Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Monstruo Que te Comerá
Eduardo García Gaspar
16 junio 2014
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El caso tiene su gracia. Los detalles distraen de la esencia misma.androjo

Se trata de otra instancia muy común en nuestros días de mucha televisión y escaso uso de neuronas.

La Copa del Mundo generó una oportunidad de negocio para los cines.

Pasarán ellos los partidos en vivo, en su gran pantalla, y ofrecerán otros servicios a los asistentes. Habrá bebidas alcohólicas.

Nada que usted no pueda hacer en su casa aunque con una pantalla menor. En fin, poco que reportar, excepto porque a algunos me imagino, les agrade esa posibilidad.

Surge entonces lo interesante, la protesta. Partes de la sociedad, por ejemplo, asociaciones de padres de familia y otros, se oponen a que se vendan bebidas alcohólicas en los partidos pasados en las salas de cine (en la actualidad, en algunas salas, si usted quiere beber un martini, lo puede hacer si problema).

En fin, el galimatías pasa por una etapa obligada en todo caso similar: el gobierno interviene y, como fue reportado en 5 de junio, el gobernador de Nuevo León, México, emite una opinión. Su gobierno no está a favor de que “los cines se conviertan en bares” en los que se exhiben eventos deportivos.

Vayamos al fondo del suceso, que es la noción del gobierno reconvertido en una agencia de educación moral con poder de coerción.

Al menos así lo entienden quienes lo buscaron para que impidiera que se vendiera alcohol en los cines.

Las asociaciones de padres de familia, queriendo hacer un bien, están cometiendo un grave error. Están creando un monstruo gubernamental responsable de hacer que todos se porten bien, no por convencimiento propio, sino por miedo al poder gubernamental.

La miopía de esas asociaciones es enorme, porque ellas mismas limitan su autonomía y libertad frente al gobierno que ahora es educador moral. Han sufrido, sufren y sufrirán las consecuencias del error que cometen.

No solamente esas asociaciones padecen esa miopía. La sufren, me parece, la gran mayoría de las personas. Esas para quienes no existe problema que no deba y pueda ser resuelto por la autoridad política. E

sto es particularmente notable y se debe, me parece, a la opinión que se tiene sobre la libertad humana.

Siendo libres, los humanos nos ponemos en una posición inevitable, la de ser los mejores árbitros de nuestras decisiones, los que mejor podemos decidir lo que hacemos. Entonces sucede algo que está en el fondo del tema.

Para quienes las personas no pueden ser los mejores árbitros de sus decisiones, resulta lógico que alguien más tome las decisiones por ellos. La cosa se justifica en los casos de menores de edad, enfermos y otras excepciones. Pero no igual en el caso de personas con mayoría de edad.

Es cuando se piensa que las personas no están capacitadas para ser jueces de su libertad se solicita al tutor, que en este caso es el gobierno y que dicta, por ejemplo, que no debe servirse alcohol en el cine. Ninguno de los asistentes al cine es capaz de decidir por sí mismo y es mejor que lo haga otro.

Para quienes la libertad es importante, sucede lo opuesto. Piensan ellos que las personas deben decidir por sí mismas, que tal vez decidan mal, pero que eso será ocasión de aprendizaje y madurez. Si toman alcohol en el cine o en su casa, eso es asunto de ellos, que son los mejores jueces.

¿Ve usted la diferencia? Quienes piensan que los humanos somos tontos concluyen que no podemos ser libres y que se nos tiene que poner a un tutor que nos diga qué hacer y qué no hacer, como no beber en los cines.

Por supuesto, pensar así, causa un efecto de minoría de edad en la población, la que ya no tendrá la oportunidad de decidir por sí misma, ni aprender, ni madurar. Es un buen sistema para crear personas menores de edad.

Creer que las personas no pueden ser los mejores árbitros de sus propias decisiones es la entrada a la posibilidad de una serie de medidas represivas, todas destinadas a anular la libertad.

Este es el contexto en el que se pide que el gobierno intervenga para evitar que los cines vendan bebidas alcohólicas. Un caso nimio, trivial, pero que exhibe la posibilidad de otras medidas de similar naturaleza.

¿Ejemplos? El gobierno mexicano piensa que los mexicanos son tan tontos como para anularles la posibilidad de ser dueños de yacimientos petroleros. Tan retrasados como para evitar que ellos hagan los planes de estudios y decidan las escuelas a los que van sus hijos.

Esta es la idea central del estado de bienestar: las personas son incapaces de usar su libertad, deciden tontamente, no saben lo que les conviene, no pueden ser felices decidiendo por ellas mismas; hay que ayudarlas, darles instrucciones, evitando que sean libres y tomando por ellas las decisiones.

El punto llega así a una manifestación terrible, como en este caso, las mismas asociaciones de padres de familia pidiendo al gobierno que anulen la libertad de otros usando su poder. Se convierten en cómplices involuntarios que ayudan a crear el monstruo que las destruirá.

Post Scriptum

Un caso muy claro que confirma que el gobernante piensa que somos unos tontos, es su nivel de gasto. Conforme más gasta supone que él gasta e invierte mejor de lo que lo haríamos nosotros.

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