ambición de poder

El ansia del poder es una adicción incontrolada a la que sin remedio están sujetos quienes están en altas posiciones jerárquicas. Afecta a todos, pero se ensaña especialmente con quienes gobiernan.

Introducción: dos historias breves

Para demostrar que el poder produce un ansia que se vuelve adicción sin control, dos pequeñas historias resultan muy útiles.

Una petición infinita

El algún lugar de la India, hace muchos siglos, un rajá quiso premiar a un súbdito por haber inventado un juego, el ajedrez. El premio era una moneda de oro por cada uno de los cuadros del tablero, para un total de 64 monedas nada despreciables.

El súbdito, que debió haber sido un bromista empedernido, se negó a aceptar ese premio, argumentando que se contentaba con otro, con granos de trigo.

Y le dijo al monarca que deseaba colocar un grano en el primer cuadro, dos en el segundo, cuatro en el tercero, ocho en el cuarto y así sucesivamente, con cada cuadro teniendo el doble del anterior. El rajá aceptó el premio y mandó que se le diera el premio.

Los criados del rey ya tuvieron dificultades al llegar al cuadro número 12, por lo que comenzaron a usar el piso para colocarlos. Antes de llegar al cuadro 20, el saco de trigo se había terminado, por lo que se envió por más y más y más… hasta que el rey se rindió.

No había suficiente trigo en su reino para satisfacer el premio solicitado.

La petición, si hubiera sido cumplida, habría requerido un número de granos igual a dos elevado a la potencia 64, menos uno. Eso da como resultado una cifra con 20 dígitos y puede ser ella puesta en perspectiva.

Sabiendo que cada 100 millones de ellos forman una tonelada, la petición tendría un peso de 200 mil millones de toneladas. Esa cantidad es unas 4 veces la producción mundial.

[Los datos de la historia del ajedrez los tomé de Poundstone, William (1990). Labyrinths of reason: paradox, puzzles, and the frailty of knowledge. New York. Anchor Books]

El ansia de poder es una adicción sin límites

La historia del ajedrez y los granos de trigo ilustra una realidad. La petición de aumento de poder que solicita el gobernante suele pasar sin preocupación en la mente de la gente. ¿Qué preocupa que el gobernante tenga un poco más de poder aquí o allá?

Sin embargo, una vez establecida la ruta, las demandas del gobernante serán cada vez más grandes. Pedirá el doble de granos cada vez. Debe recordarse que el poder es una sustancia adictiva.

Lucha a morir

En la espesura de un gran bosque pelean con ardor dos animales. Uno de ellos había capturado a una pequeña cervatilla y se disponía a devorarla cuando apareció la otra bestia a disputar la muy pequeña pero tierna presa.

Fue así que se inició la pelea en la que un león y un oso combatían dando rugidos que se esparcieron por todo el bosque causando temores en todos los animales. Pelearon durante horas, causándose daños sustanciales y llegando un punto en el que ambos acordaron suspender el combate para tomar un descanso.

Los gritos terribles y rugidos habían alejado a todos los animales, a excepción de una astuta zorra que, siendo taimada, había podido llegar muy cerca sin ser notada.

Y fue así que ella pudo ver que después del descanso, los dos reanudaron el combate una vez más. La escena se repitió varias veces durante el día.

Fue ya cerca del anochecer que ellos, estando de nuevo en un descanso, lamían sus heridas, cuando la zorra se acercó más y más, hasta que corriendo como un rayo pasó entre las dos bestias llevándose a la cervatilla que había permanecido todo el tiempo a un lado de la pelea.

Estaban tan cansadas las dos enormes bestias que solo pudieron ser testigos de la enorme velocidad del la zorra, que entre sus colmillos había podido tomar a la pequeña presa y salir de allí internándose en el bosque sin riesgo de ser capturada. Los dos, al ver esto, tuvieron un acceso de ira y de inmediato volvieron a pelear.

Uno a otro se echaban la culpa de lo sucedido sin detenerse a pensar en nada más que dañar a su enemigo. Mientras tanto, la zorra, ya en su madriguera daba a su familia un festín digno de un rey. Por su parte, el resto de los animales decidieron emigrar a otros lugares en los que no sufrieran tantos sobresaltos.

La historia es otra de las fábulas de Esopo.

El ansia de poder lleva a conflictos serios

Los dos poderosos del cuento ilustran a los poderosos que tienen ansia de poder, una adicción que los lleva a pelear sin remedio. Luchan por el control sobre el resto. Es tanta su ambición de dominio que los ciega hasta incluso su mutuo daño.

La adicción de la droga del ansia del poder

Quienes lo han experimentado gran poder, sufren una transformación. Ya no son como el resto. Se tornan diferentes.

Como lo puso Dostoyevsky (más o menos), el que ha tenido el poder, ha tenido la capacidad para humillar sin límites a otros y, con eso, lo que gana en poder sobre otros lo pierde en controlarse a sí mismo.

Es, al final de cuenta, el poder es como una intoxicación adictiva, un hábito incontrolado que es en realidad una enfermedad.

H. Kissinger explicó al poder como el mayor de todos los afrodisiacos. B. Tuchman, la historiadora estadounidense, como una causa del embrutecimiento del gobernante y la explicación de sus fantasías. Sí, fantasías y con eso, el rechazo de la realidad.

Un adicto como cualquier otro

Lo que creo que bien vale la pena examinarse es la consideración del ansia de poder como una adicción que transforma las mentes de quienes lo tienen.

Produciendo fantasías y alucinaciones, esta droga lleva a la construcción de realidades virtuales en la mente de quien la experimenta. En esos mundos ilusorios, todo funciona según los deseos del gobernante. Son alucinaciones producidas por el poder.

Los beneficiados de la adicción

Como en el tráfico de drogas, el distribuidor tiene beneficios, gana dinero. Quien aprueba que el gobernante exceda su poder lo hace porque le conviene.

Quienes rodean al gobernante trastornado se benefician de su estado, incluso ellos mismos prueban la droga y se vuelven adictos también.

Pero hay más. Hay quienes apoyan el consumo de la droga del poder en los gobernantes. Son los que alejados de la autoridad piensan que las locuras del gobernante pueden llegar a ellos.

Que quizá les llegue una casa regalada, un pago mensual por tener hijos ilegítimos, una ayuda en costales de cemento, unos artículos escolares. Es como el que espera sacarse la lotería, que en este caso es la locura diaria del gobernante adicto.

De todas las sustancias tóxicas que existen, de todas las adicciones que hay, ninguna es más peligrosa que el ansia de poder. Crea ceguera, locura, sueños de grandeza, fantasías que se vuelven las peores pesadillas que pueden vivirse en política.

De allí que los mejores gobiernos sean lo que menos poder dan a los políticos.

El ansia de poder, su adicción y la euforia incontrolable

Siendo una droga, el poder causa estados de euforia y eso produce políticas de optimismo sin escrúpulos. Mundos virtuales en los que el gobernante vive y siente tener el poder para crear utopías.

La promesa de sociedades ideales es uno de los componentes de la campaña electoral típica de las democracias modernas.

Consiste en la ofrenda ritual y continua de situaciones futuras idealizadas —que se condicionan a la elección de un cierto candidato, bajo el formato simple de «si soy elegido haré de este país una perfección».

En toda elección hay promesas absurdas originadas por desconocimiento o por buscar el voto de ingenuo —pero también promesas obvias: educación gratuita, eliminación de delincuencia, ataque a la corrupción, guerra a las drogas, oportunidades para todos y muchas más.

Dos casos recientes

«[…] la señal de Internet se recibirá sin costo alguno, será gratuita […] un Estado de Bienestar […] donde todos podamos vivir sin angustias ni temores […] igualitario y fraterno […] una república amorosa […] una manera de vivir sustentada en el amor a la familia, al prójimo, a la naturaleza, a la patria y a la humanidad […]».

El ansia de poder, siendo adicción, crea fantasías prometidas:

«En 2024 tendremos una sociedad mejor [… por] haber creado una nueva corriente de pensamiento, por haber consumado una revolución de las conciencias que ayudará a impedir, en el futuro, el predominio del dinero, del engaño y de la corrupción, y la imposición del afán de lucro sobre la dignidad, la verdad, la moral y el amor al prójimo».

López Obrador, a quien pertenecen estas ofertas de perfección, no es el único que las ha formulado:

«Hugo Chávez soñó un mundo mejor. Y como si fuera un Aladino de la política, con su lámpara maravillosa rebosante de petróleo, comenzó a prometer gestas maravillosas y obras magníficas. Prometía y prometía, rascando su lámpara imaginaria en busca de la revolución. Sus afirmaciones eran tan contundentes que muchos creyeron que aquellos sueños se realizarían de forma automática. Bastaba con que el líder de la revolución gritara con mucha convicción sus promesas de cambio. Incluso se atrevió a poner como prenda su propio nombre: “Declaro que no permitiré que en Venezuela haya un solo niño de la calle. Si no, ¡dejo de llamarme Hugo Chávez Frías!”, se juramentó en su toma de posesión, en 1999». lanacion.com.ar

En resumen

Lo que ha sido tratado de apuntar es la idea de que el ansia del poder es una adicción a la que sin remedio están sujetos quienes están en altas posiciones jerárquicas. Afecta a todos, pero se ensaña especialmente con quienes gobiernan.

Es un padecimiento universal, propio de todo gobernante y su combate es la razón de la existencia de sistemas políticos que tienen como cimiento a la división integral del poder, especialmente la combinación de democracia y república.

El máximo deber que tiene todo ciudadano es evitar que se creen situaciones en las que suban al poder gobernantes con esa ansía y adicción de poder.

Y algo más para el curioso…

Conviene ver:

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Notas sobre el ansia y la ambición de poder

Cambiarlo todo, destruir lo anterior

La gran cualidad democrática de cambiar de gobierno de manera pacífica aumenta las expectativas y esperanzas de avanzar. La ilusión optimista recibe una dosis extra y genera ya no tanto esperanzas de avance sino esperanza de un futuro ideal.

Eso pasó, creo, con la Revolución Francesa. No era suficiente cambiar de gobierno. Se trataba de algo totalmente distinto en todas partes, construir de nuevo todo sobre las ruinas de lo anterior. 

Un agudo autor lo ha expresado así:

«Dado que la Revolución Francesa no tenía simplemente el objetivo de cambiar el gobierno anterior, sino de abolir la vieja estructura de la sociedad, tenía que atacar simultáneamente cada poder establecido, destruir toda influencia reconocida, borrar la tradición, crear nuevas costumbres y hábitos sociales, de alguna manera drenar la mente humana de todas aquellas ideas sobre las que se había fundado el respeto y la obediencia hasta ese momento. Esa fue la fuente de su extraño carácter anárquico». Tocqueville, Alexis de. Ancien Regime and the Revolution (Penguin Classics) (p. 24). Penguin Books Ltd. Kindle Edition. Mi traducción.

Es notable la observación: el cambio es de tal magnitud que no puede lograrse sin «abolir la vieja estructura de la sociedad». Hacerlo todo de nuevo desde la nada, ex nihilo. Ambiciosa ansia que necesita, primero, destruir lo existente.

Ansia de poder, adicción que regresa a lo anterior

¿Será realmente diferente el nuevo gobierno, o solamente una variación sobre temas anteriores? ¿O incluso algo más extremo?

Al respecto se ha escrito algo interesante. Comparando a la Revolución Francesa contra el régimen previo, de nuevo ese autor de inusual perspicacia:

«Mostraré cómo un gobierno, más fuerte y mucho más autocrático que el que había derrocado la Revolución, centralizó una vez más toda la maquinaria gubernamental, suprimiendo todas las libertades costosamente adquiridas y poniendo en su lugar a engaños vacíos». Ibídem (pp. 10-11).

El ansia de poder y su adicción, por tanto, son riesgos de establecer un régimen similar al anterior que ha destruido, pero en dosis mayores.

La adicción a la concentración de poder

La  concentración de poder es una contingencia peligrosa de todo arreglo político. Es el riesgo más considerable al que están expuestas las personas de toda sociedad y lo más obvio en quien sufre ansias de poder.

Una observación de la experiencia histórica:

«Habiendo derrocado a sus reyes, los romanos desconfiaban profundamente del poder concentrado, formando una república diseñada para frustrar a aquellos que buscaban el dominio despótico. Para los griegos, la palabra tirano era meramente descriptiva. Para los romanos, fue un insulto». Madden, Thomas F.. Istanbul: City of Majesty at the Crossroads of the World (p. 33). Penguin Publishing Group. Kindle Edition. Mi traducción.

Capacidad ilimitada de destrucción

Otra observación histórica acerca de la capacidad destructiva de la concentración del poder:

«Entre 1930 y 1952, alrededor de 20 millones de personas fueron sentenciadas a prisión en campos de trabajo, colonias penales o prisiones. Durante ese mismo período, no menos de 6 millones, principalmente “kulaks” y miembros de “pueblos reprimidos”, fueron sometidos a “exilio administrativo”: reasentamiento forzoso en un área remota de la URSS. En promedio, durante más de veinte años del gobierno de Stalin, cada año 1 millón de personas fueron fusiladas, encarceladas o deportadas a áreas apenas habitables de la Unión Soviética». Khlevniuk, Oleg V. Stalin: a new biography of a dictator (p.28). Yale University Press. Versión Kindle.Mi traducción.

La capacidad gubernamental para crear prosperidad tiene límites, pero la capacidad gubernamental para producir calamidad no tiene límites y que esto último sucede cuando un gobernante concentra poder desmedido en él mismo y lo ejerce desde el mundo virtual en el que vive.