ContraPeso.info presenta una idea de Everardo Elizondo, a quien agradecemos la gentileza de su permiso para reproducirla.

Con el repunte de la inflación registrado a lo largo de 2004, han proliferado las opiniones sobre la meta de inflación del Banco de México (BM). Desafortunadamente, muchas de ellas no tienen fundamento sólido –quizás en parte debido a fallas de comunicación del propio Instituto Central.Cualquiera que sea la explicación, pueden resultar de utilidad algunas aclaraciones. Antes, no sobra una breve excursión histórica.

De 1997 a 2000, el BM estableció metas explícitas para la inflación, medida por las variaciones anuales del Índice Nacional de Precios al Consumidor y referidas puntualmente al mes de diciembre de cada año.

Lo ocurrido se puede sintetizar en el cuadro siguiente.

Inflación: objetivo vs. resultado

  • Objetivo 1997 = 15 Resultado = 15.7%
  • Objetivo 1998 = 12 Resultado = 18.6%
  • Objetivo 1999 = 13 Resultado = 12.3%
  • Objetivo 2000 = 10 Resultado = 8.9%

En 2001 se adoptó casi por completo el esquema de política monetaria conocido como “Objetivos de Inflación”, cuya parte medular consiste en la especificación de metas de inflación multianuales.

La idea sustentante del modelo es que dicho planteamiento oficial sirve de “ancla” a las expectativas inflacionarias de la población, y constituye por tanto un factor de estabilización … en tanto sea creíble.

Como parte del proceso, la meta para 2001 se fijó en 6.5%; en realidad, la inflación se situó en 4.4%.

Para el siguiente año, el propósito oficial se formalizó en 4.5%; en este caso, sin embargo, la inflación llegó a 5.7%.

Para 2003 el BM introdujo una modalidad significativa en lo tocante a la definición de la meta.

Por un lado, indicó que la meta sería 3% para el fin del año. Por el otro, añadió a ella un intervalo de un punto porcentual arriba y abajo del objetivo puntual.

Aunque el BM señaló con oportunidad que dicho espacio tenía sólo la intención de tomar en cuenta la probable ocurrencia de “choques” imprevisibles que incidieran sobre la inflación, no faltaron observadores que lo interpretaron como un “margen de tolerancia”.

A diciembre de ese año, el alza de los precios quedó al borde del 4%.

Finalmente, también al final del año pasado, el BM agregó a la meta una característica relevante: se trata desde entonces de una aspiración de vigencia permanente; en otras palabras, ya no se refiere a la inflación correspondiente a diciembre, sino a todos los meses.

Todavía en otros términos, el propósito es alcanzar el 3% continuamente.

Desde luego, como se sabe, a raíz de una serie de “choques de oferta” la inflación ha subido en forma notable durante los primeros meses de 2004, superando recientemente el 5%.

Dicha evolución ha constituido una fuente de preocupación para las autoridades monetarias. La Junta de Gobierno del BM ha actuado en consecuencia, aumentando el “corto” en siete ocasiones, mostrando una actividad inusual.

Frente a tal postura de sesgo restrictivo, ciertos analistas han expresado dos tipos principales de cuestionamientos. Por una parte, se ha puesto en duda la efectividad del “corto”. Por la otra, se ha destacado la persistencia de la inflación.

En cuanto a lo primero, basta con decir (1) que el “corto” ha sido el instrumento empleado durante todo el pasado reciente, lapso en el que ha sido posible avanzar hacia la estabilidad; y, (2) que del verano de 2003 al presente la tasa de interés de fondeo ha aumentado más de tres puntos porcentuales.

En lo que toca a lo segundo, es necesario recordar que la política monetaria no tiene efectos instantáneos; al contrario, se sabe de sobra que actúa con rezagos relativamente largos y variables. Así pues, en suma, me parece que las críticas aludidas son cuando menos debatibles.

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Participé hace poco en un seminario sobre la industria mexicana de exportación, efectuado en Querétaro. Como es de rigor tratándose de un banquero central, hablé contra la inflación.

A mi juicio, dije, el diseño y la ejecución de la política monetaria estabilizadora debe ceñirse a varias “pes”: previsión, persistencia, prudencia y paciencia. ¿Qué quiere decir lo anterior?

(1) Que en lo humanamente posible hay que anticiparse a la manifestación de las presiones inflacionarias;

(2) que es indispensable perseverar en el propósito desinflador ;

(3) que conviene ponderar con cuidado los efectos de las medidas tomadas; y,

(4) sobre todo, que no hay que perder la confianza.

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