Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Bajo Los Salarios Mínimos
Eduardo García Gaspar
26 abril 2016
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Un asunto de ver las cosas desde otro ángulo. Un ejemplo.

Piense usted en una ley que establezca una prohibición de trabajo.

La prohibición de trabajar a menos que encuentre un empleo de 100 pesos diarios. O de 70, da lo mismo.

Según esta ley está vetado emplearse a menos de que se tenga ese ingreso determinado por los legisladores del país. Para ser universales, entonces, las empresas tendrían esa misma prohibición: no podrían fundarse a menos de tener como ingreso neto, digamos, el 5% sobre capital.

¿Ridículo? Por supuesto, pero eso es lo que significa la idea de salario mínimo. Significa una prohibición de trabajo, lo que es una locura en tiempos en los que los gobiernos prometen crear empleos.

Lo fascinante es eso precisamente. La idea de salarios mínimos tiene como justificación la ayuda a los trabajadores y, al mismo tiempo, esa misma idea representa una prohibición de trabajo. Es difícil comprender cómo es que prohibiendo trabajar puede ayudarse al trabajador.

Quizá alguien pueda decir que los salarios mínimos no prohiben trabajar, sino que solamente prohiben pagar menos de un cierto monto. ¿No es acaso lo mismo? Todos aquellos que estarían dispuestos a trabajar por menos o cuyo trabajo vale menos, simplemente no podrán trabajar.

Piense usted en esto. Personas que por causa de muy reducidas habilidades, por baja educación, por tiempo limitado, por carecer de experiencia, por no tener demanda su habilidad, estarían dispuestas a emplearse por cantidades más bajas y tener un ingreso. Ganar 40 pesos diarios es mejor que no ganar 70.

El razonamiento es bueno y pone en tela de juicio a la idea general del control de precios, del que el salario mínimo es una modalidad. Sería una opción más lógica el dejar que la gente decida por sí misma entre quedarse sin empleo o ganar algo, lo que sea.

La cosa no queda allí. Veamos lo que sigue. Algunos de quienes sufren esa prohibición de trabajo, quizá muchos, consiguen trabajo de otra manera. Por ejemplo, en la economía subterránea, incluso a veces en la delincuencia. Este es un efecto colateral de la prohibición de trabajo: otros «empleos» de calidad dudosa.

En el fondo de estas cosas se encuentra la misma historia de siempre. Motivadas por las mejores intenciones posibles se proponen y aprueban medidas que son justificadas únicamente por los objetivos que persiguen. Pocas veces o nunca se consideran sus efectos colaterales, como en este caso la creación de desempleo no intencional.

Muchos considerarán a lo anterior como una inmoralidad, como una terrible falta de sensibilidad y carencia de compasión. Sí, tienen razón, esa es la apariencia que da lo escrito antes. Y, sin embargo, ¿dónde hay mayor falta de sensibilidad y compasión?

¿En una medida legal que impide a la gente encontrar empleos o en una que deja en libertad a la gente para encontrarlos aunque no sean los mejores? Esta es la pregunta real. ¿Hay compasión en implantar medidas que dañan por falta de previsión?

El asunto del salario mínimo tiene críticas económicas sólidas, como el ocasionar desempleo y encarecer productos.

Aún así, se toman medidas, por ejemplo:

«La Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (Conasami) informó que partir del 1 de enero de 2016 el salario mínimo en México será de 73.04 pesos, lo que representa un aumentó de 4.2 por ciento… Con el incremento, el poder adquisitivo aumenta más de un punto porcentual por arriba de la inflación esperada… con este incremento la recuperación del poder adquisitivo del salario mínimo real alcanzó el 4.39 por ciento…»

¿Y los que no gozan de ese salario, qué pasa con ellos? Se les ha prohibido trabajar.

Los empresarios tienen prohibido crear empleos de otro nivel. Esto es precisamente lo inexplicable del asunto: recomendar e implantar durante años una medida que limita crear empleos.

Y la promesa de crear empleos se convierte en tema electoral; por ejemplo el presidente mexicano mientras candidato:

«México no aguanta más seguir en esta condición de bajo empleo y de empleos mal remunerados, necesitamos nuevos y más empleos bien pagados. Es un proyecto que vengo encabezando e impulsando para que México esté mejor».

Es así que se llega a situaciones preocupantes en las que se usan conceptos como la «idolatría del mercado», haciendo llamados a:

«la reforma urgente del sistema financiero y la creación de una autoridad pública mundial que tenga poder y competencia universal y se atenga “a los principios de subsidiariedad y de solidaridad”, una propuesta que sintoniza en gran medida con las de los “indignados” a nivel mundial».

No, a las «leyes del mercado» no se les adora, simplemente se les tiene en cuenta, considerando que es un acto miope creer que no existen. Igual que no cambian las leyes de la Física y no cambiarán a pesar de ponerles una autoridad mundial que pretenda modificarlas.

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