Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Valor del Perdedor
Eduardo García Gaspar
11 junio 2012
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
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Es la razón de ser de la democracia. Es un cambio pacífico de gobierno.

Un cambio normal, parte de la vida diaria, sin violencia.

Es un buen tema para ver en una segunda opinión.

Intentar crear posibles escenarios inmediatos en estas elecciones mexicanas. ¿Qué puede pasar inmediatamente después del 1 de julio?

Para tal tarea tenemos que ver las variables más importantes, que son las siguientes.

La primera es la cercanía de los números de las encuestas. Cuando más cerca estén en cifras de primer lugar, más calentamiento electoral. Por el contrario, si con anticipación las cifras dan un ganador claro, menos calentamiento electoral.

Hasta esta fecha, esas cifras indican una diferencia importante en favor de un candidato, el del PRI y una competencia cerrada entre los dos candidatos del PAN y del PRD, con tendencia a crecer de este último. Las cifras pueden moverse, pero no son tan cerradas como en 2006.

La segunda variable es la de la rapidez y claridad del anuncio del ganador. A más velocidad y claridad, menos calentamiento electoral. Esta es una responsabilidad del IFE y su capacidad de comunicación durante el día de las elecciones y las horas posteriores. Lo que recuerdo del 2006 no es bueno.

La tercera variable es, seguramente, la de mayor importancia. Es la reacción de los perdedores en la elección a presidente. Me refiero a la concesión de la victoria al ganador.

Un reconocimiento de derrota que requiere madurez. La historia del 2006 no indica nada favorable. La vehemente reacción del candidato del PRD en ese año no da buenos presagios para este.

¿Fácil reconocer derrota? No, desde luego. No existe tradición política de este tipo en el país. El PRI fue excepcional en el 2000 con respecto a sus costumbres anteriores.

EL PRD, sin López Obrador, es aceptable. Pero con él, las cosas cambian notablemente para peor. Del PAN no hay antecedentes al ceder la presidencia, pero no creo que haya gran alboroto si lo hace.

La cuarta variable es la reacción de los grupos de presión que han intervenido ya con movimientos que alteran el ambiente electoral. El más visible de ellos es el de jóvenes que manejan dos ideas. La de estar en contra del candidato del PRI y de coincidir en ideas con el candidato del PRD.

Podemos anticipar protestas de este grupo en caso de ganar el PRI la presidencia. Algo como lo de 2006.

Con esas cuatro variables pueden crearse escenarios posibles. Usted lo puede hacer con cierta facilidad.

Para crearlos, sin embargo, debe considerarse una constante en las elecciones y que afecta a los candidatos.

Para ellos, los resultados de ese día son una cuestión de vida o muerte. Son un asunto supervivencia. Literalmente. Esto les crea un estado mental trastornado de ansiedad y zozobra que los inclina a medidas desesperadas que les den la victoria.

Sucede en todas partes, en todos los tiempos. Es parte del juego democrático y requiere cierta madurez mental en los candidatos. Aceptar una derrota después, para algunos, de años de campaña es algo impensable, difícil de asimilar.

Podrán con facilidad encontrar excusas que nieguen su derrota, que la atribuyan a trampas y acciones indebidas. Mi punto es directo: quien ha mostrado una incapacidad grave para aceptar derrotas será quien más problemas cree después en caso de perder.

Casi todas las personas alaban a la democracia y están dispuestas a colocarla en un altar. No es para tanto. La democracia es sólo un mecanismo de balance de poderes y que permite que un gobierno sea cambiado por otro sin violencia.

La responsabilidad de ese cambio pacífico recae en un pequeño gran acto que está en manos de los candidatos. Mejor dicho, está en sus mentes. Consiste en tener la madurez para reconocer su derrota.

Es decir, la solidez de la democracia y el grado de sensatez al que ha llegado tiene una manifestación enorme en unas breves y escasas palabras que salen de la boca, no del ganador, sino de los perdedores.

Y esto es lo que creo que aún no se tiene en México y que se manifiesta en las realidades de la elección pasada y en algunos indicios del mismo tipo en la presente.

Puesto de otra manera, un buen criterio de voto para el ciudadano es el no votar por quien tiene una alta probabilidad de no aceptar su derrota. En lo personal, me preocupa que se repita en dosis mayores lo sucedido después de las elecciones de 2006.

Post Scriptum

Más esquemático, se tienen las siguientes variables.

1. Cifras de encuestas. Cuanto más amplio margen de ventaja de un candidato, más probabilidades de tener un cambio pacífico de gobierno; cuanto más cerradas en primer lugar, más probabilidades de violencia posterior.

2. Rapidez y claridad de anuncios de resultados electorales. A mayor claridad y velocidad, más probabilidad de cambio pacífico de gobierno; cuanto menos claridad y menos velocidad, mayor probabilidad de violencia con manifestaciones callejeras de apoyo a los candidatos.

3. Reconocimiento de derrota. Cuanto más rápido y claro sea el anuncio de aceptación de derrota por parte de los perdedores, más probabilidad de cambio pacífico de gobierno; y lo opuesto, si uno o más candidatos no aceptan su derrota, se elevarán las probabilidades de violencia posterior.

4. Reacción de grupos extremos de apoyo a candidatos. Cuanto más fanáticos y extremistas esos grupos, más difícil les será aceptar la derrota de sus candidatos y más probabilidades habrá de violencia. El movimiento de jóvenes parece tener esta naturaleza.

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