Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Usted y Britney Spears, en Ese Orden
Eduardo García Gaspar
12 octubre 2007
Sección: EDUCACION, MEDIOS DE COMUNICACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


No sé si a usted le sucede lo mismo que a mí. Me fascina la tecnología. Los adelantos que tenemos son maravillosos en verdad. Recuerdo una vez hace mucho tiempo que visité una estación de radio en Guadalajara.

Tenían allí unas grabadoras de carrete, muchas de ellas, con la música que echaba a andar en cada una dependiendo de la programación. Era una maravilla ver esa habitación tan grande haciendo tales prodigios.

Ahora usted puede tener esos miles de canciones en el bolsillo y escucharlas donde le plazca. Mi primera computadora no tenía disco duro y usaba discos floppy, dos de ellos. El primer disco duro tenía una capacidad muy limitada, era lento y ruidoso. Mi computadora actual tiene una pantalla seis o siete veces mayor, un disco duro del que no llegó a ocupar a la mitad.

En verdad hemos adelantado. Las primeras veces que de niño me atendieron por tener dientes picados, fue un suplicio con esos taladros lentos y que se calentaban. En cambio, ahora aunque sigue no siendo placentero ir al dentista, las cosas han cambiado terriblemente. En todo, o mejor dicho en caso todo, porque los gobiernos no han adelantado en nada: tienen los mismos problemas de hace siglos… pero esa es otra historia.

Regreso a lo de la tecnología y la ciencia en general. Es en verdad un espectáculo que quita el aliento y nos manda a un futuro que es imposible de prever. Estamos enamorados de la tecnología y sus resultados, como los teléfonos portátiles. No creo que haya nada de malo en esto. La tecnología es al fin una parte de nuestra co-creación de este mundo. Y, además, las ideas que tienen unos pocos expertos derraman sus beneficios en el resto de nosotros, sea para tener música o para sanar.

Pero en un mundo como el nuestro, que no es perfecto porque nosotros mismos no lo somos, aún esos maravillosos adelantos tienen sus consecuencias indeseables. Tome usted Internet. No hay duda de que tiene resultados sensacionales, como el poner dentro de su casa a una buena parte del mundo: información, arte, música, noticias. Es una mejora sustancial de nuestra vida.

Pero, como en los casos de otros adelantos, ellos también abren la puerta a conductas y acciones que son reprobables, como la pornografía, la violencia y demás. No es novedoso y es una forma de entender que en verdad el mal nace de nuestro interior, no de las cosas que usamos.

Somos nosotros los que abusamos porque somos imperfectos. Las cosas están a nuestro servicio y somos las personas las que decidimos como usarlas. Pero la tecnología puede también tener otro efecto indeseable que dependerá de nosotros remediar.

Nos distrae. Nos quita la atención de las cosas que son más importantes. Sí, es maravilloso traer en el bolsillo todas las obras de Mozart, pero hay más en la vida que eso, mucho más. Concentrados en la tecnología, por ejemplo, podemos descuidar nuestra atención en cultivarnos.

La televisión, por ejemplo, lleva muchos canales, algunos con programas realmente ridículos en los que desperdiciamos tiempo. ¿Que importa al final de cuentas estar enterado de los detalles de un ridículo adicional de Britney Spears, de Paris Hilton, o de la celebridad del día?

A lo que voy es que podemos terminar por medio de la tecnología sabiendo más de cómo mandar textos por teléfono que de nuestra existencia misma. Es tan atractiva la tecnología que, mal usada, retira de nuestras prioridades el atender asuntos mayores. Quizá el caso más masivo sea el de las telenovelas que con historias insulsas y malas actuaciones nos quitan el tiempo para menesteres de mayor trascendencia.

¿Cuáles son esos asuntos mayores? Eso lo decide usted. Yo no lo puedo decir nada más que una cosa. Usted nació para cosas más importantes que estar pendiente de una telenovela, de si ha nacido el hijo de Salma Hayek, de si un equipo de futbol ganó o perdió. Le puedo asegurar que su existencia no puede medirse por esas cosas.

Ni una operación de cirugía plástica, ni el bótox, ni las revelaciones de la vida privada de alguien, ni el último gadget electrónico, tienen el valor que usted posee.


Una Segunda Opinión data de enero de 2002 y es publicada en  algunos periódicos mexicanos.





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