Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Precios por Decreto
Eduardo García Gaspar
21 junio 2006
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Los precios de la energía se han convertido en tema de campañas electorales. No de uno solo de los candidatos a puestos públicos, sino de varios de ellos.

No hace mucho un periódico reportó que el candidato del PRD dijo que, “un día después de su eventual toma de posesión, enviará un memorándum al secretario de Hacienda para que tomé las medidas correspondientes para reducir tarifas y precios de la luz, el gas y la gasolina”.

El del PAN prometió subsidios a los precios en otra de sus promesas.

Y cosas similares han dicho otros, como el emitir leyes que controlen los precios de esos bienes para hacerlos más accesibles. Seamos prácticos y veamos que si ponemos los pies sobre la tierra no necesitamos haber leído una sola página de economía para saber que eso es una bobada.

Si los precios pudieran controlarse por medio de órdenes a un secretario de hacienda, o de un memorándum al director del banco central, un Mercedes Benz costaría cien pesos y una casa lujos podría comprarse en mil.

El político que afirma que pueden manejarse los precios es un mentiroso y quien lo cree es un ingenuo. Sigamos con los pies en la tierra. Dentro de la economía existe una materia que se llama Teoría de Precios, con complejas gráficas que muestran cómo ellos se modifican dependiendo de las diversas acciones humanas que se convierten en oferta y demanda.

En las clases de Teoría de Precios no se enseña cómo escribir cartas instruyendo a algún ministro a establecer un precio. Los precios no pueden manipularse, pero sí puede intentarse hacerlo y eso se llama control de precios: un burócrata decide que un cierto bien debe venderse a un cierto precio y obliga por la fuerza a los ciudadanos a realizar compras y ventas a ese precio, lo que ocasiona tres posibilidades.

Una, que el precio decidido por el gobernante coincida con el precio natural que se hubiera tenido en un mercado espontáneo. En este caso el control de precios no tiene sentido.

Dos, que el precio fijado por el gobernante sea más bajo que el formado en un mercado espontáneo. En este caso, la demanda será más alta que la oferta y habrá déficit de producción. Las personas usarán más del producto, sin incentivo para cuidar su uso, ni ahorrarlo. Habrá desperdicio. Los productores no tendrán incentivos para producir más ni crear sustitutos. La productividad del país en general se reducirá. También se crearán mercados ilegales.

Tres, el precio fijado es más alto que el que se hubiera formado en un mercado espontáneo y entonces habrá más oferta que demanda, creándose un exceso de producción que eventualmente terminará en un superávit que presionará los precios hacia abajo.

En los casos dos y tres, el bienestar de la nación será más bajo que en en el caso de tener un precio espontáneo. Todos saldrán lastimados a la larga, pero a la corta habrá grupos beneficiados a costa del daño en otros. Así es la realidad y no puede cambiarse, incluso aunque algún gobernante lo ofrezca y prometa.

Por poner un símil: cuando se construye un avión, los diseñadores deben respetar leyes físicas para que el aparato pueda volar y ser estable. A nadie se le ocurriría construir un avión que viole las leyes físicas, pues se caería. En economía sucede lo mismo. Si se violan las leyes de la oferta y la demanda, la economía del país va a sufrir las consecuencias… y no hay de otra.

No es esto una cuestión de ideología ni de preferencias partidistas. Así está construido nuestro mundo, con leyes y principios que si violamos producirán efectos negativos. Por eso sorprende que algunos gobernantes hagan promesas de ese tipo y admira que existan ciudadanos que las crean. Si los precios fueran controlables desde la oficina de un burócrata, la URSS seguiría existiendo y sería el más próspero de los países, Cuba sería una cuna de riqueza.

El objetivo de bajar precios artificialmente es mejorar el poder de compra de la gente. Si usted quiere lograr eso hay otra vía que sí funciona y muy bien: déle a los productores facilidades de inversión y acción, lo que abaratará sus costos de operación y permitirá que los precios bajen naturalmente. Hace siglos que sabemos esto, está escrito en muchos libros. No es ningún secreto. A diario se enseña en muchos salones de clase.

POST SCRIPTUM

Muchos libros contienen la idea de la inutilidad de los controles de precios. Uno muy conocido es el pequeño folleto de Sadosky, James (1985). THE CHRISTIAN RESPONSE TO POVERTY. London. The social affairs unit. 0907631185. En cuanto a libros de texto sobre el tema está el de Landsburg, Steven E (2002). PRICE THEORY AND APPLICATIONS. Cincinnati, Ohio. South-Western Pub. 0324059795.

No puedo dejar de mencionar a un clásico de difusión económica, Hazlitt, Henry (1979). ECONOMICS IN ONE LESSON. New York. Arlington House Publishers. 0517548232, del que hay traducciones a múltiples idiomas.

Una buena prueba de que el asunto de los precios es un tema conocido desde hace mucho es Pufendorf, un escritor del siglo 17. Un resumen de lo dicho por él está en Oferta y Demanda. Una explicación más refinada está en Tan Bueno Que Pocos lo Ven, un resumen de una idea de Friedman, Milton, Friedman, Rose D (1990). FREE TO CHOOSE: A PERSONAL STATEMENT. San Diego. Harcourt Brace Jovanovich. 0156334607, capítulo 1 The power of the market, pp 13-24.

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