Las consecuencias y riesgos de la tolerancia. Con faciliad enorme ella solicita que una opinión sea exceptuada de un examen racional y sea respetada sin necesidad de mostrar su solidez.

La petición general de tolerancia

Aquel que pide tolerancia a los demás resulta ser probablemente uno de los menos tolerantes. Estas son las consecuencias que se tienen cuando la tolerancia se acepta sin reflexión.

Un ejemplo permitirá entender cómo es que esto sucede.

Digamos que usted está en medio de varias personas. Cada una de ellas tiene diversas opiniones acerca de un tema, por ejemplo, el aborto.

Ellas expresan sus creencias y usted también. Supongamos que usted dice que el aborto equivale a un asesinato y explica sus razones.

Otra persona, por el contrario, habla en favor del aborto y para defender su posición pide tolerancia. Argumenta que usted no está siendo tolerante con la opinión que ella tiene.

Esta persona lo acusa a usted de querer imponer su punto de vista en ella. Le pide que usted no juzgue su conducta, que no sea intolerante.

Este tipo de situaciones suceden con mucha frecuencia.

Consecuencias de la intolerancia: el esquema

Esquemáticamente, en ellas se tienen dos opiniones opuestas y una de ellas es defendida acusando a la otra de intolerancia. Es la llamada falacia de la tolerancia redefinida.

Funciona así:

  • La persona A dice que está contra el aborto.
  • La persona B dice que está a favor del aborto.
  • Ambas se declaran con opiniones opuestas.
  • La persona B acusa a A de intolerante y gana la discusión.

Para los propósitos de esta columna, no importa la opinión en sí misma. No importa si es aceptable el aborto o no. Lo que interesa es si la petición de tolerancia es un argumento lógico y sólido para defender una opinión, la que sea.

Quien solicita tolerancia para sus opiniones, no está expresando argumento alguno que las justifique. Se ha limitado a pedir que ellas puedan existir y ser escuchadas y aceptadas, sin necesidad de ser defendidas ni explicadas.

Cuando se pide tolerancia, se solicita que la opinión sea exentada de dar una justificación. Y se defiende atacado al opositor de intolerancia, dogmatismo y moralismo.

Es como el niño que falta a clases y no presenta justificación. Quiere que los profesores acepten su ausencia sin necesidad de dar explicaciones. Este es un defecto mayor de las peticiones de tolerancia. Ellas quieren que algunas opiniones están exentas de ofrcer argumentos y razones que las justifiquen.

Solicitud de excepción a la regla

No es un defecto pequeño, al contrario. Si las demás opiniones están obligadas a justificarse sí mismas con argumentos y explicaciones, la solicitud que permanecer exentas de tal obligación constituye una ventaja indebida.

Todos los que expresan una opinión tienen la obligación, sin excepción, de argumentar en su favor.

La tolerancia, por tanto, tiene consecuencias una debilidad sustancial, la de pedir una posición de privilegio para la opinión que la solicita. La solicitud de ser una excepción a la obligación de dar explicaciones y justificaciones tiene consecuencias que son muy graves.

La opinión que pide ser tolerada podría ser, y suele ser, la más extrema, alocada, injustificada de todas y querer permanecer tan válida y aceptable como la más lógica y racional. Ella se cobija en la petición de excepción para no ser evaluada racionalmente.

Esto es lo que mucho me temo que no se ha entendido por parte de la gente que con buena voluntad pide tolerancia. En mi experiencia, no se dan cuenta de los efectos que en la realidad tiene lo que solicitan.

Y lo que solicitan es terrible. Están pidiendo un estado de excepción para las opiniones que sostienen.

Debilitamiento de la razón

Esto es lo que creo que ha creado un estado muy especial de cosas en nuestros tiempos. Una situación en la que lo más razonable y sólido es atacado; en la que lo más irracional y débil es defendido. Un medio ambiente intelectual como quizá no habido otro nunca antes.

Es un ambiente intelectual que pide dejar de usar la mente. Una paradoja sustancial, una contradicción esencial. Algo que hace que la tolerancia tenga riesgos y consecuencias.

Por ejemplo, en el terreno moral, se convierte en una solicitud de aprobación para lo más inmoral en lo que usted pueda pensar, mientras que lo más moral y deseable pasa a ser algo reprobable.

Es fácilmente demostrable lo que estoy diciendo. En realidad creo haberlo demostrado claramente.

Pero el peligro sobrevive porque lo que estoy haciendo es usando la razón y lo que la tolerancia pide es dejar de hacerlo. Dejar de usar la razón es dejar de ser humano. Esto es lo que creo que nos está pasando en nuestros días.

Las peticiones de tolerancia sobreviven gracias a un halo de aprobación superficial, que envuelve a demasiadas personas bien intencionadas que no se han puesto reflexionar sobre las consecuencias de lo que están pidiendo.

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Y a propósito, unas cosas más…

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El derecho a tener opiniones

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Tolerancia, sus riesgos

Fue una noticia poco difundida. Trató las declaraciones de un arzobispo, el de Miami. El tema fue el de los matrimonios homosexuales. Más claro, no pudo ser.

Según Thomas Wenski, esos matrimonios «corrompen el arreglo natural» para la educación de los niños, que necesitan un padre y una madre. Reportada el 30 de abril de 2013 (CNSnews.com), en ella se citan las palabras de Wenski.

«Toda investigación social honesta así como la evidencia anecdótica muestra que los niños están construidos (hard-wired) para ser mejor educados por una madre y un padre que están casados en una relación de conflicto reducido».

La opinión es conocida. Tiene sus bases racionales y también religiosas. Las cosas se ponen interesantes por el añadido que hizo el arzobispo.

Dijo que si prevalece el reclamo de matrimonios del mismo sexo, eso modificará en lo fundamental a la familia de padre, madre e hijos, lo que «abrirá la caja de Pandora».

Esa frase es la acostumbrada al referirse a los llamados efectos no intencionales, los que tendría esa redefinición de matrimonio sustentada en la «sola gratificación de dos (¿por qué sólo dos?) adultos que consientan». Son consecuencias inevitables de la tolerancia.

Se trata, dijo, del relativismo moral, que en la práctica establece una religión nueva, secular, en la que cada quien tiene el derecho a definir sus propias ideas sobre la vida.

Consecuencias de la tolerancia

Dijo el arzobispo,

«Cuando una democracia se fundamenta a sí misma en el relativismo moral y cuando considera que todo principio ético o valor es negociable… se encuentra ya en camino a pesar de sus reglas formales, hacia el totalitarismo… La fuerza del derecho velozmente se convierte en el derecho a la fuerza [The might of right quickly becomes might makes right]».

La posición del catolicismo es clara y Wenski la repite en sus palabras. Nada desconocido hay en ello. Pero es la idea de los efectos no intencionales lo que le añade una dimensión poco explorada.

No creo que muchos digan que una redefinición de matrimonio y familia no tenga más efectos de los que podemos anticipar. El cambio es tan profundo que anticiparlos es imposible.

Obviamente es algo que tiene sus riesgos y grandes y desconocidos. No es una medida que pueda tomarse a la ligera y ser vista como una simple ampliación de derechos.

Desaparición de controles y límites

Y eso nos lleva a otro añadido de Wenski: hacer negociables a los principios éticos tiene una mala consecuencia que no es difícil de entender.

Cuando usted los hace negociables, cuando dejan de tener una naturaleza absoluta, ya nada impide que el poder sea frenado. La libertad desaparecerá.

Es interesante contrastar la posición del arzobispo con la de un amigo, quien aprueba esas bodas. «Si se aman dos personas del mismo sexo, allá ellas si quieren o no casarse, que lo decidan, que hagan lo que quieran con su vida y nosotros debemos tolerar su decisión sin impedirla», dice él.

El contraste entre la opinión de Wenski y la de mi amigo va más allá del ser diferentes.

Uno reprueba esas uniones y otro las aprueba. Pero no es solo eso, la esencia de la diferencia es otra.

Para el obispo, el tema es importante, vital, le preocupa y razona defendiendo su posición. Mi amigo, en cambio, muestra desdén y desprecio, el tema lo lleva a una dimensión de indiferencia.

No es tanto que defienda a las personas del mismo sexo que quieren casarse, sino que queriendo ser tolerante termina siendo displicente y apático. Y ese es el gran riesgo que deja libre al poder desenfrenado.

Las enormes consecuencias no intencionales de la alabada tolerancia: el convertir a la gente en displicentes ciudadanos a quienes todo da igual.

Y, por supuesto, a quienes todo da lo mismo, nada importa. A quienes nada importa solo podrán tener una opinión, la de no tenerla.

Una precisión

Las discusiones sobre las bodas homosexuales son sólo uno de los escenarios en lo que se ilustra un conflicto más general entre la moral que no es negociable y la que sí lo es.

Es decir, entre la moral con principios absolutos y universales y la moral con principios variables y acomodaticios.

Lo que me resulta fascinante es el resultado inesperado para muchos de este conflicto, en el que resulta que la Iglesia Católica es quizá el más grande aliado de quienes defendemos la libertad.

Un aliado sorprendente, que al defender la idea de valores absolutos, defiende también a la libertad.

[La columna fue actualizada en 2020-01]