

Especialmente las que se refieren al mantenimiento de un orden que proteja a las personas y sus bienes propios. Cosas como policía, sistemas judiciales, bienes públicos y cosas por el estilo. La razón de ser del gobierno.

Pago obligatorio

El pago de impuestos es necesario para cubrir los gastos del gobierno: pagar policías, jueces, legisladores y demás. Más aún, incluso es justificable que ese pago de impuestos sea obligatorio, pudiendo usarse la fuerza pública para ese propósito.

Lo que lleva a otra pregunta. ¿Cuáles son las funciones de un gobierno que justifican cobrar impuestos usando la fuerza? Este es el corazón del asunto.

Impuestos: pago de servicios de gobierno

Razonablemente, solo podrían justificarse los impuestos dedicados a pagar los gastos de las funciones indicadas arriba.

Más aún, razonablemente también, deberían ser los más bajos posibles para mantener la mayor cantidad de recursos en manos de quienes los han generado.

Sin embargo, las cosas en nuestros tiempos no son razonables. Es común pensar que los gobiernos tienen «un reclamo ilimitado de la riqueza de la gente», como lo expresó B. Goldwater (1909-1998), lo que redefine el criterio de la determinación de la cantidad de impuestos a pagar.

Un criterio adicionado

Ahora eso se calcula viendo qué porcentaje del ingreso personal es justo que pague cada persona y se expresa en un principio que establece que es justo que quien más gana debe pagar más. Donde ‘justo’ no tiene un significado claro.

O mejor dicho, ‘justo’ se define como lo necesario para cubrir más funciones de gobierno, adicionales a las anteriores, las que necesitan de más recursos.

Esto es hacer que ‘justo’ sea definido como suficiente como para cubrir el costo de las ocurrencias económicas del gobernante. Si él quiere construir un ferrocarril, lo hará con fondos públicos que vendrán de impuestos que son calificados de «justos».

Típicamente el gasto de un estado de bienestar que es mucho mayor y que añade un proceso adicional al gobierno: la redistribución de ingresos/riqueza (descontando el costo de administración del proceso, el costo de corrupción, el de descuido y el costo de uso electoral).

La mutación fiscal

Ya no es el pago de servicios como policía, calles, carreteras y similares. Ahora es el cobro por metas sociales de justicia que los gobiernos asumen.

La mentalidad esencial que conduce a la elevación de los impuestos y, por tanto al retiro de libertad y desperdicio de recursos, es la de presuponer que los gobiernos que más gastan son los que más prosperidad crean en la sociedad, los que producen sociedades más justas.

Consecuentemente, los impuestos tienen un significado que ha mutado. Si el antes estaban justificados por el pago de servicios de gobierno, como tribunales, ahora es por el pago de «programas de justicia» que el gobierno se asigna a sí mismo.

Un cambio notable para lo que Colbert (1619-1683) en Francia definió como el arte de desplumar. En ese tiempo para darle fondos a los caprichos del monarca, y en los tiempos actuales para darle fondos a las inquietudes justicieras e iniciativas económicas del gobernante.

Impuestos, obligatoriedad y esclavitud

Los impuestos implican que la persona trabaje obligatoriamente para el gobierno una parte del año, equivalente a la proporción de sus ingresos que pague en impuestos.

Si es de, por ejemplo, 25%, eso es una cuarta parte del año en la persona es esclava. Los impuestos como una esclavitud de tiempo parcial.

Entiendo que algunas partes de los impuestos se encuentren plenamente justificadas, como las que van a cubrir gastos de representación diplomática, de policía, de tránsito y otras para servicios que no puedan ofrecer otros.

Pero carece de toda justificación cobrar impuestos para que el gobierno haga publicidad para sí mismo, subsidie a partidos por los que yo no votaría, de pensiones a gente que no conozco, pagos a agricultores que son ineficientes o no los necesitan y demás.

Pagar humoradas económicas

Esto es lo que ilustra la transformación de los impuestos. De pago de servicios gubernamentales a pago de antojos y humoradas económicas del gobernante.

Y sin embargo se hace eso porque el gobierno ha sido muy exitoso en convencer a los ciudadanos de que él debe gastar sustituyendo a nuestras decisiones individuales.

Podíamos decidir la escuela a la que irán nuestros hijos, pero el gobierno toma esa decisión. Podíamos decidir a qué hospital ir, pero el gobierno lo hace por nosotros. Podíamos comprar la marca de gasolina que deseáramos, pero él nos cancela esa decisión.

Podíamos dar donativos a las obras que más nos convencieran, pero también el gobierno lo hace por nosotros.

En otras palabras, lo que los impuestos involucran es más que esclavitud, también es sustitución de decisiones. Retiran el dinero de nuestros bolsillos, lo gasta por nosotros y nos quita libertades.

Eso es erróneo por tratarse de un ataque a la libertad de las personas y sus derechos.

Recobrar el sentido común

Los impuestos, por esas razones, son un campo en extremo sensible y debe ser guiado por principios centrales sobre los que sean decretados.

Impuestos simples

Uno de esos principios es el de la simplicidad: ser de tal naturaleza que pueden ser calculados y pagados con extrema sencillez

Algo que desde luego no ocurre, pues se tienen leyes de complejísima redacción y confusa interpretación. Strike one. Impuestos y esclavitud por complejidad.

Impuestos iguales

Otro de esos principios es el de la igualdad. Si todas las personas son iguales, entonces debe ser tratadas de esa manera en todas las leyes, lo que incluye a los impuestos.

No tiene sentido cobrar menos impuestos a unos que a otros, ni poner impuestos especiales a ciertos productos pero no a otros. Incluso los impuestos progresivos estarían en tela de juicio. Strike two. Impuestos y esclavitud desigual.

Buena administración

También, los impuestos deben ser administrados con cuidado equivalente al que le daría el dueño original. La tradición en esto es la que todos sabemos.

Los impuestos son utilizados en buena medida con el objetivo del beneficio político de los gobernantes y no del ciudadano. Strike three. Impuestos y esclavitud con malos manejos de recursos.

Lo más bajos posibles

Luego, también hay otro principio, el de la cantidad de impuestos a pagar: los más bajos posibles, de tal cuantía que la afectación sufrida sea la menor posible en los ciudadanos.

Es una cuestión de justicia el permitir que el ciudadano mantenga en todo lo posible la misma posición original previa al pago de impuestos.

Así el ciudadano estará en capacidad de contar con recursos manejados por él según lo crea mejor de acuerdo a su conveniencia individual. Si fuera posible, este sería el cuarto strike. Impuestos y esclavitud cara.

Reducir impuestos, no aumentarlos

Los costos de todo, cuanto más bajos sean, mejor. Esto opera a nivel personal, cuando lo que compramos para nuestro consumo tiene precios bajos.

De dos tomates iguales, es mejor el que tiene precio más reducido. Y esto también funciona para las empresas. De dos proveedores de maquinaria es mejor el que ofrece el menor precio cuando ambas condiciones son similares.

De allí es posible deducir algo muy racional. Cuanto más bajos sean los impuestos mejor, pues los impuestos son un costo también. El costo de tener policía, tribunales, legisladores, embajadas y otros servicios más cuyo proveedor es el gobierno.

Cuanto más bajo sea el precio de lo que usamos, mejor viviremos. Y ya que los impuestos son un costo, es lógico que aplique la misma idea. Cuanto más bajos sean mejor. Pero, hay algo que hace a los impuestos un costo de naturaleza especial.

De nuevo, impuestos y esclavitud legalizada

Los impuestos no son voluntarios. Usted compra, si quiere, una lata de cerveza. Si no quiere, no la compra y ya.

Pero no se puede evitar el pago de impuestos y si acaso usted no los paga va a estar en violación de la ley. El cobrador de impuestos, por eso, no va a tener un incentivo de peso para reducirlos.

Los que producen la cerveza sí tienen ese incentivo para así vender más, pero no el gobierno que «vende» sus servicios por la fuerza.

Clásico monopolio

Por simple sentido común, es lógico que los impuestos sean más elevados de lo que pudieran ser, ya que no existe competencia de servicios de gobierno.

Sin competencia y sin incentivos de eficiencia para trabajar, los gobiernos no tienen las preocupaciones normales del empresario que sí enfrenta competencia y no puede vender usando la coerción.

Es decir, los que pagamos impuestos somos en realidad esclavos del gobierno, el que nos fuerza a trabajar para él durante cierto tiempo. La esclavitud parcial que los impuestos significan.

Costo total mayor al de las tasas fiscales

Sin embargo, el costo de los impuestos no es nada más la tasa que se paga, sino también el tiempo dedicado a pagarlos. O sea, el número de horas dedicado a calcular, entender, llenar formas y pagarlos, más aclaraciones y demás.

Este tiempo es una función de la simplicidad de las leyes fiscales y ya que ellas han sido reconocidas como complejas, debemos suponer que ese costo es sustancial.

Buscar eficiencia

A lo que voy es a algo muy sencillo. Si a la autoridad no le alcanza lo que tiene ahora de dinero, existe otro camino adicional al de cobrar más impuestos, que es el de gastar menos. Es decir, ser más eficiente.

Puede cancelar programas que no producen resultados, puede despedir gente innecesaria, puede disminuir el número de edificios que ocupa, puede suprimir lo que no es prioritario, puede evitar las duplicidades, puede disminuir el número de diputados, de trámites.

Puede hacer muchas cosas que las empresas hacen para elevar eficiencia y bajar gastos. Pedirle eso a la autoridad no es algo que no hayan hecho otros más antes.

Y que no salgan con esa tontería de que el estándar internacional de cobro fiscal es no se qué porcentaje del PIB, porque eso no significa nada, ya que el mejor impuesto que se tiene es el más bajo. La comparación debería ser contra los países con los menores impuestos.

Concluyendo

Los impuestos, porque son pagos obligatorios por la fuerza, son una forma de esclavitud parcial. Una esclavitud que se usa para pagar los servicios normales de gobierno, pero también para otra cosa.

Para pagar los antojos y extravagancias de gobernantes que tienen iniciativas económicas que financian con fondos públicos que nunca son suficientes.

Un comentario sobre impuestos y esclavitud. La columna fue escrita en 2009

Martes de gobierno

Por Eduardo García Gaspar –   17 febrero, 2009

Existen calificativos que se suelen dar a días de la semana, como el de viernes social, el de jueves de amigos, domingo de familia y otros. Quiero proponer otro de esos días, el de martes de gobierno. 

Los martes de gobierno de las 52 semanas del año, el país trabaja para sostener al gobierno. La justificación puede encontrarse en los siguientes cálculos. Todas las cifras están en millones de pesos.

Las cifras de 2008 y 2009

La Ley de Ingresos de la Federación de 2008, señala 2,569,450, lo que, menos ingresos por organismos y por endeudamiento, da un total de 1,932,865.

Lo mismo, para 2009, da un total similar, de 1,916,397. Esto es lo que el gobierno tomará de los ciudadanos en esos años.

Ahora los números del PIB, que es una especie de suma de todo lo que se produce en el país. Para 2008 se toma la cifra de 11,927,201 y para 2009, 12,811,788 (sujeto de seguro a revisiones a la baja).

Lo que puede hacerse con los dos juegos de cifras es calcular el porcentaje que representan los ingreso del gobierno con respecto a lo que el país produce, lo que podemos denominar carga de gobierno.

Para 2008, es 16% y para 2009, 15%. Las cifras no pasan de ser simples datos hasta que se convierten en información.

Si hay 365 días en un año, esos porcentajes pueden expresarse en días también.

Es decir, el 16% de 365 días es 59 días y de 15% es 54 días.

Ya que un año tiene 52 semanas, es fácil entender que al menos un día de cada semana, incluyendo fines de semana, el país trabaja para mantener a la autoridad.

Martes: día de la esclavitud y pago de impuestos

Esto es lo que justifica que pueda declararse, como el martes de gobierno, ese día en el que el país trabaja para el gobierno. ¿Una medida cruda?

Sin duda, pues toma datos acumulados cuya exactitud puede estar sujeta a discusión, pero cuyos ajustes en general no cambiarán la conclusión.

¿Una medida optimista? También, pues no incluye el costo de financiamientos de gobierno, que eventualmente serán impuestos.

Tampoco incluye los tiempos necesarios para atender los trámites de gobierno, los que tienen un costo y suelen ser cuantiosos. Tampoco incluye a la corrupción. Los pagos que se hacen a la autoridad para tener tratamientos preferenciales. Solo incluye ingresos del gobierno federal.

Entonces, a partir de ahora, quizá usted pueda empezar el segundo día de la semana y pensar, todo lo que este día se haga en el país pasará a manos de la autoridad. Todo.

Lo que le llevará a usted a pensar qué es lo que el país obtiene por ese costo. Ese cálculo le corresponde a usted, no a mí.

El tema bien vale una segunda opinión para mostrar la fuerte carga que un gobierno representa en la economía de cualquier país.

Referencias

Los cálculos mencionados fueron hechos en colaboración con dos personas que amablemente cooperaron en varias reuniones soportando mi presencia e interrupciones: Eduardo Fuentes Zambrano, del despacho Fuentes, Andrade y Asociados S.C., una firma de consultoría fiscal y empresarial; y Jorge Vázquez Costilla, de Harbor Intelligence, una firma de consultoría económica y de mercados. La participación de ambos ha sido invaluable y su disponibilidad a toda prueba. Las notas sobre los cálculos hechos se encuentran en la página siguiente.

A título personal, el cálculo me parece conservador y números más integrales podrán elevarlo a una proporción mayor que podría ser del doble considerando aspectos de tiempo dedicado a cuestiones gubernamentales, como obtención de permisos, licencias, solicitudes, trámites y similares. Más costos por corrupción, mala asignación de recursos y otros muchos más.

• Para las cifras de 2008, se tomaron los datos de La Ley de Ingresos de la Federación correspondientes a ese ejercicio fiscal, un total de 2,569,450 millones; a ellos se les restaron ingresos de organismos por 612,585 y de financiamientos por 24,000, lo que da un total de 1,932,865.

• Para las cifras de 2009, se tomaron los datos de la misma ley, pero correspondientes a ese año, un total de 3,045,479; a ellos se les restaron ingresos de organismos por 875,585 y de endeudamiento por 253,497, lo que da un total de 1,916,397.

• El PIB de 2008 fue calculado tomando como base el de 2007, que fue de 11,177,530 a precios corrientes, al que se le aplicó un crecimiento real de 1.5% y una inflación promedio anual de 5.13%, para dar un total de 11,927,201.

• El PIB de 2009 fue calculado usando los supuestos de la ley de ingresos de ese año. La cifra de 11,927,201 a precios corrientes correspondiente a 2008, tendrá un crecimiento real de 1.8% con una inflación promedio anual de 5%, lo que da un total de 12,811,788. Claramente estos supuestos de cálculos necesitan ser ajustados a la baja dadas los efectos de la recesión en 2009.

• Los varios cálculos que se hicieron usando diversos datos y números mostraron consistentemente que el porcentaje de carga gubernamental en la economía (ingresos gubernamentales entre PIB) se movía en 16 a 15%. También consistentemente se vio que existen otros ingresos gubernamentales no considerados, como los estatales y municipales, a los que ignoramos dado que en general en México son bajos; el retiro de los ingresos por endeudamiento es un tanto artificial, pues el pago de esos créditos implica impuestos futuros para el servicio de deuda.

• Reconocimos que existen varias maneras de medir la carga gubernamental y que es posible que en el futuro las exploremos. En este primer análisis preferimos acudir a datos generales de la economía, aún sabiendo que podrán ser criticados en sus detalles, pero que en general muestran una dimensión del costo de un gobierno, poco más de un día completo de todas las semanas.