Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Recordando el Comunismo
Selección de ContraPeso.info
9 diciembre 2004
Sección: Sección: Asuntos, SOCIALISMO
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Es un honor presentar el siguiente artículo del Dr. Gregg. Él es Director of Research del Acton Institute, en Grand Rapids, Michigan y autor de of Economic Thinking for the Theologically Minded (University Press of America, 2001) and On Ordered Liberty: A Treatise on the Free Society (Lexington Books, 2003). Gracias al Acton Institute por su gentil permiso para traducir y reproducir este texto, cuya importancia es enorme.

A quince años de la caída del Comunismo, la explicación de ese suceso suele reducirse a su fracaso económico. El Dr. Gregg nos recuerda que en realidad la causa de su desplome fue una revolución moral, sustentada en ideas que ahora mismo tienen aplicación. El enlace recomendado abajo lleva a la versión original en inglés.

Hace 15 años, el pasado noviembre, el mundo atestiguó el desplome del más grande símbolo del Comunismo. Mientras los guardias permanecían inmóviles, los berlineses se reunieron frente al Muro que había atemorizado a su ciudad desde los años 60 y, siguiendo el consejo de Ronald Reagan, comenzaron a derrumbarlo.

En el espacio de siglos, quince años no es un largo tiempo. Sin embargo, es extraordinario lo rápido que ha desaparecido la conciencia de los regímenes marxistas. Millones de personas saben acerca de las atrocidades de los nazis.

Relativamente menos han oído de los millones apresados, torturados y asesinados por los sistemas comunistas. Aún menos saben de los fieles ortodoxos, protestantes y católicos romanos que sufrieron en las manos de la opresión marxista.

Lo que la gente sabe es que el Comunismo fue un desastre económico. Incluso durante los años 20, los economistas más sagaces argumentaban que las economías comandadas jamás podrían funcionar.

Dijeron que era sencillamente imposible que un grupo de planeadores conociera toda la información de oferta y demanda que contienen las economías libres en el mecanismo de precios. Incluso a pesar de sus deficiencias económicas, el Comunismo marchó penosamente sostenido por la corrupción, la apatía y, sobre todo, por el miedo.

Sin acceso a los bienes esenciales básicos, millones fueron intimidados por los métodos terroristas empleados por los regímenes comunistas —métodos que los hicieron tan criminales como los nazis.

Es tentador creer que los enemigos económicos del comunismo fueron los responsables de su desplome. Sin embargo, la permanencia del comunismo en Corea del Norte y Cuba indica que un sistema económico atrapado en la inmovilidad no es una garantía de que los tiranos pierdan el poder. Bajo esta perspectiva empezamos a entender que 1989 no representó solamente la admisión de la bancarrota económica del comunismo.

Más fundamentalmente, el desplome del Comunismo a través de la Europa central y del este, fue el resultado de una revolución moral —una insurrección forjada por el Cristianismo y su demanda no negociable de que todos los gobiernos refrenden la dignidad intrínseca de la persona.

Las raíces de este levantamiento pueden ser encontradas en la Iglesia Católica en Polonia, para mantener su libertad y proclamar una visión del hombre diferente a la articulada por el Marxismo.

No sorprende que los hombres fríos y grises del Kremlin fueron reportados como poniéndose blancos con el golpe de la noticia de que un polaco había sido elegido para ocupar la Silla de Pedro. A partir de entonces, la Europa central y del este fue sujeta de una llamada incesante a la libertad —una libertad que nada tenía en común con la autonomía hedonista asiduamente promovida en la Europa de occidente desde los años 60.

Fue más bien una llamada a la libertad basada en la verdad acerca del la persona como real imagen de Dios.

Fue un mensaje que dio a la gente valor para levantar sus cabezas y dejar de sentirse humillada; que les recordó su dignidad y que el estado existía para ellos y no ellos para el estado. Fue un mensaje que les dijo que el estado les debía su libertad religiosa; que ellos poseían lo que Juan Pablo II llamó “el derecho a la iniciativa económica”; y que las estructuras políticas comunistas eran totalmente incompatibles con la auténtica libertad humana —sean ellas de las variedades Leninista, Maoísta, Latinoamericana o Africana.

Nadie está dispuesto a morir en aras del rendimiento o de la eficiencia.

Sin embargo, las personas darán su vida por el amor o la libertad. No hubo mayor testigo de esta voluntad de rechazo al mal, que los millones de Cristianos que se aglomeraron para ver a Juan Pablo II cuando visitó Polonia en 1979.

Al final, la única manera de los comunistas para enfrentar el consecuente deseo de libertad de los polacos para vivir en la verdad, fue la declaración de “estado de guerra”, y ordenar que el ejército invadiera a su propio país en diciembre de 1981.

A pesar de eso, dentro de los siguientes ocho años, uno de esos individuos que los comunistas apresaron se convirtió en el primer primer ministro no comunista desde la Segunda Guerra Mundial. De tal calibre fue el impacto de la revolución moral de Europa central y del este.

Quince años más tarde, la libertad en Europa está de nuevo bajo ataque. La caída de la economía de Europa Occidental desde luego refleja la falta de voluntad de los gobiernos europeos para tratar con seriedad a la libertad económica.

La libertad política está también siendo atacada por parte de lo que no es otra cosa que un fundamentalismo secular que permite que los gobernantes comunistas se conviertan en comisionados europeos; comisionados que tratan a los cristianos, que gentil pero firmemente se rehíusan a dejar de reconocer su fe, como si fueran los equivalentes de Osama Bin-Laden.

Claramente, mientras que la UE no está en proceso de degeneración y convertirse en los sistemas comunistas de ayer, las tendencias totalitarias se mantienen vivas y con salud en toda Europa. Si la caída del Comunismo nos ha enseñado algo, es que la gente con esperanza tiene razones para creer que la libertad cimentada en la verdad acerca del hombre sale consistentemente victoriosa sobre sus oponentes. La libertad auténtica crea vida, el totalitarismo es el camino a la muerte.

Y la vida permite que florezcamos como debiéramos. Una cultura de muerte, en cambio, lleva en sí misma la semilla de su propia autodestrucción.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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