Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Marcos Enmarcado
Eduardo García Gaspar
10 agosto 2005
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Fue reportado hace unos días que el jefe de los neozapatistas reapareció en el escenario político mexicano y buscando las luces de la atención pública pronunció palabras pintorescas:

“Los asistentes a estos encuentros deben ser honestos y si están con López Obrador, no pueden estar con el EZLN… Vamos con todo a cobrar lo que nos hizo durante estos doce años ese partido (el PRD), que se dice de izquierda y que está conformado por un grupo de sinvergüenzas, que la van a pagar por haberse burlado de nosotros… Nos traicionaron desde el mismo momento en que confiamos en un movimiento cardenista.”

Así fue reportado en El Universal de la capital mexicana el pasado día 6 y lo dicho estuvo rodeado por 90 minutos de un discurso aparentemente poco memorable. Para entender bien lo que dicho debe tenerse en cuenta una realidad pocas veces mencionada en los medios y para eso necesito citar una frase que está en la Tercera Declaración de la Selva Lacandona, fechada en enero de 1995.

Ese documento del EZLN dice textualmente lo siguiente: “Llamamos a la Convención Nacional Democrática y al ciudadano Cuuahtémoc Cárdenas Solórzano a encabezar este Movimiento para la Liberación Nacional, como frente amplio de oposición.”

Los primeros dos de esos documentos, más aún, son en esencia una declaración de guerra al estado mexicano. En la primera declaración, se dice que, “conforme a esta Declaración de guerra, damos a nuestras fuerzas militares… las siguientes órdenes:… Avanzar hacia la capital del país venciendo al ejército federal mexicano… Respetar la vida de los prisioneros y entregar a los heridos a la Cruz Roja Internacional para su atención médica.”

Es decir, en pocas palabras, los neozapatistas querían tomar por la fuerza el gobierno mexicano y colocar como su cabeza a Cuauhtémoc Cárdenas. Poniendo las piezas del rompecabezas juntas puede verse una de las imágenes que permite entender a Marcos: su clara predilección por C. Cárdenas, él único de los políticos nombrados en los primeros documentos del EZLN al que se dirigen elogios, tantos que se le quiere como cabeza del movimiento de liberación nacional del neozapatismo.

No extraña, por tanto, que Marcos arremeta contra López Obrador, a quien entiende como el causante del eclipse de su ídolo. Nada que sea sorprendente por otra razón. Los neozapatistas, con todo y su folclor, son profundamente socialistas. De esos que pueden considerarse ortodoxos en el sentido original de la palabra y no en el sentido de las aplicaciones menos extremas del socialismo.

Es lógico que en López Obrador no vean sus ansias de tradición socialista y con razón, porque este personaje no lo es. Es un simple bufón de la política, con otro estilo, pero no diferente al mismo Marcos. En otros reportajes anteriores y recientes, los neozapatistas han expresado sus intenciones de realizar una ronda nacional para aglutinar a los socialistas nacionales en un frente único que represente, me imagino, a ese socialismo a la antigua que ellos defienden.

Como muchos de sus planes y declaraciones, lo más probable es que no se realice y quede todo en palabras. Y es que más que nada, eso es Marcos, palabras.

Un buen ejemplo de su estilo está en esta cita, de la segunda declaración en junio de 1994,

“De cara a la montaña hablamos con nuestros muertos para que en su palabra viniera el buen camino… Sonaron los tambores y en la voz de la tierra habló nuestro dolor y nuestra historia habló nuestro dolor y nuestra historia habló. … Así hablo su palabra del corazón de nuestros muertos de siempre. Vimos nosotros que es buena su palabra de nuestros muertos…“

¿Cuál será el efecto neto de Marcos y sus neozapatistas? La mayor probabilidad se inclina hacia una escasa influencia.

No sólo ese movimiento es uno de meras relaciones públicas que causa alegrías momentáneas en los algunos socialistas, sino que los tiempos le rebasaron. Quizá había alguna justificación suya a mediados de los 90, pero diez años después con un país democrático, su posición no tiene sentido y puede verse como una visita al Museo de Cera de Madame Tusseaud, que atrae a los turistas y lo hace con éxito. Pero hasta allí y sin más consecuencias que un momento de diversión.

Nota del Editor

Un estudio más profundo de la posición neozapatista puede encontrarse en Diálogo con el EZLN, un análisis de riegos.

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