Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¡Ay, Hay Ayuda!
Eduardo García Gaspar
27 enero 2011
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Los datos no son aún muy claros, pero lo que se sabe es asombroso. Fueron reportadas noticias graves sobre el Fondo Global de la Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria.

En resumen, los donativos que han sido recibidos por el fondo se han perdido parcialmente.

Se piensa que es un caso de corrupción interna del país receptor de la ayuda. Por ejemplo, en Mauritania dos terceras partes de lo recibido fue mal usado. Y, en otro caso, medicinas regaladas terminaron en el mercado negro.

Es un fondo famoso, el que es apoyado por Bono, el de U2, Bill Gates y otros. Recibe recursos personales de muchos multimillonarios y de gobiernos de varios países. Y, según la investigación, se encontraron facturas falsas, desvío de fondos.

En resumen, un escándalo.

Estamos en los terrenos de las virtudes y los vicios. Es una virtud la caridad, eso que llamamos compasión por el menos afortunado. Pero también son virtudes la razón y la prudencia. Combinadas, llaman a ser caritativos, prudentemente caritativos.

Dar dinero por darlo y hacerlo a tontas y a locas, no es precisamente algo aconsejable. Quizá produzca una cierta satisfacción personal el dar una buena cantidad de millones a fondos de ayuda como éste. Pero eso es la mitad del camino: la caridad, mal canalizada, produce más daños que bienes.

Suponga usted que posee una fortuna de varios miles de millones, los suficientes como para considerar atrasado el modelo de Ferrari que compró usted en 2010. Y, decide donar buena parte de su dinero a ese fondo, o a cualquier otro. Firma un cheque, hace algunas apariciones en televisión y ya, regresa a casita y se siente muy bien.

Alegra que eso suceda, pero la caridad sin razón no es realmente caridad.

Hay más que hacer, sobre todo, vigilar el uso de los recursos y medir resultados. Darle el dinero a la ONU y despreocuparse del asunto, por ejemplo, es mala caridad. La ONU es una organización política, no caritativa.

Lo que bien vale una segunda opinión en este suceso es apuntar una de las terribles confusiones de nuestros tiempos de mucha televisión y poca razón: suele creerse que el objetivo de los que hacemos es todo lo que cuenta, que nada más importante hay que tener buenas intenciones.

Las buenas intenciones, suele decirse con sabiduría de rancho, es eso con lo que se pavimenta el camino a las pesadillas y los infiernos. No basta tener los más altos ideales, ni los más nobles empeños. Se necesita también pensar, no necesariamente hasta extenuarse.

Piense usted en esto, un pequeño detalle. Usted da unos pocos millones a un fondo caritativo que ayudará contra la malaria. ¿No sería razonable preguntar a quien se le dará el dinero?

Si le responden que primero irá a un fondo de la ONU y de allí al gobierno de Cleoptolandia para que lo distribuya a los más necesitados… si esto le responden, es como para ponerse a dudar.

Esto me lleva a quizá un principio posible de acción en actos de caridad de este tipo: evite usted los canales gubernamentales.

La burocracia de Cleptolandia no es un buen canal de distribución de su donativos. Recuerde que en México, la ayuda recibida por el terremoto de 1985, terminó en parte en mercados negros.

Véalo de otra manera. ¿Confiará usted en un gobierno que es causa principal de eso que usted pretende remediar? El efecto neto, en parte, es terrible: los millones que usted dé ayudarán a sostener en el poder a la burocracia y al gobierno que es responsable de lo que usted quiere solucionar.

Hasta aquí hay una lección muy sencilla: la caridad imprudente empeora eso que desea reparar.

La compasión sin inteligencia puede empeorar las cosas.

Y también hay otra lección: evite el uso de canales gubernamentales para la distribución de la ayuda que usted dé… use canales directos de ayuda. Por ejemplo, misioneros religiosos que sostienen hospitales.

Cuando leí y vi reportajes sobre este caso de corrupción, el enfoque del medio estaba en el escándalo. Es bueno llamar la atención sobre el suceso, pero no es suficiente. Es obligatorio aprender de la experiencia y aplicar las lecciones.

Es obvio lo que este caso ilustra. No es el primero, ni será el último. Al final, es un asunto de virtudes y de vicios. La virtud de la caridad. El vicio de la imprudencia.

Post Scriptum

Las palabras de Octavia Hill son aplicables al tema, en Ayudas Gubernamentales.

Hay más ideas sobre el tema general en ContraPeso.info: Virtudes y Vicios.

Sobre el efecto no intencional de ayudar a sostener a malos gobiernos, véase la idea de Benjamin Powell y Matt Ryan en Ayudando a las Dictaduras.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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