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La Suecia de Libre Mercado
Selección de ContraPeso.info
17 octubre 2011
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de Samuel Gregg. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación. El título original de la columna es Free Market Sweden, Social Democratic America.

Dos países históricos, moviéndose en direcciones opuestas —e inesperadas.

“Suecia” no es la primera palabra en la que normalmente pensamos cuando escuchamos la expresión “libre mercado”.

Pero si el presidente Obama, Paul Krugman, Warren Buffett, y otros progresistas quieren encontrar maneras de salir de la crisis económica aparentemente insoluble de EEUU, podrían considerar buscarlas en un país considerado alguna vez como el modelo de una socialdemocracia moderna.

Es probable que se sorprendan — y queden asombrados — por lo que descubran.

Porque mientras EEUU ha optado por más gasto deficitario, rescates, medicina socializada, dinero fácil, subsidios fallidos “verdes” al estilo Solyndra, programas de empleos, y los hasta ahora fracasados intentos de elevar impuestos, Suecia ha estado calladamente convirtiendo a la Democracia Social en una pieza de museo.

Nadie se sorprenderá sabiendo que Suecia estuvo entre los primeros países europeos que crearon un estado moderno de bienestar. Entre 1911 y 1914, el gobierno socialista de Karl Staaff introdujo algunos de los primeros programas europeos de pensiones y seguros. Con el tiempo fueron añadidos más programas.

Sin embargo, dos cosas distinguieron al estado de bienestar sueco desde el comienzo.

Primero, los progresistas de Suecia hábilmente vendieron sus ideas como una forma de implantar lo que ellos llamaron “casa del pueblo” (folkhemmet). El énfasis se puso en considerar los valores tradicionales del campesinado en un contexto de industrialización.

Esto ayudó a los gobiernos social demócratas, que gobernaron Suecia de 1932 a 1976, a evitar ser etiquetados como marxistas ligeros en un país profundamente preocupado por la expansión de la Unión Soviética.

La segunda característica distintiva era la visión sueca de la protección social estatal como un derecho. Esto llevó a los sucesivos gobiernos a insistir en la cobertura universal con sus gastos cubiertos por impuestos generales.

Tomó varias décadas, pero la lógica implacable de esos compromisos erosionó eventualmente la competitividad de la economía sueca. La situación se agravó por las decisiones gubernamentales de los años 70 para apresurar la larga marcha de Suecia hacia el nirvana social demócrata.

Eso incluyó programas crecientes de bienestar, nacionalización de muchas industrias, regulación creciente y profunda, y —por supuesto—, impuestos crecientes hasta niveles punitivos para pagar todo eso.

En los siguientes veinte años, el sueño sueco se convirtió decididamente en una pesadilla. Un miembro del parlamento, Johnny Munkhammar, señala que,

“En 1979, Suecia tenía el cuarto mayor PIB per cápita del mundo. En 1990, había caído trece lugares. En esos veinte años, los salarios reales de Suecia se elevaron sólo un punto porcentual”.

Muy bien por esa ayuda a “los trabajadores”.

De frente a un estancamiento económico, Suecia comenzó implantando varias medidas escasamente socialdemócratas en los primeros años de los 90. Esto incluyó recortes al déficit del sector público y reducir las tasas marginales de impuestos y los niveles de propiedad estatal.

Otro cambio significó permitir programas privados de retiro, algo que fue acompañado por una reducción de la contribución estatal a las pensiones.

Sin embargo, estas reformas no fueron suficientes. A principios de esta década, de acuerdo con James Bartholomew, autor del best-seller The Welfare State We’re in (2006), más de uno de cada cinco suecos en edad de trabajar estaba recibiendo algún tipo de ayuda gubernamental.

Más del 20% con la misma demografía estaba trabajando “fuera de libros” o menos de lo que preferirían.

La estructura fiscal de Suecia incluso hizo que fuese financieramente conveniente permanecer desempleado y no buscar empleo.

Pero con la elección de un gobierno no socialdemócrata de coalición en 2006, se reanudó la agenda de reformas. Por el lado de los ingresos, los impuestos a la propiedad se redujeron. Se introdujeron créditos al impuesto personal permitiendo que grandes números de gente de clase media y baja retuvieran sus ingresos.

Para ser justos, el camino de la reforma fiscal fue facilitada aquí por los socialdemócratas. En 2005, simplemente abolió —sí, es cierto, fue abolido— el impuesto a las herencias.

Pero la liberalización no se limitó a los impuestos. El nuevo gobierno sueco aceleró la privatización de las alguna vez empresas propiedad del gobierno. También permitió que proveedores privados entraran al mercado de la salud, introduciendo así la competencia en lo que había sido uno de los sistemas de salud más socialistas del mundo. Industrias, como los taxis y trenes fueron desreguladas.

Los monopolios estatales de educación y electricidad fueron terminados con la introducción de competencia privada. Incluso hasta los precios agrícolas de Suecia están ahora fijados por el mercado.

Finalmente, los beneficios de desempleo se reformaron para que la gente que más permanezca en ellos menos reciba.

¿Así que cuáles con los efectos de todos estos cambios? La historia está en los números.

  • Los niveles de desempleo cayeron dramáticamente de la cifra de 10% a mediados de los años 90.
  • En cuanto al presupuesto, Suecia comenzó a tener superávit en lugar de déficit.
  • La deuda pública bruta se redujo de la cifra de 1994, 78% del PIB, a 35% en 2010.
  • Suecia, también, capoteó la crisis mucho mejor que el resto de los países europeos.
  • La tasa de crecimiento de Suecia en 2010 fue 5.5%. Como comparación, en EEUU fue de 2.7%.

Por supuesto, la historia de Suecia está lejos de ser perfecta. Aproximadamente, una tercera parte de los suecos que trabajan son burócratas.

Algunos de los beneficios de la reforma fiscal han sido debilitados por la aprobación sueca a los impuestos al carbono desde los inicios de los 90. Eso parcialmente refleja la medida en la que muchos suecos son presa de la religión de Europa Occidental con mayor crecimiento, el ambientalismo.

Todavía persiste el alto desempleo entre inmigrantes y jóvenes suecos (25.9% entre los de 15 a 25 años). Según Bartholomew, esto se debe mucho al “alto salario mínimo impuesto en varias industrias por los aún poderosos sindicatos. A esos que no pueden demandar un buen salario, no se les permite trabajar por uno menor”.

Del lado de los ingresos, el asalariado sueco promedio en 2009 aún llevó a casa menos de la mitad de lo que le cuesta al empleador. La cifra equivalente en Gran Bretaña es 67%.

No necesita decirse que las diferencias entre Suecia y los EEUU son enormes. Una economía con 310 millones de personas es muy distinta a la de otra con sólo nueve millones.

Más aún, las embarcaciones pequeñas son más fáciles de maniobrar que los grandes cruceros. A pesar de eso, es de seguro paradójico —y trágico— que un pequeño país nórdico que sigue siendo un emblema de su (a veces obsesivo) igualitarismo ha probado por mucho estar más dispuesto que EEUU a darle una oportunidad a la libertad económica.

Nota del Editor

Hay más ideas sobre los temas de esta columna en ContraPeso.info: Estado de Bienestar. También en ContraPeso.info: Suecia y en ContraPeso.info: Reformas Estructurales.

Más ideas del autor, en español, en ContraPeso.info: Samuel Gregg.

El libro referido por el autor es el de Bartholomew, J. (2004). The welfare state we’re in. London: Politico’s. Puede verse la página del autor.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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