Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Una Confusión Mortal
Eduardo García Gaspar
28 agosto 2014
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


No es fácil notarla. Permanece oculta.androjo

Otro caso de esas ideas que son premisas inconscientes.

Quizá haya sido producida por un rasgo de nuestros tiempos, la exageración democrática.

El tema es vistoso cuando se ve de cerca.

Comencemos con esa exaltación febril de la democracia. No es que la democracia sea mala, al contrario. Lo que sí está mal es volverse un fanático de ella, un fundamentalista democrático.

Basada en la noción de que la soberanía reside en la gente, la democracia hace un brinco indebido: supone que la opinión de esa gente es lo mejor que puede existir. Que lo que la gente piensa, o al menos la mayoría, es una verdad absolutamente respetable y cierta.

La confusión comienza a verse: la democracia toma a la opinión mayoritaria como criterio central de resolución de conflictos. Por eso, quien recibe más votos es el siguiente gobernante. Y las leyes se prueban con mayoría de votos de legisladores.

El mecanismo es crudo y simplista, pero funciona bien en su intención de resolver conflictos de poder. La confusión mortal surge cuando se toma ese mecanismo de selección de mayoría y se traslada a campos para los que no fue creado.

Una ejemplo exagerado. Una teoría científica, la que usted quiera, no está sujeta a una votación de la cámara de legisladores para determinar si es verdadera o no. Sería surrealista hacer un referéndum para decretar si las leyes de la termodinámica son aceptables.

El desbarajuste, por tanto, se organiza con facilidad cuando se saca de su terreno natural al mecanismo democrático de decisión mayoritaria, pensando que puede encontrarse así la verdad.

La decisión democrática no está diseñada para encontrar verdades, sino para solucionar desacuerdos simples, como la elección de un gobernante.

Esto puede verse de otra manera. Una decisión democrática, como la emisión de una ley con la mayoría de votos de los legisladores, o una sentencia de una corte suprema de justicia con votación de sus jueces, da un resultado políticamente válido y merecedor de respeto político.

Pero no más que eso. Podría ser que la ley aprobada o que el juicio emitido no tuvieran validez moral, por ejemplo.

Un caso común: podrá emitirse una ley de control de precios por la vía de una cámara de legisladores y ella tiene validez política, pero su validez científica será al menos cuestionable.

El punto llega a temas enormes cuando una ley permite algo, como el aborto, o los matrimonios homosexuales. En estos casos, dichas leyes tienen validez política en el sentido de que fueron emitidas con procesos democráticos legítimos. No significa que en otros sentidos sean disposiciones inválidas.

Lo que creo que bien vale una segunda opinión es eso mismo. Una decisión realizada por medios y procesos democráticos válidos, tiene legitimidad política. Pero tener legitimidad política no significa que también tiene legitimidad moral.

Esto es lo que hace posible criticar a la ley, cuestionando su contenido. Si no existiera un criterio superior a la ley, en esta caso la moral, toda ley, no importa qué tan injusta sea, sería automáticamente buena y justa. No podrían existir leyes malas.

Un ejemplo extremo. En un país cualquiera la mayoría de los legisladores votan en favor de una ley que segrega a una minoría, la que sea. Le quita derechos y le hace pagar impuestos adicionales. Más aún, la mayoría de las personas en ese país están de acuerdo con la ley.

En términos netamente democráticos, tal segregación legal es perfectamente válida: se siguieron mecanismos democráticos para emitirla y la opinión pública está a su favor. Si la democracia fuera el criterio final, esa ley tendría que aceptarse como buena y justa, moralmente válida.

Es solamente bajo la idea de que lo democrático no necesariamente significa lo moral, que esa ley puede criticarse y buscar que sea anulada. Esto es lo que creo que no se entiende correctamente en estos tiempos demasiado democráticos.

Varias veces se ha argumentado que la mayoría de las personas piensan que debe permitirse el matrimonio homosexual y que eso indica que la ley debe cambiarse para aceptarlo.

Una ley emitida así, con apoyo mayoritario y por medio de procedimientos legales, tendrá validez política.

Pero no necesariamente validez moral. Es una confusión mortal el presuponer que lo democráticamente decidido es igual a lo moralmente correcto. Muchos, en mi experiencia, cometen ese error.

Otro ejemplo. Creer que leyes fiscales redistributivas, aprobadas democráticamente y respaldadas por la mayoría de la gente, son leyes moralmente irreprochables y científicamente correctas, es un error del demócrata fanático.

Esas leyes redistributivas, puede ser examinadas científica y moralmente, encontrando que son erróneas, o injustas, o inmorales, o al menos muy cuestionables. Lo democrático no es sinónimo de lo bueno.

Post Scriptum

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