verdad

La definición y el significado, de ‘dogmatismo’ . Su uso común contiene elementos que comienzan con la aceptación de conocer la verdad. Y que ella existe, sin embargo tiene usos peyorativos.

¿Qué es dogmatismo?

Dogmatismo puede ser bien comprendido considerando sus interpretaciones usuales:

1. Significado común y áspero

En su significado usual y común, es una palabra que califica a la posición de creer en ciertas cosas como realidades incuestionables. Creer con certeza absoluta, de manera terca y obcecada —sin admitir la posibilidad de dudar de ellas.

En este caso, dogmatismo es casi un sinónimo de testarudez y obstinación irracional —un empecinamiento sin fundamento.

Más o menos, eso se muestra en lo siguiente, donde el dogmatismo se ilustra con la actitud de quienes rechazan toda posibilidad de que sus creencias sean discutidas siquiera.

«Dogmatismo se refiere, de un modo general, a la tendencia de asumir ciertos principios o doctrinas de un modo absoluto y tajante, sin admitir cuestionamientos». significados.com

2. Significado preciso y amable

En su significado más amable, es una posición intelectual que admite la existencia de creencias o conocimientos que deben admitirse como verdaderos.

Presupondría que esas creencias o conocimientos son reales a tal punto que no son posibles de cuestionar. Pero también supone que a pesar de ser verdades absolutas, podrían ser examinadas lo que daría como resultado su confirmación.

Esta no es ya la interpretación del dogmatismo como la posición que rehusa discutir o examinar a los creído como verdad. Quizá incluso lo opuesto, da la bienvenida al examen de lo tomado como dogma bajo la idea de que ello ayudará a confrmarlo.

Dogmatismo y escepticismo

En lo general, no son dogmáticas las ideas, postulados y principios que son claramente innegables. Entre los que no se incluyen usualmente  a los conocimientos obvios como una Tierra redonda, o la suma de 2+2.

Es decir, el dogmatismo se aplica más a cuestiones sujetas a discusión y más producto de la razón especulativa disciplinada y lógica, Y con mucha inclinación a ser usado en asuntos teológicos y morales. Suponiendo que pueden encontrarse verdades muy difíciles de dudar.

El dogmatismo, por tanto, puede ser mejor comprendido mediante el escepticismo, su posición opuesta. Para el escéptico la verdad es imposible de conocer totalmente (lo que curiosamente es un dogma).

Dogmatismo como acusación

La connotación usual del dogmático es una acusación de creer en «principios y autoridad que se aceptan y/o defienden sin la menor crítica o autocrítica. Como si representaran ‘la verdad”, sin más argumento o justificación».

Lo que abre una posibilidad no prevista usualmente. La de qué sucede con creencias que se defienden como ciertas después de ser sujetas a críticas exhaustivas y exámenes sólidos.

La acusación de dogmático resultará inaplicable entonces, como en el caso de una proposición tan evidente en sí misma que puede ser aceptada de inmediato.

Como otras palabras, el término suele ser usado descuidadamente como una acusación lanzada contra quien piensa diferente por parte de quien tampoco ofrece razonamientos.

Es una forma de la falacia ad hominen que busca insultar al contrario ignorando las argumentaciones que él hace.

Dogmatismo, religión y política

Los dogmas tienen un caso especial en los terrenos religiosos, como en el caso del Catolicismo creer que Jesucristo es Dios al mismo tiempo que hombre. Y que son creencias tomadas como verdades no sujetas a discusión aunque sí han sido sujetas a examen.

El dogmatismo tiene otra aplicación particular en el caso de las posiciones políticas. Cuando algunas creencias son sujetas a un tratamiento de asuntos imposibles de ser cuestionados, algo muy propio de los sistemas totalitarios.

Conclusiones: dogmatismo y su significado

El dogmatismo, por tanto, admite dos interpretaciones que no deben ser confundidas.

Dogmatismo duro

Esta es la posición de la persona que toma como absolutamente cierta a una creencia suya y se niega a que ella sea cuestionada por otros e incluso por ella misma.

Es un rechazo total a la posibilidad de examinar esa creencia y se asocia con palabras como terquedad, tozudez y cerrazón.

Quien califica a esa posición de dogmática tiene fundamento porque existe un rechazo al examen de la creencia en cuestión ante la petición razonada y amable de cuestionarla.

Pero quien acusa a otro de ser dogmático al mismo tiempo que él se comporta sin amabilidad y tampoco ofreciendo razonamientos, puede ser también acusado de dogmático.

Dogmatismo razonado

Esta es la posición de la persona que toma como cierta a una creencia suya después de haberla razonado ella misma, al mismo tiempo que acepta que su creencia sea cuestionada por otros.

Este dogmatismo es una defensa, amable, lógica y razonada de una cierta opinión o idea. Esta defensa puede ser obviamente tenaz y porfiada, porque es claro que eso se espera de quien cree que tiene la razón y ofrece comprobarlo.

Quien califica a esta posición como dogmática comete un error porque en esta situación sí hay un ofrecimiento de examen de la creencia. En otras palabras, quien usa el calificativo de dogmático aplicado a otra persona debe cuidarse también de no convertirse en uno.


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Y unas cosas más para el lector curioso…

Debe verse:

Cercanía o lejanía de la verdad
La verdad importa

Conviene ver



[Actualización última: 2020-09]

Referencias extras:

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Notas extras sobre el dogmatismo: el riesgo de la verdad

En tiempos de engaño, decir la verdad es un acto revolucionario”, George Orwell.

El riesgo es real. Ser acusado de soberbia. De arrogancia extrema. No hay otra alternativa. Debe ser aceptado el riesgo. Riesgo que se presenta en cuanto alguien dice algo con certeza y el otro responde que eso es orgullo y dogmatismo.

Dogmatismo, opinión, relativismo

Comienzo con otra cita de George Orwell:

«Nos hemos hundido a tal profundidad en la que la repetición de lo obvio se vuelve el deber del hombre inteligente».

Sigo con otra, de J. Budziszewsky:

«Estamos entrando a una era extraña, en la que en algunos sentidos, los educados saben menos que los no educados».

No es sencillo describirlo. Se trata como una especie de miedo al conocimiento y la verdad, combinado con una adoración por la opinión.

Extraña mezcla que rechaza a quien reclama tener razón y demostrarlo, y pone en un nicho a quien tiene una opinión por la que solo pide respeto.

Las opiniones, leí en alguna parte, están devaluadas. Cualquiera tiene un número ilimitado de ellas, especialmente sobre los temas que menos conoce (que es donde más hay, pues si los conoce, entonces se trata de conocimiento).

Para ellas se pide respeto, en aras de la diversidad, la tolerancia y cualquier otro motivo políticamente correcto, como el non-judgmentalism.

Pero quien presume tener de conocimiento cierto, razonarlo y demostrarlo, por el contrario, suele ser acusado de fanático, fundamentalista, autoritario, dogmático.

Es ese riesgo que corre quien defiende una posición con razones, el de ser calificado de soberbio.

La verdad muere por olvido

En medio de esa mezcla extraña de rechazo del conocimiento y adoración de la diversidad de opiniones, hay una víctima cierta, la verdad.

No es un asesinato intencional de la verdad, es simplemente su olvido, incluso su rechazo. Quien sea que pretenda tener una verdad, la que sea, es colocado en un ostracismo que termina por matar.

Este es el problema real. Cuando uno se olvida de la verdad, la única posibilidad es inventar la realidad propia, distinta en cada persona e imposible de conciliar. El conflicto es inevitable.

Un conflicto sin posibilidad de arreglo que no sea el uso del poder para imponerse sobre el otro.

Estos son nuestros tiempos. Esos en los que la repetición de lo obvio resulta un deber, en los que la educación formal necesita corregirse. No son cosas complicadas las que se han olvidado.

Son principios razonables, como el decir que la razón abarca a las ciencias empíricas, pero va más allá de ellas. O como el creer que la libertad necesita la noción de responsabilidad, sin la que no puede subsistir.

O, más aún, la idea de que los seres humanos están destinados por su propia naturaleza a fines más elevados que el placer sexual. Una cosa que contrasta severamente con las opiniones sobre nuestro gran parecido con los primates.

La verdad

Hay algo en nuestros tiempos que se ha perdido. Quizá sea el apetito por la verdad, quizá sea la habilidad para razonar correctamente.

«Una mentira puede llegar al otro lado del mundo mientras la verdad está poniéndose los zapatos», escribió Mark Twain.

Es cierto, la mentira tiene la velocidad de la indisciplina, mientras que la verdad debe ser prudente.

«La verdad te hará libre, pero al principio te molestará», escribió Gloria Steinem. Y tal vez sea esta otra clave.

La verdad molesta y en estos tiempos se odia lo inconveniente, lo que fastidia. Resulta preferible vivir dentro de la comodidad ficticia de la tolerancia a toda opinión, que tomarse la molestia de buscar la verdad.

El tema importa porque define a la sociedad en la que vivimos, la civilización que anhelamos.

«Los hechos no dejan de existir porque ellos sean ignorados», dijo Aldous Huxley. La verdad, la realidad, seguirá existiendo sin que importe si tratamos de tenerla o no.

Reconocer a la verdad no es dogmatismo.

[La columna fue revisada en 2020-01