Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Vida Fuera del Laboratorio
Eduardo García Gaspar
14 abril 2009
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
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Sin pensarlo se toma como cierto. Forma parte del paisaje intelectual de nuestros tiempos. Se le da por hecho. Se acepta sin cuestionarlo. Es la idea que le escuché, por enésima vez, a una persona recientemente, cuando habló de la rivalidad entre ciencia y fe.

Es un tema que supone que existen dos maneras de conocer: la que se da por medio del investigar y probar; y la que se da por medio de la creencia personal que no tiene aún una prueba tangible o razonada. El más clásico caso es el que contrasta a una ley física que puede probarse en un laboratorio y una creencia religiosa como la existencia de la vida futura.

No creo que la disyuntiva sea tan simple. Y de hecho pienso que la defensa que se hace de lo científico como única manera de conocer, también requiere fe. La fe en creer que ésa es la sola manera que tienen los humanos de conocer. Supone que no hay otra y eso se llama fe también.

De hecho creo que la fe y la razón se entremezclan de tal manera que es imposible separarlas. La fe es una especie de intuición que toma como cierto algo para lo que no existe aún confirmación probada. La fe es un producto del tiempo, entre el actual y el futuro: ahora  tomo como verdad lo que estoy seguro que en el futuro probaré.

No puedo ver contradicción entre fe y razón. Confiar totalmente en la razón es un acto de fe y la fe confía en que la razón la confirmará. Poner a una contra la otra es un artificio falso. Un científico, antes de su experimento, ejerce un acto de confianza en el futuro. Cree que el resultado será el que espera y sobre lo que ya conoce elabora su explicación teórica.

Entre razón y fe, me parece, hay sólo una diferencia de tiempos. Toma menos tiempo probar una teoría científica, como la de la fuerza gravitacional que probar la fe en cuestiones religiosas, como la existencia de Dios. Por eso, gente como Newton y muchos otros, no veían la contraposición entre fe y ciencia.

En cambio ahora, por citar un ejemplo, se acude a citar la contraposición entre fe y ciencia cuando se habla de la Evolución. Se dice que esa teoría prueba que no existe Dios porque la vida evoluciona sin orden ni sentido. Pero esto también es fe, una creencia por probarse en el futuro y que compite con la fe en la existencia de Dios. En el futuro tendremos la comprobación de una de ellas.

Cuando sucede que ponemos a la fe a ser lo opuesto de la razón y la ciencia, estamos separando dos facetas de lo humano, un error porque son ambas necesarias, juntas y simultáneas. El emprendedor que crea una idea necesariamente cree en ella a pesar de que no tiene certeza aún. Lo mismo le acontece a quien supone que las personas somos dignas y tenemos valor, algo imposible de probar en un laboratorio.

Al final de cuentas, lo que digo es que los humanos necesitamos tener creencias de cosas anticipadas. Sería imposible vivir sólo de acuerdo con lo que pueda ser probado en un laboratorio. De allí que se necesite la anticipación que provee la fe: ideas que tomamos como ciertas y de las que derivamos consecuencias que consideramos positivas. Sólo creyendo que las personas son todas dignas es posible reprobar a la esclavitud, por ejemplo.

Por eso, la confrontación entre fe y ciencia es riesgosa. Socava nuestra propia humanidad, la que necesita anticipar lo que no conoce, o no puede probar fuera de toda duda. Decir que la razón es todo lo que debe prevalecer, que lo que no sea científico debe ser ignorado, lleva a terribles situaciones que nos pierden por ignorar el futuro.

Cuando escuché a esa persona repetir sin duda alguna que la fe y la ciencia están en polos opuestos, que son imposibles de reconciliar y que la fe debe ser desechada, sabía que esa persona ignoraba las consecuencias de lo que decía. Cometía ella el error que criticaba y que es el de negar la fe por medio de la fe.

Pero lo peor es que repetía, sin darse cuenta de ello, una noción que mina nuestra propia naturaleza humana. Vivir sin fe es tirar por la borda todo lo que no es sujeto a pruebas de laboratorio y ciencia. ¿Cómo probar tangiblemente que somos libres por naturaleza y que la libertad necesita reglas?

¿Cómo probar que Mozart encierra en su música sensaciones humanas, o que Las Meninas de Velázquez es una maravilla? ¿O que Dios existe? ¿O que es bueno hacer caridad? Algún día sabremos las respuestas definitivas y prefiero el mundo en el que puedo tener fe, a uno en el que ella se reduce a lo que me diga un laboratorio.

Post Scriptum

San Pablo tiene una frase muy afortunada sobre el tema: “La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven” (Hebreos, 11, 1). Me parece sumamente notable que se mencione ‘realidades que no se ven’: el corazón de la fe, el tomar como verdad lo que no puede demostrarse aún.


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