ambición de poder

La redistribución del poder político. El problema de la pérdida del poder del ciudadano y la acumulación del poder en los gobiernos. Preocupados con la redistribución de la riqueza hemos perdido la atención en lo que de verdad importa. Los gobiernos han acumulado demasiado poder.

Introducción

Estamos muy acostumbrados a escuchar frases que mencionan la distribución de la riqueza. Esa frase es parte del paisaje político. La escuchamos sin mucho pensar qué significa.

Nock también habla de distribución, pero no de la riqueza, sino de otra distribución. De la distribución del poder.

El libro considerado para esta carta fue el de Nock, Albert Jay, Our enemy, the state. including “on doing the right thing”, New York. Free Life Editions, chapter 1 «Social power versus state power», pp 3-15.

La redistribución del poder político

El autor quiere llamar la atención hacia un fenómeno que no es percibido, la transferencia del poder del ciudadano hacia el Estado. E imponernos la obligación de analizar si ello es o no de beneficio.

El primer punto de Nock en estas páginas es aclarar esa idea. Detrás de todos los asuntos públicos que se viven en una sociedad, sean los que sean, allí hay un sólo tema central, la redistribución del poder político. La distribución del poder entre el Estado y la misma sociedad.

No importa que se trate de la reforma agraria o del control de precios, el tema de fondo es el del reparto del poder entre la ciudadanía y el Estado.

Si uno más, el otro menos

Y, además, afirma Nock, una elevación del poder del Estado equivale a una reducción del poder de los ciudadanos.

En otras palabras, el poder que tiene el Estado es un poder que retira de la sociedad. El Estado no puede tener poder en sí mismo, dice Nock, simplemente porque no tiene dinero propio. Es la redistribución del poder político.

El poder que tiene un Estado es el que la sociedad le da, sumado al que el Estado mismo confisca. Por lógica necesaria, pues, todo aumento del poder del Estado significa una disminución del poder de la sociedad.

La inercia a acumular poder

Es una situación común y un fenómeno frecuente el aprovechamiento de ocasiones de todo tipo para acumular poder en el Estado.

Por ejemplo, la manera de pensar que cree que el Estado le debe al ciudadano un modo de vida. Este estado de bienestar es una teoría que al aceptarse ocasiona una transferencia de poder del ciudadano hacia el Estado. El poder político y su redistribución.

Un ejemplo que da Nock para ilustrar esta mentalidad es el de la visión que tenemos al ya no dar caridad al limosnero. No le damos porque suponemos que deba ser atendido por las oficinas gubernamentales.

En nuestras mentes, el Estado ha confiscado la caridad que dábamos, bajo el supuesto de que esa caridad no estaba bien realizada. El Estado lo puede hacer mejor. Nos ha quitado poder.

Más redistribución del poder político

Lo mismo acontece en otros terrenos, por ejemplo en la industria.

El Estado interviene quizá para fijar precios de bienes y servicios, con lo que necesariamente está diciendo al empresario que el Estado puede hacer mejor las cosas y que el empresario no está haciendo su labor.

Desde luego, el instinto de los empresarios es dejar correr esa situación y que sea el Estado mismo quien se haga cargo de las consecuencias del control de precios.

Es clara la acumulación del poder en el Estado, pues él acapara empresas y actividades en las que la participación de los ciudadanos es nula. Tener la participación de los ciudadanos en esas actividades pondría al Estado en desventaja. El poder se redistribuiría en favor de las personas y eso es odioso al gobernante.

Indicadores de la distribución del poder político en una sociedad

Según Nock, hay varias maneras de medir y detectar el nivel de poder del Estado dentro de una sociedad. Son una especie de indicadores de concentración de poder en el Estado.

La centralización del poder en la capital y en el poder ejecutivo

A mayor centralización de este tipo, mayor acumulación de poder en el Estado. La redistribución del poder político en favor de la capital del país indica una pérdida del poder de los ciudadanos.

La concentración en el presidente, es otro indicador de desbalance en la redistribución del poder político. Lo que de nombre es republicano, en la realidad es una monarquía.

El tamaño del aparato burocrático.

La extensión de la burocracia. A mayor tamaño de ese aparato gubernamental, menor poder de la sociedad.

Quienes aspiran a tener puestos en esa burocracia son promotores de la expansión del poder estatal.

La pobreza en un nicho de adoración pública.

Los pobres son convertidos en un activo político que sirve para justificar la intervención del Estado en la sociedad. A mayor adoración de la pobreza mayor redistribución del poder político a favor del Estado.

Esa pobreza tiene el efecto de un voto masivo y subsidiado al Estado, lo que le da poder a costa de una disminución del poder de la ciudadanía.

Ideas que dan mayor poder el gobierno

No sorprende que la creciente acumulación del poder en el Estado sea bien vista y promovida por todo tipo de gobernante, sea del signo que sea.

De hecho, la competencia entre los políticos, dice Nock, es una lucha que lleva a más y más centralización de poder en el Estado. Al aumento de la burocracia y a mayores concesiones a quienes dan votos subsidiados.

Cuando se tienen ideas así, su consecuencia natural es la extinción del poder de la sociedad y del ciudadano. Esas mentalidades estatistas tienen su origen en los conceptos de filósofos del siglo XIX, a quienes se ha tratado con reverencia beata y ferviente.

Por ejemplo, las ideas de Hitler son una popularización de los conceptos de Hegel. Y la doctrina de Mussolini es un producto de las ideas de Fichte.

Y esto es importante, pues por lo común se pone mucha atención en las diferencias que existen entre el nazismo, el bolchevismo y el fascismo.

Con eso se olvida que esas doctrinas poseen todas un gran común denominador, que es la redistribución del poder político en favor del Estado.

Frases que ocultan esa redistribución

Nock menciona que existen palabras, frases, expresiones y fórmulas que ponen un velo de dificultad para entender la realidad del avance del poder del Estado.

Estamos acostumbrados a escuchar letanías y discursos políticos que aceptamos sin pensar, sin saber que ellas conducen al retiro de nuestra libertad y al aumento del poder del Estado.

Las vemos como parte del paisaje. Desde luego, es difícil reflexionar sobre situaciones que son tomadas como hechos dados, en los que no pensamos y que creemos que son parte de lo naturalmente fijo.

Pero el hecho es que esa realidad nos afecta de muy diversas maneras, incluso a pesar de que nunca nos demos cuenta de ella.

Aún cuando en ocasiones nos lastima tanto que nos rebelamos contra esa realidad, nunca vamos ni vemos más allá de hacer modificaciones y arreglos de pequeña escala, que siguen aceptando la acumulación del poder en el Estado. Simplemente no nos damos cuenta del asunto de fondo.

Concluyendo

Al final, lo que Nocke quiere es que nos hagamos una pregunta. Debemos pensar el Estado y cuestionar la conveniencia y ventaja de que esa institución siga acumulando poder.

Porque es una obligación hacerlo, examinar y estudiar al Estado, para tener una opinión sobre él y ver si ella tiene apoyos en la historia.

Démonos cuenta de ese fenómeno de acumulación de poder en el Estado y de que con cada incremento de ese poder estatal hay una disminución del poder del ciudadano.

Lo que Nock ha hecho es poner la atención en el asunto de la redistribución del poder político. Una redistribución que quita poder el ciudadano y concentra poder en el gobierno.

Y unas cosas más…

Otra idea que ha servido para desequilibrar al poder en favor del gobierno es el exceso de la democracia, un fenómeno peligroso apuntado por Lord Acton.

Igualmente, merece atención la idea de J. S. Mill en cuanto a la existencia de un límite en la intervención gubernamental.

La tesis de Nock sobre la redistribución del poder político que favorece al gobierno y perjudica al ciudadano, es vital para el bienestar. La razón: existe una conexión entre la libertad de las personas y la prosperidad.

[La columna fue revisada en 2019-08]