Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Entendiendo al totalitarismo
Eduardo García Gaspar
8 noviembre 2017
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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«¡Comandante en Jefe, ordene!» juventudrebelde.cu 

Son formas de gobierno, maneras de gobernar. Tiene usted, por ejemplo, una clasificación simple de tipos de gobiernos. Ella tiene sentido.

Si es uno el que gobierna y persigue el bien general, eso se llama monarquía. Pero si el que gobierna busca solo su beneficio, eso se llama tiranía.

Si es un gobierno de varios y persigue el bien general, eso se llama aristocracia. Pero si los que gobiernan buscan su beneficio solo, eso se llama oligarquía.

Si es es un gobierno de todos y persigue el bien general, eso se llama república. Pero si los que gobiernan buscan solo su beneficio, eso se llama demagogia.

La clasificación de tipos de gobiernos de Aristóteles, puesta de manera simplificada, resulta un buen primer paso para la comprensión de un fenómeno político reciente, el totalitarismo.

Lo primero que debe sorprender es que todos esos sistemas pueden ser realmente buenos, cuando los gobernantes ejercen su labor con miras al bien general de la gente. Los problemas vienen con gobernantes que gobiernan para su provecho, en perjuicio de los gobernados.

Dicho de otra manera, quien sea que crea que la democracia será el remedio a todo mal político, está absolutamente equivocado. Los males políticos tienen su origen último en la calidad de los gobernantes. Aunque, claramente, hay sistemas, como la república democrática, que tienen la ventaja de proveer procedimientos útiles para frenar los abusos de poder.

Pero lo que llama la atención es esa dualidad que supone dos extremos: (1) gobernar para provecho propio sobre el ajeno y (2) gobernar para el provecho general de los gobernados. Aunque puede haber situaciones intermedias, la pregunta que debe hacerse es, si esas son las únicas dos posibles alternativas del gobernante.

Lo que creo que bien merece una segunda opinión es el explorar el significado de «beneficio para el gobernante». La primera y obvia respuesta es la que pone su atención en riqueza material. El fenómeno de la corrupción gubernamental. El beneficio del gobernante expresado en dinero y medido como percepción.

Pero hay otra posibilidad aún peor que la del gobernante que usa su posición para obtener beneficios monetarios. Es la del gobernante que busca su satisfacción y beneficio no en grandes fortunas, sino en otra cosa muy diferente. El dinero no le interesa, pero ambiciona el poder para otros fines.

Lo que él quiere es imponer su idea de sociedad, la utopía en la que él cree. Y hacerlo por medio del poder. Esta posibilidad produce un nuevo tipo de gobierno, distinto a los anteriores. Lo conocemos como totalitarismo y no debe ser confundido con regímenes autoritarios, déspotas ni tiránicos, los que no son más que regímenes que abusan del poder hasta tal punto que el gobernante es capaz de lograr una fortuna considerable.

El caso de los 10 mil millones de F. Marcos y similares no es a lo que me refiero. Es a otra cosa, el totalitarismo.

Un régimen totalitario deja atrás a todo dictador, tirano, autócrata y opresor. El régimen totalitario es el poder absoluto sobre la vida de las personas. Los déspotas dejan algunos márgenes de acción a la gente, lo suficiente como para mantenerse en el poder sin gran descontento civil.

El totalitarismo es un régimen en el que no hay esos márgenes de acción propia. Bajo este régimen la vida entera de todos es de incumbencia estatal, como requisito indispensable para la imposición de la utopía del gobernante, la que suele tener un origen teórico, una ideología que da respuestas absolutas y solo necesita ser llevada a la práctica sin misericordia.

La corrupción no necesita una base teórica, simplemente mano dura y fuerza con pocos límites. El totalitarismo necesita una teoría detrás y el dominio absoluto para imponerla. Es un ambición utópica de una sociedad perfecta, definida de acuerdo a una ideología sostenida por el gobernante (y sus allegados), en la que ha colocado un optimismo que no admite discusión.

El proceso de implantación no reconoce límites y su instrumento central es el terrorismo de estado: toda oposición real o imaginada es inadmisible y debe desaparecer. Incluso, cuando ella desaparece, el terror se mantiene y sirve de control sobre cada persona, la que debe estar convencida realmente acerca de la bondad del sistema.

La utopía es de tal fuerza que ella suplanta a la realidad, la que deja de existir y es sustituida por la ficción estatal que corrobora y reafirma a la utopía personalizada en el líder que es merecedor de culto universal. Es el caso de Pol Pot.

El totalitarismo es una forma de gobierno distinta, que no cabe dentro de la clasificación clásica. Y, en dosis menores, está presente en la oferta política de todo aquel que ofrece un gobierno que creará una sociedad perfecta.

Post Scriptum

Para esta columna me apoyé en la obra de Hannah Arendt, The Origins of Totalitarianism.

Encontré una clara explicación:

«El totalitarismo se diferencia del autoritarismo en el grado de intensidad en que se manifiestan algunos de sus elementos comunes:

• Concentración de poder en una sola persona o grupo muy reducido, usualmente un partido político o movimiento, que puede incluso conducir al culto a la personalidad del líder.

• Justificación de la actuación política mediante una doctrina global que se manifiesta en todas las esferas de la actuación humana: economía, cultura, familia, religión.

• Empleo sistemático del terror, por medio de una policía secreta para eliminar a la disidencia u oposición.

• Uso de los campos de concentración para aislar a la oposición y enemigos del régimen.

•Mientras el autoritarismo busca acallar a los disidentes y evitar sus expresiones en público, el totalitarismo en cambio busca no solo acallar sino también extirpar las formas de pensamiento opuestas, mediante el adoctrinamiento y la remodelación de las mentalidades culturales.

El elemento esencial que comparten los regímenes totalitarios es la voluntad de convertir la política estatal en un mecanismo para controlar todas las esferas de la actividad humana y ocupar todo el espacio social». es.wikipedia.org

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