Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Amnesia de Obligaciones
Eduardo García Gaspar
4 enero 2017
Sección: DERECHOS, RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


El tema es de los prohibidos. De los considerados de mala educación. No debe hablarse de él.

La gente se irrita. Habla de otras cosas, pero no de eso, se nos dice. Si eso hacemos, perdemos algo de nuestra humanidad.

Fue afortunado que la persona hablase de religión y lo hiciera con claridad. Dijo, por ejemplo, que el cristianismo y en general las religiones monoteístas adormecen a la conciencia dando una tranquilidad artificial prometiendo el paraíso futuro a quien cumpla con sus mandamientos.

¿Adormecer? Pienso que es lo opuesto. El Cristianismo tiene un efecto contrario: hace mayores a las inquietudes, a las confusiones y a las dudas. Si alguien quiere una suave tranquilidad de conciencia, que se vuelva incrédula. Así no tendrá que pensar en rendir cuentas a nadie.

¿Adormecer? El Cristianismo, cuando se toma en serio, invierte los planos de la modernidad. Nuestros días son de adoración de los derechos, el Cristianismo significa más la aceptación de deberes. Es el no creyente quien vive plácidamente en su burbuja reclamante de derechos, mientras que el creyente padece tratando de satisfacer sus obligaciones.

¿Adormecer? Es exactamente lo contrario. El Cristianismo impone demandas al creyente colocándolo en una posición en la que se le exige más que a los no creyentes. El cristiano que quiere cumplir con los mandatos de su iglesia se impone sobre sí mismo una fuerte carga de deberes que no tiene el no creyente, quien no acepta esa carga de deberes.

Si alguien quiere tener una existencia cómoda, tranquila, sin angustias ni desasosiegos, más le conviene abandonar la religión, al menos al Cristianismo. Podrá inventar sus propias reglas, sus propias normas, cambiándolas cuando le plazca. Todo sin inquietudes ni turbaciones. Olvidará a las obligaciones, recordará solo derechos. Y, sobre todo, pedirá tolerancia para sus ideas.

Entendiendo que reclamar tolerancia equivale a una solicitud de un escudo que protege de discusiones y argumentaciones, que es lo que me sucedió con esa persona. Mi breve análisis, cuando se lo mencioné, fue rehusado. La conversación fue repudiada amparándose en su derecho a opinar (sin la obligación de razonar).

Lo sucedido tiene una estructura frecuente en las conversaciones de nuestros días.

Primero, alguien expresa una idea, como la de esa persona que dijo que las religiones adormecen las conciencias produciendo una existencia sosegada bajo la promesa de una vida futura perfecta.

Segundo, otra persona examina esa idea y la encuentra inexacta, por lo que expresa opiniones que la contradicen.

Tercero, la primera persona se niega a proseguir la discusión soliendo acudir a la palabra mágica de nuestros días, tolerancia. Ella tiene derecho a sus opiniones y exige que sean toleradas, es decir, solicita que no sean sujetas a examen ni análisis.

En ese momento, la conversación se suspende. Y todo se convierte en un duelo de fuerza e imposición cuando la primera persona acude a otra herramienta consentida de nuestros días: «no impongas tus opiniones en los demás».

Menciono lo anterior como una entrada a lo que creo que bien vale una segunda opinión. Algo que está en el fondo de lo que he narrado: la amnesia de las obligaciones y el recuerdo de los derechos. Piense usted en algo llamativo, la existencia de varias declaraciones de derechos y la inexistencia de declaraciones de obligaciones.

La cosa es peor aún, porque los derechos son una especie en expansión.

Usé el ejemplo de esa persona, hablando de religión, porque es realmente representativo de ese olvido de obligaciones. El Cristianismo, me parece, parte de la idea de la obligación de reconocer al Creador, de donde surgen obligaciones de respeto y obediencia,

Ese punto de partida es tóxico para la mentalidad que solo pone atención en los derechos. Pocas cosas tan repulsivas como la idea de una fuente que emite obligaciones para quien solo piensa en reclamos y demandas.

No es sorpresa alguna que el espíritu de estos tiempos se inquiete ante la idea de las obligaciones, una noción ajena a esa mentalidad. Esto es muy notorio en las campañas electorales, donde los candidatos hablan de derechos de los ciudadanos, sin mencionar obligaciones.

En fin, todo lo que he querido hacer es llamar la atención sobre eso, sobre el desuso en el que ha caído la idea de tener obligaciones.

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