Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Derecho a la Felicidad
Eduardo García Gaspar
12 mayo 2004
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Cada vez me siento más inclinado a pensar que la nuestra es una época con un rasgo interesante, que es una terrible ansia de declarar que todo lo que sea deseable es un derecho.

Siguiendo esta lógica y siendo yo un amante de la música clásica, me parecería lógico que se declarara oficialmente el derecho a escuchar música clásica… una acción de ésas que la ONU encuentra irresistibles para luego hacer el Día Internacional del Derecho a la Música Clásica.

La realidad es que eso no puede ser un derecho, pues si lo fuese andaría yo ya exigiendo a la Sinfónica de Jalapa que me diese boletos gratuitos durante el resto de mi vida.

O mejor aún, que la Sinfónica de Berlín me enviara boletos de avión para ir a Alemania a escuchar todos sus conciertos.

Porque después de todo, eso es un derecho verdadero, algo que yo puedo exigir a los demás, como el derecho a la propiedad privada, con el que se obliga a los otros a no robarme ni dañar mis posesiones, so pena de castigos legales.

Y es que existe un error muy claro de nuestros tiempos, el creer que lo deseable es un derecho.

Sí, es deseable que yo tenga un empleo pero de allí a que eso sea un derecho hay una distancia enorme, a menos que uno pueda plantarse frente a las oficinas de CEMEX a exigirle a Lorenzo Zambrano un puesto en esa empresa. Si eso se pudiera hacer, a los pocos meses esa empresa estaría quebrada.

Digo que en nuestros tiempos hablamos demasiado de derechos y tenemos terribles confusiones con ellos. Uno de esos derechos de los que se habla es el derecho a la felicidad. No, no es chiste, sí he leído sobre eso y lleva tiempo eso reclamo.

Si ese derecho realmente lo fuera tendríamos que hacer algo que es absurdo.

Primero, la definición personal de felicidad es diferente en cada persona y eso complica las cosas terriblemente. Pero vamos a simplificar las cosas y presuponer que todos, absolutamente todos, han definido a la felicidad como el tener tres millones de dólares en el banco y dedicarse a viajar el resto de la vida.

Si la felicidad fuera un derecho, y los derechos reales son exigibles, eso significaría que a cada habitante del planeta alguien le tendría que dar esa cantidad como obligación. Es risible pensar en eso. Pero hay más. Me refiero a un asunto de más fondo.

¿Es de verdad la vida algo en lo que la felicidad sea posible? No lo creo y como prueba ofrezco lo siguiente.

La felicidad supondría cancelar la probabilidad de enfermedades; ni siquiera un dolor de muelas sería permitido si la felicidad fuera un derecho. Más aún, tampoco deberían existir los accidentes que dañaran a las personas; nada de frenos dañados, nada de terremotos, nada de siquiera cortocircuitos.

Tampoco serían permitidos el estrés en el trabajo, las crudas por beber de más, ni las discusiones con personas que no comparten nuestros puntos de vista.

Nuestro equipo favorito de béisbol o de futbol no podría perder jamás (lo que significaría un problema de lógica tremendo con varios equipos rivales). Nada de nada de lo que nos pueda quitar felicidad. Le digo, esto es tonto.

Nuestra existencia no está diseñada para ser un sitio de felicidad exigible y menos una felicidad reclamada bajo el pretexto de un adulterado derecho que no puede existir.

Quienes con seriedad hablan del derecho a la felicidad, mucho me temo, tienen una visión parcial de la vida y ésa es una visión hedonista que no tiene contrapartida en la realidad.

Es más realista la otra visión. Me refiero a quienes entienden a la vida como una mezcla en la que existen ocasiones de felicidad y ocasiones de pena o sufrimiento. Dicho de otra manera, el desconsuelo es parte de la naturaleza humana y querer quitárselo de encima es una tarea vana que rasga parte de esa naturaleza.

Peor aún, si alguien cree sinceramente en la felicidad como un derecho, tenderá necesariamente a evitar cumplir con los deberes. Esos deberes que deben realizarse para conseguir algo mejor, pero que no causan placer en sí mismos.

Quien crea en la felicidad como derecho vería todo a corto plazo y sucumbiría a los placeres más inmediatos sin pensar en las consecuencias futuras de sus acciones.

Y, para terminar, el populismo es el derecho a la felicidad traducido a los terrenos políticos: una forma de actuar en extremo imprudente y causante de mil males futuros, en lo que con facilidad cae el incauto.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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