Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Elecciones Como Loterías
Eduardo García Gaspar
25 octubre 2005
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Antes, un presidente mexicano gozaba sólo de las exaltaciones de su grandeza. Hoy goza de eso mismo, pero también del ferviente frenesí de sus críticos. Pocos como Fox han gozado y padecido eso.

Mientras hay quienes lo tratan como si fuera un ser superdotado, otros lo ven como vil y despreciable. Pareciera que no hay términos medios para ellos.

Ésa es la vida de un presidente en una democracia. Peor aún lo es en este país, acostumbrado por siglos a la figura de quien ocupa el trono de mando y acepta la responsabilidad de guiar al resto de los ciudadanos-ovejas.

Pero las cosas han cambiado y las otrora ovejas, muchas de ellas, se han vuelto contra el guía, criticando hasta extremos insospechados hace pocos años. Del total respeto y el servilismo más despreciable, algunas ovejas han pasado a la opuesta insubordinación extrema.

Carlos Salinas es otro buen ejemplo. De la irrestricta admiración pasó a ocupar un sitio destacado en el odio ciudadano. Como que no hay términos medios en estas cuestiones. No hay posibilidad de juicios pausados. Todo es extremo. O el presidente es el objeto de adoraciones sin fin, o es el objeto favorito de las detracciones más viles. Y dos son quienes sufren estos vaivenes. Uno es el presidente mismo. Solo con su ahora limitado poder.

Ha llegado a él prometiendo, siendo simpático, mezclándose entre la gente para que vean que él es como cualquiera. No lo es, pero quiere aparentarlo. En su arribo a la silla, los ciudadanos dan cabida a sus más alocadas utopías, creyéndole capaz de realizar cambios milagrosos en el país en unos pocos meses.

Él ha creado esa fantasía y el resto la ha creído. Pero el tiempo lo vuelve real y del delirio popular se pasa a la agonía: las críticas crecen por errores propios o de su gente.

Y él se encierra en su círculo de fieles irrestrictos, viviendo su mundo y creyendo que es real, que él sigue siendo lo que prometió en su campaña. Pero la admiración ya no existe. La ciudadanía se ha ido al otro extremo y ahora es crítica, emocionalmente crítica hasta el extremo más radical. Un ciclo que está ahora reiniciándose.

Otra vez los candidatos se venden como los hacedores de milagros y otra vez los ciudadanos, sin escarmentar, vuelven a elevarlos a nichos sagrados. La ciudadanía ha regresado al otro extremo, en busca del salvador, del que ojalá ahora-sí-salga-bueno. Más tarde el ciclo irá al otro extremo y volverá objeto de críticas despiadadas al que antes era objeto de adulación.

El otro es la ciudadanía que se mueve como veleta. Va de aquí para allá sin mucho raciocinio, pero con grandes sentimientos, porque ésa es la política para los mexicanos, una cuestión de sentimientos. ¿Cómo razonar y analizar si se está frente al salvador del país y lo que él dice es mensaje bíblico?

En estos vaivenes vive, mucho me temo, la política mexicana y eso tiene consecuencias no agradables. Los gobernante son seleccionados por sus promesas, cuantas más sean mejor, cuanto más irreales aún mejor. Es como una feria de promesas puestas a subasta a cambio del voto y que llegan a prometer, como sucedió, el no rechazar estudiantes a universidades públicas… todos entrarán, todos. El error está, desde luego, más en el elector que en el político.

Éste, si quiere ser elegido, debe prometer todo, posible o imposible, porque el elector no tiene capacidad de distinguir entre lo real y lo irreal, ni entre lo inmediato y lo de largo plazo. Es por esta incapacidad que el ciclo de admiración irrestricta de la primera etapa va a la segunda, convirtiéndose en lo opuesto, la reprobación general: los milagros no sucedieron.

No hay términos medios. De la esperanza más alocada se pasa a la reprobación más extrema, sin posibilidades de análisis. Los análisis son imposibles, no se entiende que hay puntos buenos y malos en un gobierno. Para el ciudadano no existe esa posibilidad, al menos para muchos de ellos.

Y de la desesperación de no haber encontrado al hacedor de milagros, surge de nuevo la esperanza. La esperanza de que esta próxima sí se tenga suerte. Como una lotería en la que no se obtuvo el premio, pero que se sublima comprado otro boleto en la próxima lotería.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras