Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Evidencia no Importa
Eduardo García Gaspar
3 abril 2006
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
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Todos solemos ser más tercos de los razonable, pero hay algunos que abusan. Hace buena cantidad de años se decía que la tierra se estaba enfriando y que pronto llegaría una nueva era de hielo. Ahora se dice lo opuesto, pero con la misma terquedad.

En una entrevista reciente a Thomas Sowell, un economista norteamericano, se trató brevemente el punto al que me refiero: la inmunidad ante las evidencias al contrario.

Recordó a John Kenneth Galbraith, otro economista y uno de sus libros, de 1967, en el que afirmó que las empresas grandes eran ajenas a las fuerzas de los mercados. Es decir, sobrevivirán sin problemas. Pregúntele a Eastern Airlines, IBM, Xerox, General Motors, K-Mart, Pan-Am, si eso es cierto.

Y recordó también a Paul Ehrlich, otro norteamericano, quien predijo que en los años 80 habría hambrunas masivas en el mundo, cuando en el siglo 21 tenemos problemas de obesidad y excesos de producción agrícola.

La evidencia no ha manchado la reputación de Galbraith y tampoco nos ha hecho que veamos con escepticismo las predicciones apocalípticas. Las pruebas en contrario, por sustanciales que sean, no son suficientes para convencer al terco. En México existe ahora un caso ejemplar de esto. Se trata de la Ley de Fomento para la Lectura y el Libro y fue aprobada unánimemente por los senadores a mediados de este mes.

Lo que la ley persigue es lo que el título menciona, fomentar la lectura en un país que no lee. El problema es que lo intenta hacer legislando un control del precios para libros: todos los libros tendrán el mismo precio en todo el país. Un libro igual tendrá el mismo precio en todas partes.

Toda la evidencia que existe indica lo opuesto al principio que presupone esa ley. Los controles de precio no han funcionado nunca.

Las leyes de oferta y demanda indican que para elevar la cantidad demandada el precio debe bajar, no mantenerse igual. Las librerías con menos eficiencia en su administración serán dañadas y podrá alterarse la oferta en ciudades pequeñas, sin librerías grandes y eficientes. Esto es economía de primer año, nada refinada. Pero, como dije, la evidencia no importa y la terquedad persiste, lo que al final producirá efectos negativos.

No habrá mayor lectura de libros y quizá disminuya. Pero cuando eso se sufra, los legisladores ya no estarán en sus puestos. Otros habrán tomado su lugar y quizá no se den cuenta de lo que sus antecesores lograron. Algo similar sucede con otra situación, la del agua. Muchos piensan que el agua es un bien público al que se tiene derecho legal y debe excluirse de la categoría de bien económico. Otra vez, errores de economía de primer año.

La definición de bien público no es aplicable al agua. El agua, se piense lo que se piense, es en realidad un bien económico, de consumo, que está sujeto a las leyes de oferta y demanda. Y eso significa que si desea reducirse el consumo del vital líquido (como dicen los cursis), no hay de otra que elevar su precio, lo que reducirá la cantidad demandada. Igual que con cualquier otro bien económico. No es complicado entenderlo si se ven las evidencias, lo que me regresa al punto central de esa columna: para muchos, las evidencias no bastan.

Una de las causas es la falta de educación y preparación. Pero hay otra peor. Demasiadas personas crean sus mundos propios, en los que no operan los principios del mundo real. Son mundos fantasiosos en los que no aplican los principios de oferta y demanda, como en el caso del agua y de los libros. Es como si los legisladores hubieran creado un mundo en el que no funcionara la ley de la gravitación, ni las leyes de la termodinámica… en donde dos más dos da el resultado que uno desee.

Si nos ponemos elegantes, éstas son cuestiones de epistemología, es decir, relacionadas con la manera de conocer el mundo que nos rodea, que es real y funciona con independencia de nuestras intenciones y deseos. Podemos querer que el agua y los libros no sean bienes sujetos a oferta y demanda… podemos desearlo con mucha intensidad, pero jamás lo lograremos.

La realidad ganará. Como le ganó a Galbrath y su idea de que las grandes empresas son inmunes a las leyes del mercado. Como a Ehrlich y su predicción de hambrunas en los años 80. Le ganará a los legisladores y su control de precios. Le ganará a quienes desean que el agua sea un bien público.

POST SCRIPTUM

• La entrevista con Sowell a la que me refiero puede leerse en http://www.opinionjournal.com/editorial/feature.html?id=110008144 BY JASON L. RILEY.Saturday, March 25, 2006 12:01 a.m. EST Wall Street Journal. Requiere suscripción.

• Un capítulo de una obra de Sowell trata el tema. Sowell, Thomas (1995). THE VISION OF THE ANOINTED : SELF-CONGRATULATION AS A BASIS FOR SOCIAL POLICY. New York. BasicBooks. 0465089941. No he leído el libro, pero las obras de este autor son superiores al promedio.

• Everardo Elizondo, al tratar el tema del agua recientemente, escribió que, “Los bienes públicos, o colectivos, tienen dos características distintivas: I) su consumo por parte de una persona no disminuye la cantidad disponible del mismo para cualquier otra persona en un grupo relevante, y, II) el costo de su provisión a un consumidor adicional es cero. La ilustración clásica de un bien público es la defensa nacional”. Grupo Reforma, 27 marzo 2006.

• La lista de fracasos de grandes empresas, debe incluir a General Motors, Chrysler, Sony, Kodak. Hay una lista de fracasos aquí: Schlitz, Iridium…

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