grandes ideas

La mente y conducta de un dictador. ¿Cómo se comporta un dictador? ¿Qué piensa y razona? El hecho de que sea sin remedio un ser humano da una clave para encontrar las respuestas. Más la diferencia entre autoritarismo y totalitarismo.

Introducción

Todo comienza con una hipótesis: el dictador se comporta siguiendo los mismos principios que sigue cualquier otra persona. Lo que hay en la mente y conducta de un dictador es esencia lo que existe en el resto de la gente.

La idea fue encontrada en el libro editado por Bernie Lucht, con textos de Weber, E., Woodcock, G., Goodman, et al., Ideas: Brilliant Thinkers Speak Their Minds (2005, Goose Lane Editions, Ronald Wintrobe: Dictators and Democracies) pp. 94-111.

Punto de partida

La idea de Wintrobe comienza con dos ideas centrales.

Primero, buena parte del mundo vive bajo regímenes dictatoriales, de los que poco se sabe.

Segundo, los economistas suelen usar hipótesis sobre la conducta de las personas. Presuponen que la gente es racional, que es egoísta en alguna proporción y que es competitiva.

La intención es ahora hacer algo al respecto.

Ver qué tanto puede saberse de lo que hay en la mente y conducta de un dictador usando esas hipótesis sobre el comportamiento de las personas. Conocer más sobre el dictador y sobre las personas que él gobierna.

Queda por definir qué es una dictadura. Wintrobe la entiende como un régimen en el que el gobernante se nombra a sí mismo y en donde no existe un proceso legal para reemplazarlo. Claramente un régimen de este tipo acumula mucho poder en el gobernante.

Dentro de la mente del dictador

A partir de allí, el autor realiza una serie de especulaciones sobre lo que sucede en una dictadura, cubriendo la mente y conducta posibles del dictador y sus gobernados.

Represión y miedo

La primera consideración establece una relación entre represión y miedo. A más represión gubernamental mayor temor tendrá la población.

Pero ese mayor temor en los ciudadanos produce otro efecto, menos conocimiento sobre el apoyo que el dictador tiene entre la gente.

Con poco o nulo conocimiento de lo que piensa la gente, el dictador tendrá mayores justificaciones para también él tener temor. No sabrá si los apoyos que recibe son sinceros, si los informes que le mandan son verdaderos, si sus amigos lo son realmente.

Llega así a temer a todos: ciudadanos, guardias, amigos, colaboradores, familiares.

Ver lo que sucede en un régimen democrático ayuda a comprender este punto. En este sistema, el gobernante recibe críticas continuas, conoce a sus opositores y tiene información sobre su popularidad. Nada de esto existe en una dictadura.

Wintrobe concluye que una dictador goza de menor seguridad en su posición que un gobernante democrático y que el «rasgo más característico de la personalidad de un dictador es la paranoia». Viven afectados terriblemente por la intranquilidad y la angustia.

La posibilidad de la racionalidad

Entonces, si los dictadores son racionales, no gobernarán sólo mediante medidas represivas, persecuciones, encarcelamiento y tortura de quienes él piensa que son sus enemigos.

Pensar racionalmente altera la mente y la conducta de un dictador. Si quiere permanecer por más tiempo del probable, tendrá que crear apoyos entre grupos de la población, especialmente en quienes tienen poder para desestabilizar a su gobierno.

Hará cosas como darles más de lo que recibirían bajo otras circunstancias. Ingresos mayores a militares, a los trabajadores, a los empresarios, etnias o cualquier otro grupo poderoso.

Es la concesión de privilegios y tratamientos especiales, como monopolios a empresarios, o mayores sueldos a burócratas.

En cuanto a la gente de en medio, que no pertenece a esos grupos, ella puede irse del lado de los que se sienten reprimidos, o del lado de los que están siendo favorecidos.

Podrá esa gente incluso aceptar pérdidas de libertad, como la posibilidad de criticar al gobernante, pero eso no significa que el dictador no sea popular entre ella. Han existido dictaduras populares entre la gente común.

Desempeño económico

Un factor clave en la popularidad del dictador es el desempeño de la economía. Un gran desempeño de la economía en una dictadura creará popularidad entre la gente común, y viceversa.

Este tema lleva al terreno de si las dictaduras son buenas para el buen desempeño económico.

Hay dictaduras con resultados económicos espectaculares, como Chile, Corea y China. Pero hay también dictaduras que han sido fracasos económicos espectaculares, como Haití, Zaire, la URSS.

En conclusión, no hay una relación entre éxito económico y dictaduras, y todo lo que puede decirse es que las dictaduras tienen más capacidad para realizar acciones económicas decisivas y sin oposición.

Las democracias, por el contrario, no tienen esa misma capacidad de implantar medidas económicas decisivas. A ellas las acecha la inacción y la imposibilidad de acuerdos, o la implantación de medidas tibias e incompletas.

Esto lleva a Wintrobe a concluir que una atracción de la dictadura tiene su origen en esa inacción democrática que impide implantar medidas necesarias para el buen desempeño económico.

Un dictador, en cambio, sí tiene ese poder. Es el contraste entre la inacción de la Alemania de Weimar y el atractivo que generó Hitler.

El caso de la URSS

Si las acciones del dictador son buenas o no para la economía, eso depende, según el autor, de los intereses a los que quiera privilegiar para lograr su lealtad.

Un ejemplo de esto fue la URSS, donde la dictadura justificaba su poder en nombre de los trabajadores. Su gobierno tomó la propiedad de los bienes de producción y la burocracia sustituyó a los capitalistas propietarios.

Las burocracias, que no son malas en su naturaleza, tienden a ser ineficientes, a osificarse. Por eso necesitan ser sacudidas periódicamente, que fue lo que hizo Stalin en la URSS. Después de él, ya nadie lo hizo y la burocracia soviética se osificó e hizo caer a todo el sistema.

Según Wintrobe, dado lo anterior, el futuro de las dictaduras que se orientan a los trabajadores es algo desolado, porque esa protección laboral, como sueldos mayores, no hacen atractivas a las inversiones. Del otro lado, las dictaduras orientadas al capital tienen un razonable mejor futuro, como Corea del Sur.

La paradoja debe apuntarse: a la larga, las dictaduras que se orientan al capital han sido de beneficio para los trabajadores.

El ejército

Continuando con lo que existe en la mente y conducta de un dictador, el autor trata un tema vital, las fuerzas armadas.

Uno de los grupos de poder que los dictadores suelen apoyar es el del ejército. Intuitivamente se cree que las dictaduras militares deben ser las más estables, porque después de todo, son los especialistas en represión.

La realidad es que no, las dictaduras militares suelen ser de corta duración.

Al parecer, lo que sucede es que los militares se privilegian a sí mismos y así encarecen el mecanismo de represión, perdiendo ventaja comparativa al gobernar.

Una vez obtenidos los privilegios, los militares están inclinados a devolver el poder a los civiles si tienen una garantía razonable de conservar sus privilegios y tener inmunidad.

La dictadura personal

Entre las dictaduras, las más peligrosas son las que lleva un solo individuo. Una persona sola gobernando no tiene tanta necesidad de llegar a compromisos con otros grupos, como sucedería en el caso de dictaduras con varias personas en las más altas posiciones.

De todas las dictaduras, la peor de todas es aquella en la que todo el poder se centraliza en una sola persona, quizá carismática y sin necesidad de quedar bien con nadie.

Finalmente, siendo racionales y buscando su propio interés, los burócratas compiten entre ellos realizando acciones que sean positivas para sus superiores, como sucedió entre los nazis, que buscaban subir de puesto, tener honores, teniendo iniciativas más allá del seguir órdenes.

Este es un proceso de auto selección en la burocracia de las dictaduras, uno que promueve a puestos superiores a las personas con mayor maldad. Puede concluirse esto bajo la hipótesis general del comportamiento económico de la gente normal, que puede razonar y que busca su propio beneficio.

Concluyendo

La idea de Wintrobe puede causar cierta inquietud si se lee superficialmente.

Se trata solamente de lograr saber más sobre dictaduras, dictadores y sus gobernados, usando las hipótesis que suele aplicar un economista para entender la conducta de la gente común y corriente.

Esto permite un mejor conocimiento del funcionamiento de ese tipo de regímenes, el que podrá usarse en las decisiones de cómo tratar con ellos. Saber lo que existe en la mente y conducta de un dictador es un conocimiento vital.

Más sobre el tema de la mente y conducta de un dictador, ahora con una columna del 2007.

Totalitarismo y autoritarismo

Por Eduardo García Gaspar –   4 enero, 2007  424

Hay diferencia entre autoritarismo y totalitarismo. No son lo mismo exactamente. La mente y la conducta de un dictador son diferentes en situación de totalitarismo que en el de dictadura.

Y para mostrarlo, comparto la idea central de una columna del Wall Street Journal del 12 de diciembre. Su título, «La paradoja Pinochet».

El caso de A. Pinochet

Pinochet murió hace unas semanas. A finales de los años 80 aceptó ser desplazado del poder por un plebiscito.

Quizá eso muestre la diferencia en un caso real. No creo probable que dentro de un sistema totalitario suceda algo así. Quizá por eso, Pinochet pueda ser visto como un autoritario, pero no como un totalitario.

El general tomó por la fuerza el poder en 1973, lo que lo coloca muy alejado de las nociones democráticas. Pero salió del poder por un plebiscito y desde ese tiempo, Chile es no sólo una democracia ejemplar para América Latina, sino un país en vías de dejar el subdesarrollo característico de la región.

Una afirmación de Jeanne Kirkpatrick cuando hizo la distinción entre autoritarismo y totalitarismo. Es más probable la conversión de los sistemas autoritarios en sistemas democráticos que la del totalitarismo.

Chile es un ejemplo de eso, con una democracia naciente venida de un sistema autoritario que gradualmente perdió el poder. Cuba sería el lado opuesto de la moneda, un totalitarismo claro según esta manera de pensar.

Pinochet es una ilustración interesante por otra razón. Se convirtió en el diablo de la izquierda al haber derrocado a Allende. Pero al mismo tiempo Allende de cierta forma creó a Pinochet.

La fama de Allende fue póstuma: obtuvo el 36 por ciento del voto en el 70 y llegó a la presidencia por concesión de los demócratas cristianos.

Una vez presidente, Allende se inclinó poderosamente al socialismo por decreto y atacó a la libertad de prensa, creó serios problemas económicos e inflación, y al final intentó acciones expropiatorias negadas por la Suprema Corte.

Esa columna dice que la cifra oficial de muertos es de poco más de tres mil durante el gobierno de Pinochet, casi 90 por ciento de ellos durante las primeras dos semanas de lucha durante el golpe. Desde luego esos son los números oficiales y son tan sospechosos como los de sus detractores.

Hubo ataques a las libertades y torturas. Sin duda fueron malos años para los chilenos: el autoritarismo los victimó y Pinochet fue atacado furiosamente por muchos de los que alabaron incondicionalmente a Castro.

En resumen

En la mente y conducta del dictador autoritario parece haber menos oposición a dejar el poder y abrir la puerta a un régimen de libertades, que en el caso del dictador totalitario.

Esto se debe a una faceta del totalitarismo, la de estar basado en alguna utopía, sueño, o proyecto que justifica los medios de su implantación, todos los medios, sean los que sean. Es un proyecto al que no puede renunciarse jamás.

El totalitarismo es más Castro, más Kim Jung-II, más Mao, Stalin, Hitler, que Franco y Pinochet. Más mesiánico y fundamentado en alguna de esas tesis que piden destruir todo como requisito de la construcción de un nuevo orden quimérico ante el que todo debe sacrificarse.

Si lo anterior es cierto, entonces China está transitando del totalitarismo de Mao al autoritarismo de Hu: dejó atrás el dogmatismo socialista.

Pero también para comprender mejor el caso de Hugo Chávez y preguntarnos si es un totalitario o un autoritario… es decir, si hay alguna esperanza de corrección pragmática o no.

Y también valió la pena, me imagino, entender que esos personajes totalitarios o autoritarios tienen también parecidos enormes, aunque no estén en la misma canasta.

Y unas cosas más…

Conviene ver Los métodos de la mente totalitaria y Las dos equivocaciones de los intelectuales.

[La columna fue revisada en 2019-11]