Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Hay Dos Gobernantes
Eduardo García Gaspar
4 mayo 2005
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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A fuerza de ver gobernantes y sus desempeños y decisiones y palabras, creo que es razonable clasificarlos en dos grandes categorías dependiendo de sus intenciones y su manera de entender sus funciones. Porque, al final, claramente lo que el gobernante hace una vez electo depende de las ideas que en su cabeza se han forjado.

Los hay, digo, de dos tipos.

Unos son los que piensan imponer en la nación el sistema social que tienen en mente. Y los hay que se limitan a gobernar y a hacer posible que cada ciudadano haga realidad la vida que para él quiere. La diferencias entre ambas maneras de pensar es gigantesca.

Piense usted que uno de ellos quiere decidir las felicidad de las personas y el otro simplemente quiere que sean ellas las que decidan.

Viene a cuento la idea de Friedrich Hayek cuando escribía acerca de si la economía debía ser planeada o no. Su respuesta era afirmativa, desde luego que la economía debía ser planeada. De eso no había la menor duda.

La cuestión de fondo era quién debía planearla, el gobierno o cada uno de los ciudadanos por sí mismos. La misma idea aplica a los gobernantes: los hay que quieren hacerlo a usted feliz y los hay que quieren que usted sea feliz por sí mismo.

Es una diferencia descomunal, pues el gobernante que quiere hacernos felices a los ciudadanos nos va a querer dar todo lo que a él se le ocurra, no lo que nosotros deseemos. Nos llenará con servicios estatales, como educación, servicios médicos, pensiones, cultura, vivienda, cine nacional, transporte, todo lo que considera que debe hacer un buen padre con el hijo pequeño e inmaduro. Ejemplos de esos lo hay en todas partes del mundo.

Son los gobiernos grandes, benefactores, centralizados. Hay casos extremos como el de Cuba, otros algo menos como los de Inglaterra y Suecia. México anda por el medio o algo así, con un gobierno que nos dice que no podemos decidir la educación de nuestros hijos, que no podemos manejar nuestro retiro, ni nuestros gastos médicos.

Un gobernante de este tipo es López Obrador, como lo muestra su libro. Tiene él, la idea de un gobierno que nos cuide desde que nacemos hasta que morimos. Es exactamente lo contrario del otro tipo de gobernante, del que tiene una idea menos ambiciosa y más limitada del gobierno.

Cree este gobernante que todo lo que debe hacer es brindar las condiciones más propicias para que cada ciudadano decida por sí mismo que debe hacer de su vida: dónde estudian sus hijos, a qué hospitales ir, qué tanto ahorrar y demás.

Para uno, los ciudadanos son eso que dije, hijos que no tienen capacidad y a los que hay que cuidar. Para el otro, los ciudadanos son gente madura que debe tomar decisiones por sí misma y ser responsable de las consecuencias, buenas y malas, de sus acciones.

La paradoja que se presenta es interesante, pues la democracia parte de la idea de que los ciudadanos son lo suficientemente maduros como para seleccionar a sus gobernantes… pero puede darse la situación curiosa de que los ciudadanos elijan a gobernantes que crean lo opuesto sobre ellos.

¿Por qué alguien elige a un gobernante que piensa que el ciudadano es inepto? Porque, me parece, el ciudadano que así vota no hace un examen de las ideas que en el fondo tiene ese gobernante y no se da cuenta de esa baja opinión que de los ciudadanos tienen estos gobernantes.

Más aún, porque este tipo de gobernante que quiere tomar las decisiones que corresponden a otros, tiene un discurso muy atractivo para el ingenuo. Dirá él a los votantes que instalará y fundará todo género de programas e instituciones gubernamentales para resolver cuanto problema tenga el ciudadano.

Aumentará el número de escuelas, elevará las pensiones, cobrará menos impuestos, protegerá los empleos, dará seguros médicos gratuitos, regalará artículos escolares y libros de texto, subsidiará el gas, cerrará fronteras para proteger a la industria y mil cosas más.

Cosas que en el fondo están basadas en la opinión de que los ciudadanos no sirven para nada excepto para llevarlo al puesto desde el que él intentará hacernos felices a todos.

El problema, desde luego, es que ese paraíso prometido para los ciudadanos lelos, como la “revolución bolivariana”. inevitablemente se convertirá en un infierno de malos servicios, escasez, autoritarismo y falta de prosperidad.

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